Este antiguo barrio debe estar en su mejor momento. Tanto que el New York Times ya le ha dedicado dos menciones en lo que va de este año. Primero, en enero, cuando lo incluyó en su sección 36 hours, en un recorrido por distintos puntos de la capital mencionándolo como uno de los spots destacados. Luego, el pasado 2 de junio, el periodista Nicholas Gill publicó una crónica donde comenzó nada menos que con un mea culpa: “En mis anuales visitas a Santiago nunca fui a Lastarria. Este barrio triangular, parcialmente cerrado al tráfico por el cerro Santa Lucía al oeste y el Parque Forestal al norte, estaba totalmente fuera de mi radar; pero con una media docena de hoteles que han abierto en los últimos dos años, por no hablar de docenas de nuevas tiendas y restoranes, se ha convertido en el lugar donde todo el mundo quiere estar”, dijo, destacando los sectores que han hecho de este perímetro uno de los lugares más cool de nuestra capital.

Debe ser por la onda de este oasis urbano que el Plano Regulador de Santiago describe como Barrio Santa Lucía-Mulato Gil de Castro-Parque Forestal, y cuyo desarrollo urbano se remonta a mediados del siglo XIX, lo que ha hecho de este sector un lugar memorable. Un polo que a fines del siglo XIX atrajo a intelectuales, artistas y políticos, como Victoria Subercaseaux, casada con el que fuera intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna; el presidente Pedro Aguirre Cerda y el escritor y pensador liberal a quien el barrio debe su nombre, José Victorino Lastarria. Con el tiempo se fueron sumando nuevas figuras que dejaron su sello, como el arquitecto Luciano Kulczewski, quien plasmó su obra en varias edificaciones que hoy identifican al barrio, entre ellos la misma casa donde vivió junto a su familia y que también utilizó como taller (Estados Unidos 210), hoy declarada Inmueble de Conservación Histórica.

Eso junto con la realización de uno de los primeros edificios de departamentos de Santiago que contó con ascensor y que hoy alberga al hotel Luciano K (Merced 84), entre otras reconocidas obras.

Declarado Zona Típica en 1997 por la cantidad de monumentos históricos que alberga, como el cerro Santa Lucía, el Parque Forestal, el Palacio Nacional de Bellas Artes, el Palacio Bruna (Merced 230) y la parroquia de la Vera Cruz (José Victorino Lastarria 124) levantada en 1857, de las más antiguas de la capital y declarada monumento histórico.

Uno de los aciertos que potenciaron a este barrio es el paseo peatonal en calle Lastarria, desde Rosal hasta Merced, con la instalación de puestos de anticuarios, vendedores de libros usados y de objetos de arte que abren de jueves a domingo.

Eso sumado a un interesante panorama cultural, con el Teatro Ictus, pionero en el barrio; el cine El Biógrafo, uno de los pocos lugares donde es posible ver películas de cine arte; el Museo de Artes Visuales (José Victorino Lastarria 307) en la plaza Mulato Gil; y el Centro Gabriela Mistral, GAM (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227), que difunde creaciones artísticas en teatro, danza, música clásica y popular, artes visuales y arte popular; así como la galería Plop, especializada en ilustraciones y libros infantiles.

Eso además de una amplia oferta de boutiques, tiendas de antigüedades y decoración. Uno de los lugares imperdibles es Las siete vidas del mueble (Merced 346), que hace siete años abrió sus puertas en el segundo piso de un antiguo edificio frente al Ictus. Los socios, Jaime Navarrete y Jorge Arón, apostaron a que el barrio continuaría desarrollándose como uno de los más importantes de Santiago. No nos queremos mover; muchos clientes son de este sector o vienen de otros lugares a vernos porque los accesos son excelentes y hay estacionamientos”, cuenta Navarrete.

