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Archive for August, 2018

Bárbara Etcheberry: “Hay un grupo abajo del sistema y eso es responsabilidad de todos”

Posted on: August 31st, 2018 by Claudia Paz González

Si algo ha definido la carrera de Bárbara Etcheberry Araos (45) es su vocación social. Cuando terminó Ingeniería Comercial en la Universidad Católica muchos pensaron que su destino natural era la comodidad y las ventajas de la empresa privada, pero ella tenía otros planes. Justo en momentos en que se implementaba la jornada escolar completa, optó por la exigencia del ministerio de Educación. “Fue un lugar clave para entender de qué manera ayudar eficazmente a quienes tienen menos oportunidades”, recuerda, sentada en un banco del pequeño patio de la Fundación SoyMás en la comuna de La Pintana. En ese mismo lugar, junto a la sicóloga Pilar Varleta, empezó hace 14 meses el desafío de implementar en Chile el modelo de la fundación colombiana Juanfe que ofrece apoyo profesional, afectivo y médico para madres adolescentes.

Fue su medio hermano Felipe Kast quien le habló de Catalina Escobar, la fundadora de Juanfe, quien en 16 años de funcionamiento creó un modelo para empoderar económica y socialmente a las mujeres de escasos recursos que han sido madres tempranamente. “Después de escucharlo, con Pilar decidimos inmediatamente ir a Cartagena de Indias. Allá, nos gustó tanto la intervención 360 grados que ofrecían que casi al llegar a Chile empezamos a trabajar en la forma de adaptar el modelo a nuestra realidad”, dice. América Latina presenta la segunda tasa más alta de natalidad adolescente en el mundo.

En casi todos los países de la región, el 20% de los nacimientos son de madres menores de 20 años y pese a que Chile logró despegarse de las estadísticas, el impacto social y económico es igualmente brutal. Estas madres concentran la mayor tasa de deserción laboral, lo que las hace más proclives a caer en el círculo de la pobreza. El trabajo de la fundación SoyMás es brindar apoyo sicosocial, educativo y de salud orientado a la formación en un oficio y posterior empleabilidad. Para esta tarea, cuentan con un equipo multidisciplinario de once personas más diez profesores externos. Actualmente, suman 45 alumnas estudiando y 22 niños en la sala de apego. Entre las empresas que se han comprometido con esta organización, destacan Culinary, Sally Beauty, Falabella, Sodimac, Schopdog, Amano, Empresas Gino (Pollini), Hotel Ritz y Bredenmaster.

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—¿Cómo ha sido esta primera etapa de implementación?

—Muy difícil. La realidad de nuestras estudiantes es dura y por diversas razones, cerca de un 40% ha desertado. Es entendible. Casi en su totalidad han sufrido mucho abandono y maltrato por lo que la autoestima se ha visto seriamente dañada. Además, tienen muy pocas rutinas y hábitos lo que no ayuda con la exigencia del programa. A eso súmale que tienen redes escasas y el nivel educacional es bien precario. Pero son dificultades que lejos de desalentarnos nos obligan a trabajar más duro. Estamos optimistas.

—¿Cómo alimenta ese optimismo?

—Una de las cosas más impresionantes de este primer año de trabajo ha sido la cantidad de gente que tiene muchas ganas de aportar y ayudar desde sus distintos niveles. Desde el área de voluntarios hasta las mismas empresas y el ministerio de Educación. De verdad, creo que estamos en un minuto histórico, donde existe plena conciencia de que hay un grupo que se está quedando abajo del sistema y eso es responsabilidad de todos. Tenemos que ayudarlo brindándoles todas las herramientas posibles para que puedan estudiar y trabajar.

LAS TAREAS PENDIENTES

Cercana al padre Felipe Berríos, a quien ha visitado en el campamento La Chimba en Antofagasta junto a sus seis hijos, Bárbara es la primogénita del ex ministro de Estado Javier Etcheberry, quien desde niña siempre le inculcó la importancia de involucrarse en proyectos de trascendencia social que fueran más allá del simple rédito monetario. “Es mucho más gratificante trabajar para mejorar la vida de las personas”, solía repetirle. De ahí, sus férreas convicciones.

