En muchas partes del mundo la conversación sobre cómo queremos que sean nuestras ciudades está orientándose a lograr urbes con mayor sentido de equidad, más creativas e integradas, con el foco puesto en conseguir más bienestar para sus ciudadanos. Democratizar la cultura apunta a estos tres valores de forma simultánea, razón de sobra para que gobiernos de todo el orbe hayan tomado con tanto entusiasmo esta causa.

El ocio y el juego —dos actividades tantas veces subvaloradas— están empezando a retomar el estatus que se merecen, ya que se entiende que son muy importantes para el desarrollo de las sociedades y, que por lo tanto, los espacios que entregan las ciudades para realizarlas también lo son.

Pasar un día cualquiera por el exterior del GAM y encontrarse con cientos de personas bailando en su plaza central es un espectáculo que, además de gratuito, es muy emocionante. Y lo mejor es que además ocurre con frecuencia. El GAM, en forma simultánea, ofrece intervenciones, muestras de arte, obras de teatro, danza, conferencias… Logrando que en este noble edificio, se reúnan en un mismo lugar los heterogéneos habitantes de una ciudad con altos índices de segregación social y espacial.

El GAM representa también uno de los mayores símbolos de la historia reciente de nuestro país. En este lugar se erigió, en 1972, la UNTACD III, para ser sede de la tercera conferencia mundial de comercio y desarrollo de las Naciones Unidas. Terminado este encuentro, el gobierno de Salvador Allende lo entregó al ministerio de Educación bajo el nombre de Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral. Durante el régimen militar, le cambiaron el nombre a ‘edificio Diego Portales‘ y, totalmente cerrado al público, se utilizó para fines operativos de la junta militar.

El 5 de marzo de 2006, un feroz incendió arrasó con gran parte de su estructura. La presidenta Bachelet llamó entonces a una licitación que se adjudicó Cristián Fernández Arquitectos + Lateral arquitectura & diseño, quienes diseñaron el actual GAM bajo los parámetros de un nuevo signo de los tiempos: ser un edificio abierto a la ciudad y a su gente, integrando cuidados detalles que nos hacen recordar toda su historia.

Ojalá tuviéramos un GAM en cada ciudad de Chile. Un lugar que mediante la cultura, el ocio y el juego, nos permita a todos, por igual, disfrutar y sentirnos parte de algo que nos pertenece. Un lugar que nos hace sentirnos cada día más orgullosos de la ciudad que habitamos.

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