Sólo el pasado es presente en Praga. En esta ciudad, capital de República Checa, el ahora no importa y el futuro no quita el sueño porque lo único que de verdad pesa es el ayer, ése que se encuentra en cada esquina de Malá Srtana, en el bellísimo Castillo de Praga, en la plaza Wenceslao, en la catedral San Vito o la iglesia Nuestra Señora de Tyn, o simplemente observando el reloj astronómico, el más antiguo de Europa. Un pasado que pareciera estar ahí como parte de la materia, desde siempre en esta ciudad, tantas veces arrasada, invadida, pero que se levanta una y otra vez, llena de magia, de música, leyendas y, más que nada, de historia.

Por sus calles adoquinadas y edificios centenarios todavía se conserva el espíritu de los habitantes de la antigua Bohemia, cuando la ciudad fue fundada a orillas del río Moldava. Fue invadida por los imperios más crueles y soportó las guerras de religión más devastadoras: las tribus germánicas, el imperio de la Gran Moravia, los caballeros de Carlomagno, el Sacro Imperio Romano Germánico; los ejércitos católicos y luego, los protestantes; la guerra de los 15 años y, también, la de los 30 años; sobrevivió al Imperio Austro-Húngaro, a Hitler, las tropas nazis y los tanques de la Unión Soviética. Una ciudad en cuyo ADN está la posibilidad de ser devastada y que hoy es testigo de una nueva aunque no menos expansiva ocupación: la de los turistas, que cada año llegan por miles, transformando a este lugar en uno de los más visitados de Europa, sólo un poco después de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

Los fantasmas parecen revivir entre sus calles, especialmente cuando la oscuridad se cierne sobre la capital y surge la urbe con todas sus sombras, al punto que es posible creer ver el perfil de un vendedor de seguros con traje negro llamado Franz Kafka; al rey Rodolfo II, obsesionado con la magia negra, los alquimistas y los magos; a Mozart, quien en una de sus visitas se asomó al río Moldava y exclamó: “¡Me gusta esta ciudad, tiene ritmo!”.

Espejismos de otros tiempos, donde toparse con el Golem, lejos la criatura más enigmática y que habita en el Barrio Judío, puede ser posible.
El presente, eso sí, también tiene sus atractivos para el millón doscientos mil praguenses y sus invitados. De noche es una ciudad frenética, llena de vida, con  encendidas discotheques, clubes de jazz y bares donde se toma  Pilsen —el famoso brebaje que fue inventado en el poblado homónimo—, o en alguna barra con cerveza libre, atendidos por camareros de eternas malas pulgas y la mirada de sospecha que clavan sobre sus visitantes. Como si temieran una nueva invasión…

Cuidado con el Golem:

En Praga algunas leyendas se toman bastante en serio y ésta es una: En medio del ghetto judío un anciano rabino creó una criatura sin alma, sin cerebro, para proteger al pueblo de sus enemigos.
Escondida en la azotea de la Staronova sinagoga (la más antigua de Bohemia, la segunda más vieja de Europa central), cuentan que la criatura de barro y arcilla —que permanecía inactiva cientos de años— revivió para la II Guerra Mundial, en 1942. Dos soldados alemanes fueron a inspeccionar la azotea donde yacían los restos del Golem. Se les vio subir pero nunca volver… Alarmado, el delegado de Hitler en Bohemia decidió sellar el lugar. Se dice que el Golem despierta cada 33 años.
Un mito rentable: hay que pagar para  visitar la Sinagoga. La habitación sellada es la atracción principal. Nunca se abrirá porque supone un gran negocio.

Restoranes y más:

Franz Kafka Café: Un strudel con un latte es posible en este lugar, uno de los favoritos del célebre creador de La Metamorfosis. Pida la mesa junto a la ventana donde el autor escribió algunas de sus célebres novelas. Siroka 12.
The U Zlaté Studne: Este hotel es sólo para algunos bolsillos. Se encuentra en las proximidades del Castillo de Praga y sus veinte habitaciones miran sobre esta magnífica ciudad. U Zlate Studne 166.
Appia Residences: Situado en una de las mejores zonas, es silencioso, tranquilo y romántico. Está cerca del castillo y del puente Charles. Lo mejor: sus módicos precios. Sporkova 3.
Lokál: Aquí hay platos checos de calidad, a precios muy razonables. Imperdible el queso frito, uno de los más populares del país. Un dato: aquí la Pilsen es libre. Dlouhá 33, Praga 1- Ciudad Vieja.
CzecHouse Grill: El restorán insignia de Hilton en Praga tiene especialidades de la zona y también  gastronomía contemporánea europea. El chef Roman Paulus se concentra en modernas versiones de los clásicos, pero con un giro novedoso. Lo más solicitado es el Bistec tártaro con caviar. Pobřežní 1, Karlín.
U Parliamentu:  Almorzar aquí un goulash es casi una obligación. Valentinská 8.

Paisaje y arquitectura

Castillo de Praga: Construido en el Siglo IX, es la edificación gótica más impresionante del mundo. Se mantiene en pie a pesar de haber sido arrasada, sufrido incendios y ocupaciones. Pero sigue ahí, como uno de los más lujosos y emblemáticos vestigios del gran pasado histórico, cultural y social de la capital de la República Checa.
Al oeste del río Moldava.

Puente de Carlos: Es el segundo más viejo de Praga. Se construyó en 1357 y fue finalizado a principios del siglo XV. Cruza el río Moldava, desde la Ciudad Vieja hasta la Ciudad Pequeña. También fue una conexión importante para el comercio entre Europa Oriental y Occidental.
Aquí fue arrojado al agua San Juan Nepomuceno. Al poner la mano izquierda en la base de la estatua, los deseos son concedidos.

Isla Kamp

Fue declarada la segunda isla urbana más bella de Europa. Desde sus orillas se pueden ver los monumentos más impresionantes: a un lado, el Castillo de Praga, la Catedral de San Vito y el Puente de Carlos; del otro, el Teatro Nacional.
Originalmente una islita de arena, con huertos, viñedos y molinos, su fisonomía empezó a cambiar en 1541, cuando se transformó en depósito de los escombros tras el incendio de Malá Strana (distrito antiguo) y Hradčany.
Su estilo romántico convirtió a Kampa en un imán para artistas y personalidades checas, como el famoso dramaturgo y actor Jan Werich, quien instaló aquí su residencia; el compositor Bohuslav Martinů, el artista plástico Jiří Trnka, el poeta Vladimír Holan o el filólogo Josef Dobrovský. Hoy se encuentra el museo del arte moderno de Kampa.

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