Dicen que el agradecimiento es la memoria del corazón. Y hay que recorrer más de cuarenta años de trayectoria para saber qué guarda el del actual presidente de la Asociación de Decoradores de Chile, Luis Fernando Moro, hombre ícono de la decoración y de los vaivenes de las tendencias en nuestro país. Es una historia larga, que incluye períodos en la Escuela Militar, el Instituto Nacional, años de hippie en Estados Unidos y recuerdos de “goma tapicero” en el centro de Santiago. 



A días de participar en una nueva versión de CASACOR, Luis Fernando nos abrió su casa. Nos tomamos un café sin preguntarle de lo que más sabe, decoración, sino que con una clara invitación: le pedimos que escogiera momentos de su vida que lo representaran, que buscara fotos, lugares, personas y trabajos marcados a fuego en su historia. Que nos hablara de la memoria que se construye con imágenes y nos ayudara a descubrir qué lo conmueve, sin importar el año o la época.

Escogió cinco: un amanecer en Panguipulli, su rol como diseñador de vestuario de la ópera Aída en el Teatro Municipal, su casa en Santiago, la discoteca Gente en el Omnium y la famosa Oficina de Cartón que diseñó para CASACOR 2012. Cinco momentos que han perfilado su modo de ver y hacer su mundo.

Moro compartió con nosotros su aguda mirada y la certeza, además, de que no existen recetas para la inspiración. “Todos tenemos un archivo de imágenes de ideas con las cuales vas construyendo el mundo. Es un diálogo honesto y suelto que debiéramos construir nosotros en el tiempo”. Este es el suyo.

Wp-450-morocasaCASA MORO (2002)
“Esta imagen me gusta porque también habla mucho de mí y de un período de mi vida. Uno siempre hace cosas para los demás; para los clientes, para la pareja, en fin, pero en este caso, este lugar lo hice sólo para mí. Todo blanco, muros, piso, tapices. Muchos piensan que por ser un tipo que se dedica a diseñar, me gusta ocupar muchas cosas, pero no. Me gusta lo simple. Esta foto y su simpleza responde a un momento de mi historia y a la necesidad de sentirme tranquilo. Habla de rincones y de los lugares en que me gusta estar.”

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1. DISCOTECA GENTE (1972)
“Aquí tengo 30 años y fue un momento relevante para mí. Me tocó decorar una de las discotecas más importantes de Santiago. Recuerdo que estaban todos esperando su inauguración y a mí me tocó vivirlo desde adentro. ¡Si hasta le puse el nombre y diseñé el logo! Todo era novedoso y se hizo en grande; el neón y las pantallas gigantes eran las estrellas. Este trabajo tuvo mucho que ver con lo que era y soy: una mezcla de cosas divertidas, sueltas y honestas, como las columnas de neón, combinadas con cúpulas de edificios clásicos y humo. Es una historia, mi historia”.

2. OFICINA DE CARTÓN (CASACOR 2012)
“Este espacio fue producto de algo que nunca imaginé. Al principio tenía pensado otro proyecto, pero el tiempo no me alcanzaba y tuve que recurrir a algo rápido, lo hice en 25 días. Había que mostrar ideas ligadas a la sustentabilidad y mi especialidad es el diseño de oficinas. Así que uní todo y el resultado fue esto, un espacio que habla de cómo con humor, soltura y honestidad se pueden hacer cosas entretenidas y novedosas. Me encantó este proyecto, pero lo que más me gustó fue ver cómo una idea inicial cambia por completo y el resultado supera el concepto original. De eso se trata un poco la vida”.

3. OPERA AÍDA (1984)
“Esta imagen representa el desafío y las ganas de aprender y aportar. Meterse en algo distinto y que no tiene nada que ver con lo que sabes hacer. Y es que me pidieron que me hiciera cargo del diseño del vestuario de la ópera Aída, sin ninguna experiencia previa en el tema. Me pasé seis meses ideando la ropa para la obra y gozando de la sastrería. Tuve que trabajar e investigar mucho, viajar y darle mil vueltas al lápiz. Nada se hizo al azar. Me gusta esta foto, porque habla de lo mucho que me entusiasman los retos. Me encantó haberlo hecho, me llenó el alma”.

4. AMANECER EN PANGUIPULLI (2000)
“Esta fue una mañana de invierno que nunca se me va a olvidar. Abrí la ventana y me encontré con este espectáculo que no podía dejar de fotografiar. Estaba todo el pasto blanco como si fuera nieve, fue un despertar mágico, un privilegio único. Me hablaba solo y de todo. Es que de eso se trata la vida, de captar esos momentos. Sería bueno enseñarles a las personas a mirar, a descubrir otras cosas, a gozar con la naturaleza, con la vida misma. Es como una oportunidad de ver el mundo de una forma diferente. Esta foto tiene esa gracia”.