Como verdadera estrella pop que evita ser abordado por los fans, Ryue Nishizawa (51) camina rápido por el campus Lo Contador. Un bajo perfil, pero es inevitable que el japonés monopolice las miradas de los estudiantes de la UC que ven de cerca a este referente de la arquitectura mundial.

Fundador del famoso estudio SANAA con su socia Kazuyo Sejima, cuentan entre sus innumerables logros el Premio Pritzker 2010 por sus estimulantes obras. Allí está su trabajo para el New Museum de Nueva York, el Louvre-Lens (museo de la localidad de Lens, al norte de Francia) y el centro Grace Farms de Connecticut, entre otras luminosas y translúcidas propuestas.

Entre talleres, la presentación de un libro para Miele y una conferencia final para sus pares en Chile, el arquitecto tenía otro propósito en su visita flash. Algo que unía lo profesional con aquello más personal: trasladarse a Los Vilos para ver el progreso de su diseño de casa para Ocho al Cubo.

Esta última iniciativa ideada por Eduardo Godoy, quien lo invitó hace un par de temporadas a unirse a un selecto grupo de arquitectos (incluidos el Pritzker chileno Alejandro Aravena y el conceptual Toyo Ito) para crear con toda libertad residencias ‘editoriales’ frente al mar. Curatoría que ya tiene forma en Marbella y ahora en la playera localidad de la IV Región.

Como un puente imaginario entre Chile y Japón, la casa de Nishizawa en su parte superior toma la forma de una ola (elemento decidor en el diálogo de ambos países) . “En ese emplazamiento sientes una fuerza natural. Por eso pensé en incluir el concepto de dinámica en la estructura”, explica.

Con su talento y premios es difícil imaginar que ni de niño y adolescente viera la arquitectura en su futuro. De hecho, llegó a esta profesión porque un profesor del colegio se la sugirió —al verlo perdido—. Lo animó a matricularse en esa carrera porque era afín a su gusto por el cine, las matemáticas y las artes.

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—¿Cuándo apareció el verdadero amor por esta profesión?

—La vocación surgió cuando ya estaba en la universidad. Antes no sabía mucho. Tenía 18 años cuando sentí ‘amor’ por ella. Aunque al inicio tuve mis dudas, porque en las clases de historia empezaban a mostrar muchos ejemplos de construcciones tradicionales japonesas y se veían todas iguales (esboza un humor oculto), lo mismo con las europeas. Pensé que era una carrera difícil y que quizá no era para mí.

—¿Qué cambió esa sensación?

—Cuando vi un trabajo de Mies van der Rohe (alemán pionero del modernismo a inicios del siglo XX). Era algo totalmente diferente, incluso, a lo que se hacía en su propia época. Ahí me di cuenta de que la arquitectura era arte. Antes pensaba que era algo ‘estándar’.

Al egresar entró al estudio de Kazuyo Sejima, quien no se demoró en reconocer su especial mirada y convertirlo en corto plazo en su socio.

“Vemos la arquitectura como un arte de colaboración, en contraste con otras disciplinas —como la escultura— en que trabajas solo. O sea, Miguel Angel no invitó a ninguno de sus estudiantes a colaborar con su David. En nuestra disciplina hay varias personas en una labor conjunta: necesitas al cliente, ingeniero, constructor. Se requiere de mucha gente para levantar un proyecto”, explica.

—En la sociedad con Sejima, ¿qué aporta cada uno?

—Todo parte con una conversación. No hay roles. Estos cambian frente a cada proyecto.

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—Y en la invitación de Ocho al Cubo trabajas solo.

—Al inicio tratamos de hacer algo juntos con Sejima, pero nos pidieron obras por separado. En general, cuando llegan a la oficina solicitudes desde el exterior las realizamos como SANAA. Para obras dentro de Japón trabajamos habitualmente por separado. Obviamente hay excepciones, como el 21st Century Museum of Contemporary Art de Kanazawa.

—¿Qué has descubierto en el ‘ejercicio’ de Los Vilos?

—Es un ejemplo de hermosa naturaleza. También algo muy distinto a Japón, donde la naturaleza es más ‘sensible’, más ‘amable’. Acá aparece de manera poderosa.

La construcción está en plena marcha. Y Ryue Nishizawa define su visita al lugar como “El día más importante de este paso por Chile”. “Es el proyecto individual más lejano en el que me he involucrado. Los otros son con SANAA”.

—El emplazamiento es bello y agreste.

—¡Sí! Esto no ocurrirá de nuevo en mi vida.

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Los terremotos y el mar levantan una conversación permanente entre los dos países cuando en alguno se manifiesta un sismo. “Japón está separado de China por el mar. Chile del resto del continente por la cordillera y del mundo por el Pacífico. En eso también somos muy similares. Y como la naturaleza es poderosa existe una historia de sobrevivencia común frente a ella. Eso convierte a Chile en un país muy distinto al resto de Latinoamérica. Y también en su arquitectura, la que encuentro muy limpia”.

En contraste con su poderoso entorno, las líneas de esta casa en Los Vilos son suaves y con un interiorismo muy cuidado. De allí su alianza con Miele para mantener ese carácter contemporáneo y ‘despejado’. Cada detalle y elemento pasa por la aprobación del japonés.

—En un escenario tan abrumador, ¿qué quiso para el interior de la casa?

—Una unión con el exterior. O sea, aunque estés adentro también sientes la naturaleza. No me interesa crear una arquitectura ‘de caja’ y perder toda esa belleza que está ahí.

—¿Cómo ve la arquitectura desde 
que empezó?

—Nos estamos haciendo viejos… (ya bromea de manera directa). En cuanto a la visión, sigue siendo parecida. Evoluciona porque la sociedad cambia y porque aparece nueva tecnología.