“Tenemos que hacernos cargo de la desigualdad y la falta de oportunidades. Hay problemas muy complejos que requieren de todos los actores sociales. En la medida que seamos capaces de sensibilizar a la sociedad, vamos a tener más gente trabajando en estos temas”, asegura.

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—¿Cómo combatir la falta de cultura filantrópica en Chile?

—Lo primero es mejorar el sistema de donaciones para que todos los actores sociales puedan participar activamente. Hay que optimizar la transparencia del sistema, ampliar la libertad normativa para donantes y donatarios. Facilitar la movilización de recursos privados destinados al bienestar social con incentivos tributarios.

—¿Qué podrían hacer las empresas?

—Una buena contribución sería aumentar el número de contrataciones de madres jóvenes y entregarles mayor flexibilidad desde un comienzo. Pero el gobierno también tiene tareas pendientes, como el mejoramiento de la gestión en Justicia y Salud. Basta ver lo que ocurre en los consultorios y hospitales. Hoy, el desafío de SoyMás es construir un edificio que les permita atender a 150 niñas de la comuna. Una de las instancias para colaborar en este propósito es la Gala del Desafío Levantemos Chile que se realizará el miércoles 29 de agosto en Centroparque. El evento también recaudará fondos para las fundaciones Paula Jaraquemada y Paternitas.

Dubái, cada vez más cerca

Posted on: August 31st, 2018 by Paula Palacios

Los cuarenta y dos grados Celsius, con una sensación térmica de 47, es lo primero que impacta al poner un pie en Dubái. Claro que la experiencia de visitar esta ciudad emiratí comienza mucho antes, en Chile, al abordar el Boeing 777 de la lujosa línea aérea Emirates, que en julio estrenó su ruta Santiago-Dubái con una breve escala en Sao Paulo.

La tripulación femenina luce un impecable traje beige, zapatos rojos y sombrero del mismo tono, del cual cae una pañoleta blanca que envuelve el cuello evocando la clásica burka, mientras la carta-menú siempre incluye una propuesta árabe entre sus platos. Detalles como estos le dan un sello inconfundible al primer vuelo comercial que conecta a Chile con esta extravagante ciudad-símbolo del turismo de lujo en el Medio Oriente. Las 20 horas de viaje no se hacen pesadas gracias a un excelente servicio a bordo, que ofrece televisión satelital en vivo, wifi, más de tres mil canales de entretenimiento, cocina gourmet y casi 70 variedades de vino.
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Dubái abre la opción de quedarse y conocer a fondo una ciudad improbable que combina historia y cultura con equipamiento urbano ultramodermo, o bien hacer una estadía corta antes de partir a una multitud de destinos en Europa, Asia o África. Para el segundo caso, sugerimos un itinerario de tres días en el más turístico de los Emiratos Árabes Unidos.

Para comenzar, una visita al casco antiguo. El barrio histórico Bastakiya (levantado en torno al fuerte Al Fahidi, la construcción más añosa de Dubái) fue construido en 1890 por inmigrantes iraníes y ofrece una pincelada de lo que era Dubái hasta 1960, antes del descubrimiento del petróleo. Hasta entonces era un pueblo que vivía de la pesca, las perlas y el comercio de especias, donde había 13 autos y 55 casas hechas de coral y arena. En esa zona se encuentran también galerías de arte, restaurantes, tiendas y el museo del café, brebaje símbolo de la hospitalidad árabe, que se suele disfrutar acompañado de dátiles. En el fuerte Al Fahidi, que protegía el pozo de agua que abastecía a la ciudad, hoy existe un museo que exhibe ese pasado que el oro negro transformó en cuestión de décadas.

El viejo Dubái está dividido en dos por una entrada de mar que parece río y se puede atravesar en embarcaciones turísticas o taxis acuáticos llamados Avra. El paseo lleva al barrio de Deira, donde están los zocos o mercados de especias, de telas y de oro.