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Así, era cuestión de tiempo para que hoteles y restoranes se instalaran entre sus calles y que se sumaron a la oferta ya existente, como el histórico bistrot Les Assassins (Merced 279) o el Squadritto (Rosal 332), cada uno con 20 y 10 años de existencia, respectivamente. Eso mientras han ido abriendo sus puertas una serie de lugares que hoy se reconocen por su estilo y propuesta gastronómica. El propio New York Times mencionó al Bocanariz y al ChiPe Libre (ubicados en José Victorino Lastarria 276 y 282, uno junto al otro), ambos de los socios Catherine Hidalgo, Valérie y Jérôme Reynes, pero con enfoques muy distintos.

Mientras el primero se orienta a los vinos con una amplia cava y una de las mejores cocinas de Santiago, su vecino tiene como línea temática la defensa del pisco chileno y peruano, de ahí el nombre ChiPe. Ambos se instalan en una antigua propiedad de la familia Flaño, donde los actuales dueños tuvieron el cuidado de mantener su nobleza y estructura, como los tablones y baldosas del piso, y dejando las vigas a la vista. La decoración la hicieron los mismos socios.

Otro lugar que ha aportado identidad al barrio es el Paseo Lastarria. Aquí destaca por su diseño el restorán Quitral y donde el aire rústico del sur de Chile se realza con toques modernos. O Casa Lastarria, remodelado hace solo seis meses por sus dueños, el arquitecto Sebastián Fabri y Matthew Lamoliatte. Su comida está enfocada a los platos chilenos y mediterráneos y su chef, Eduardo Cornejo, se instruyó en Francia para desarrollar la carta.
El restorán Castillo Forestal, frente al Museo de Bellas Artes, también ha aportado con su impronta inconfundible a la identidad del barrio y una carta inspirada en la comida francesa.

DESEMBARCO DE ESTRELLAS

Pero ha sido el desembarco de prestigiosas firmas hoteleras lo que consolidó definitivamente a Lastarria como uno de los barrios más interesantes de la capital.

El primero en abrir sus puertas fue Lastarria Hotel Boutique (Coronel Santiago Bueras 188), en 2011. La casa, construida en 1927 y con 850 metros cuadrados, es un clásico ejemplo de la arquitectura europea de principios del siglo XX, de líneas sobrias y clásicas.

El interiorismo estuvo a cargo de la firma Condiseño, que trabajó desde un comienzo con los dueños, los ingenieros Rodrigo Giadalah y los hermanos Benjamín y Charles Naylor, y que les permitió conocer de cerca el proyecto de arquitectura. La idea, según la diseñadora Carola Selman, era rescatar el estilo de la casa y agregar algunos matices más modernos para lograr un ambiente acogedor. En algunos sectores se conservó el piso de roble, la escalera de mármol, las molduras y los marcos antiguos de las ventanas a los que se le insertaron termopaneles. La fachada se mantuvo y sólo se pintó de un color aprobado por el Consejo de Monumentos, dado que está regulado como un sector de Zona Típica.

El hotel cuenta con 14 habitaciones, cuatro construidas en una ampliación en un tercer nivel y dos cuentan con terraza y vistas hacia el Parque Forestal y el Palacio Bruna.

