Desde su estudio en Pekín, donde vive bajo arresto domiciliario, Ai Weiwei (Beijing, 1957) sonríe. Vía webcam dirige uno de sus proyectos artísticos más ambiciosos: convertir la icónica cárcel-isla de Alcatraz, cerrada desde 1963, para presentar la exposición @Large (at large es una expresión que se podría traducir como “prófugo”), donde la libertad es el único habitante de esa fortaleza carcelaria rodeada de tiburones y símbolo de la prisión ruda y sin beneficios.  

“Ai Weiwei pensó que Alcatraz era un lugar muy adecuado para exponer su trabajo porque no se trata solo de una historia de detenciones, es también una historia de protesta”, explica la comisaria del proyecto, Cheryl Haines.

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La leyenda de Alcatraz, clásica del cine habla de un lugar con condiciones apenas soportables, del que nadie podía huir y donde los presos solo tenían derecho a ropa, comida y medicina. Y Weiwei toma parte de esa historia para conectarla con la suya. Sin derecho a pasaporte por decisión del gobierno chino por sus ideas contrarias al régimen comunista, el artista inicia el viaje por uno de los lugares más visitados por turistas en Estados Unidos, con la lavandería de la cárcel llena de frases de otros disidentes célebres como Julian Assange o Edward Snowden.

Otra parte de Alcatraz fue transformada en un mosaico con los rostros coloridos de Nelson Mandela o Martin Luther King, figuras de la lucha por los derechos civiles. En otro rincón, la enfermería y sus aparatos explotan con las flores de porcelana que el chino dispuso allí.

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En el comedor de la prisión, Weiwei dejó postales listas para que los visitantes enviaran mensajes a presos políticos de todo el mundo, con el despacho postal prepagado. “Queremos aparecer en las redes, molestar a los que no creen en la libertad. Pedimos que se tuitee y comparta. Creo que es un gran salto para Weiwei abordar asuntos como la libertad de expresión y las violaciones de los derechos humanos no sólo en China, sino en todo el mundo”, sostiene la comisaria Haines, que espera que miles de entusiastas viajen a ver la muestra, que estará abierta hasta el 26 de abril del próximo año. Una invitación que cuesta algo más de 30 dólares (traslado a la isla incluido) y que contempla recorrer los más de cinco kilómetros del ex penal, esta vez intervenido por la mirada de Weiwei. 

El artista diseñó siete pabellones donde recreó el aislamiento de los sin libertad, como por ejemplo los 176 retratos de activistas y prisioneros políticos construidos con 1,2 millón de piezas de Lego, además de 12 celdas con altavoces reproduciendo música de artistas que han sido detenidos por defender la libertad de expresión, como Fela Kuti de Nigeria o Pussy Riot, las músicas encarceladas por Vladimir Putin en Rusia, o el poeta chino Liao Yiwu recitando.

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Un ejemplo anónimo que Ai quiere dejar como huella imborrable en la memoria de los visitantes es uno de los cientos de personas “olvidadas por la sociedad”, como dice. Un ejemplo es Shin Suk-ja, una prisionera de Corea del Sur enviada a trabajos forzados en Corea del Norte con sus dos hijas en 1987, luego de que su esposo desertó a Europa. Según los colaboradores de Weiwei, Shin y sus hijas murieron, sin más que decir, durante su cautiverio.

“Los turistas han oído hablar de una determinada época de la penitenciaría federal, por ejemplo cuando internaron a Al Capone. Ai Weiwei nos descubre más en profundidad lo que significa el encarcelamiento, la detención, lo que son los derechos humanos y lo que es ser preso político”, explicó Greg Moore, presidente y director general de Golden Gate National Parks Conservancy, encargado de la mantención de Alcatraz.

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Para Ai Weiwei @large es más que una exposición. Detenido y preso varias veces por acusar al gobierno chino como responsable de la muerte de miles de escolares en sus salas de clase durante el terremoto de 2008 en Sichuan. Encarcelado, liberado y con su pasaporte retenido por años, Ai sigue dando su lucha a la distancia. “La equivocación de los totalitarismos es que la libertad puede ser encarcelada, pero no es así. Cuando es restringida toma el vuelo y aterriza en una ventana”, sostiene Weiwei. “La roca”, la misma de la que querían escapar Clint Eastwood o Sean Connery y en donde pasó sus días Al Capone, en las manos de Weiwei toman otro vuelo: “Lo único de lo que no puede escaparse un hombre es de la lucha por la libertad”.