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Canela, vainilla, flores secas para el té, hibiscos, rosas, cúrcuma, limones secos, inciensos y pimienta colman los pasillos de los mercados de especias, aunque la más preciada es el llamado “oro rojo”: el azafrán. Aquí el lenguaje universal es el regateo, que muchas veces permite conseguir rebajas de hasta un 30 por ciento. Siempre en Deira, el zoco del oro cuenta con unas 300 tiendas y en él se exhibe el anillo de oro más grande del mundo: 57 kilos de 21 kilates.

DESIERTO, PLAYA Y NIEVE

Una vez visitados los zocos, se puede tomar la autopista que conecta con la parte nueva de Dubái, que pasó de tener dos hoteles cinco estrellas en 1975 (Radisson y Sheraton), a los más de 600 que existen hoy, casi siempre con su ocupación completa. Cada año reciben 60 millones de pasajeros, de los cuales 16 millones se quedan a visitar la ciudad.

Asumido en 2006, el actual jeque Mohamed bin Rashid es un gran hombre de negocios y se propuso tener todo lo mejor del mundo en Dubái. En el corazón de la parte nueva se puede visitar el barrio residencial costero de Jumeirah, donde viven los emiratíes, que no son más del 11% del total de la población. En esa zona está prohibido construir nuevos edificios o grandes torres y los extranjeros no pueden comprar propiedades, aunque sí arrendarlas. De las 900 mezquitas que hay en la ciudad, dos tercios están en Jumeirah.

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Ubicada en el mismo barrio, a la playa Sunset Beach llegan los surfistas y en ella también se encuentra el famoso hotel con forma de vela Burj Al Arab, construido en los años ‘90 y considerado uno de los más exclusivos de Dubái. Entre 2 mil y 15 mil dólares cuestan las habitaciones, que van desde los 169 a los 700 metros cuadrados. Cada una cuenta con un mayordomo que habla el mismo idioma del pasajero de turno.

Después de la playa, un buen panorama para terminar el día es visitar el ‘Dubai Mall’, el centro comercial más grande del mundo con sus cuatro pisos y 1.400 tiendas. Allí mismo se encuentra el Burj Khalifa, el mayor rascacielos del planeta, con 828 metros de altura. La construcción de 2010 cuenta con dos observatorios para apreciar la ciudad en 360 grados y por supuesto, con los ascensores más rápidos del mundo: 10 metros por segundo.

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A un costado del Burj Khalifa está el show de las aguas danzantes, que se mueven al ritmo de la música y disparan chorros de 150 metros de altura. Y hablando de agua, otras de las atracciones son el acuario submarino del hotel Atlantis, y los parques acuáticos Aquaventure y The Lost Chambers, con más de 65 mil especies de animales marinos.

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Para Dubái nada es imposible. Como tampoco lo fue crear la cancha de esquí indoor más grande del mundo, con 400 metros de largo y cinco pistas para esquí y tabla. Todo está hecho para asombrar y entretener a los turistas, que pronto llegarán a ser 20 millones por año. No es casualidad, considerando que dentro de unos años será su principal entrada económica, cuando Dubái ya no pueda seguir viviendo del petróleo.

Consigue una piel perfecta en un solo paso

Posted on: August 31st, 2018 by Caras

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Pedro Almodóvar, día de dolor y gloria

Posted on: August 30th, 2018 by Caras

Lleva 40 años tras las cámaras y se niega a las biografías, porque dice que su vida está contenida en sus películas. Pedro Almodóvar –quien cumple 69 años, en septiembre— está inmerso en el rodaje de Dolor y gloria, quizá su filme más autobiográfico. Se trata de una especie de 8 ½ personal sobre un director en el ocaso de su carrera que se reencuentra con personajes de su pasado y, también, de “la creación y la dificultad de separar la creación de la propia vida”.

Antonio Banderas —que ya actuó con él en otras ocasiones, la más reciente como el médico psicópata de La piel que habito (2011)— interpreta a su alter ego. El elenco se completa con Asier Etxeandía —nominado a un Goya por La novia, 2015—, en otro rol protagónico, y Penélope Cruz —“chica Almodóvar” de primer orden, junto con Carmen Maura y Victoria Abril—, Julieta Serrano —colaboradora veterana—, y el argentino Leonardo Sbaraglia, en papeles secundarios.