Saliendo hacia calle Merced, en la primera cuadra se encuentra el hotel Luciano K (Merced 84), un potente rescate patrimonial también de propiedad de Rodrigo Giadalah y socios. El lugar es una invitación a una época glamorosa donde resalta su imponente escalera art déco de mármol de Carrara y una terraza de 300 metros cuadrados con espectacular vista al Parque Forestal y la Alameda, con un piso de coloridos baldosines, descubiertos al restaurar el techo del viejo edificio “de las gárgolas”, como se conoce a esta obra del icónico arquitecto, Luciano Kulczewski. A ello sumaron zonas de piso transparente desde las que cuelgan gigantescas lámparas de tela que llegan hasta la planta baja y que fueron diseñadas por la oficina de arquitectos Max A – Arquitectura + Arquitectura del Paisaje. El interiorismo estuvo a cargo del Estudio Paula Gutiérrez. Esta destacada arquitecta y decoradora estuvo tras el tratamiento de todas las habitaciones, el layout de algunos baños, como los muebles en Carrara blanco con metal negro en vanitorios; eso más la totalidad del mobiliario del hotel, inspirado en la época de la Secesión vienesa del 1900, para lo cual incluso trajeron láminas del Neue Museum de Nueva York, como piezas de Klimt y Schiele. Con todo, el concepto fue rescatar la época del edificio original con sus detalles particulares y llevarlo a un lenguaje actual, como ocurre con el diseño de los bares y las baldosas del restaurante y del primer piso, donde prima un estilo más moderno y de gran estilo. En suma, un resultado armónico donde se unen lenguajes y culturas.

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Siguiendo por Merced hacia el poniente está The Singular Santiago (Merced 294), recientemente incorporado a The Leading Hotels of the World, organización que reúne una colección de 400 hoteles de lujo en 75 países del mundo. El diseñador Enrique Concha seleccionó personalmente el mobiliario para rendir tributo a los palacios de inicios del siglo pasado. El primero de los hoteles cinco estrellas del barrio integra aspectos de la arquitectura francesa neoclásica, estilo característico de inicios del siglo XX, lo que permite admirarlo como parte del paisaje, aportando elegancia al valor patrimonial del sector.

Continuando la ruta hacia Lastarria, en plena esquina se encuentra el antiguo edificio del Instituto Chileno Francés de Cultura, donde hoy se trabaja a toda máquina para terminar con las obras que darán vida al nuevo restorán Liguria y cuyo interiorismo está en manos del Bazar de la Fortuna.

Continuando por el paseo peatonal de los anticuarios destaca la fachada del hotel Cumbres (José Victorino Lastarria 299). El interior estuvo a cargo del reconocido decorador Enrique Concha y de Andrés Martínez, de Árbol Color, quienes buscaron reflejar la historia de Santiago a través de una cuidada selección de muebles y elementos decorativos. Entre los detalles más celebrados están las fotografías a diez obras de pintores chilenos de la colección del Museo de Bellas Artes (Pedro Lira, Alberto Valenzuela Llanos y Enrique Lynch, entre otros) y que constituyen los respaldos de las camas de cada habitación.

El hotel Altiplánico (Santo Domingo 526), de la cadena del mismo nombre, propiedad de la familia D’Etigny, está en una antigua casona patrimonial de 1913 donde se ha conservado la fachada y se recuperaron los espacios originales interiores. Conocida como la ex Casa Naranja, hoy destaca en un tono neutro tras la operación de rescate emprendida por la oficina Ruiz Tagle–Vicuña Arquitectos, que se abocó a la tarea de descubrir la esencia de la casona para mantener el espíritu de la construcción.

Continuando hacia el centro, en calle Huérfanos 539, se encuentra el hotel Magnolia, un edificio neogótico construido en 1929 por la familia Zegers. Cuenta con 42 habitaciones, biblioteca, restorán y bar, además de una terraza en el séptimo piso con vista al cerro Santa Lucía. Luego de años de destinarse a oficinas, los nuevos propietarios encargaron su recuperación y reconversión a la arquitecta Cazú Zegers, descendiente de los primeros dueños.

El edificio de tres pisos conserva su fachada original, la escalera de mármol, las macizas puertas, las ventanas con vitrales, el piso original de madera, que fue reutilizado para cubrir las paredes en las zonas comunes, y la antigua chimenea del primer piso. A la estructura se sumaron cuatro pisos adicionales. Se aportó modernidad a las habitaciones, con mobiliario minimalista y detalles geométricos, como también a la decoración del restorán, con una atractiva iluminación vanguardista y vigas de acero a la vista que contrastan con el estilo señorial del acceso principal.