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Esta es la cinta número 21 del atrevido, inquieto y rebelde realizador —el más internacional de España, después de Luis Buñuel—, que narra como nadie las historias femeninas, desde que, en 1978, filmó su primer largometraje Folle folle fólleme Tim!, un melodrama que protagonizaba Carmen Maura.

Hijo de un arriero que transportaba el vino que producía su abuelo, y de una dueña de casa “creativa y descomunal”, que le serviría de inspiración para sus personajes femeninos, Almodóvar nació en Calzada de Calatrava (Castilla la Mancha), bajo el franquismo. De niño coleccionaba figuritas con estrellas de cine que venían en los envoltorios de los chocolates y, poco después, veía una película tras otra, en una sala que quedaba en la misma cuadra de su colegio.

A los 17 años se mudó a Madrid, donde vendió artículos usados en el mercadillo El Rastro y trabajó en Telefónica. Sin estudios formales de cine, compró una cámara Super 8 con la que, antes de rodar su primer largo, hizo cortometrajes que mostraba en fiestas de amigos, con títulos tan elocuentes como La caída de Sodoma y Sexo va, sexo viene. Tras la dictadura de Franco, y gracias al destape de las ideas, las artes y el cuerpo que trajo consigo la “movida madrileña” , Almodóvar —quien se subía a los escenarios a interpretar canciones como Gran ganga o Quiero ser mamá con su amigo Fabio McNamara— inauguró los ’80 con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, una disparatada comedia sobre tres chicas alocadas y sus aventuras sexuales, que se convertiría en un símbolo de la época.

Le siguieron Laberinto de pasiones (1982), Entre tinieblas (1983), Qué he hecho yo para merecer esto (1984), Matador (1986), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y Átame (1989). Títulos que definieron una estética propia: colorida y con gusto por lo grotesco, y una narrativa en que se entrelazaban el humor, el drama y el suspenso. La música también sería un sello distintivo de Almodóvar: inolvidable es, por ejemplo, la escena final de Átame, en que Banderas, Victoria Abril y Loles León cantan Resistiré, del Dúo Dinámico. Otro tanto puede decirse de las canciones de Luz Casal en Tacones lejanos y, por supuesto, de las bandas sonoras de Alberto Iglesias.

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Influenciado por Alfred Hitchcock, Billy Wilder y Buñuel, el director manchego aborda recurrentemente temas como el amor, el sexo, la maternidad, la soledad, el poder y la muerte. Este último, un asunto que le espanta, al igual que el paso del tiempo. “Trato de aceptarlos, pero me cuesta muchísimo trabajo… Lucho por ello, incluso con mis películas. Cuando hice Matador, una fábula sobre unos asesinos, estaba hablando sobre la muerte”, admitió en una entrevista.

Hace un par de años, cuando presentó Julieta —un filme sobre las pérdidas y el silencio— en el Festival de Cannes, dijo: “Mi mayor pérdida ha sido la juventud… Tengo mucho miedo al deterioro físico, que ya empiezo a conocerlo. Le tengo mucho miedo a la incapacidad”. Entonces había salido de una operación a la columna, reconocía que andaba muy solitario y comenzaba a reflexionar sobre su legado cinematográfico.

Ganador de dos premios Oscar, a Mejor película extranjera y Mejor guión por Todo sobre mi madre (1999) y Hable con ella (2002), respectivamente, Almodóvar consiguió su primera nominación a la Academia, a fines de los ’80, con la comedia Mujeres al borde de un ataque de nervios. En ella Carmen Maura encarna a una actriz de la TV que trata de averiguar por qué la dejó su amante. Si bien, la película trajo la internacionalización del cineasta —que siempre ha sido mejor comprendido en el exterior que en España—, significó un corte con Maura, que resintió el trato que él le brindó en el rodaje. La actriz recién aceptó ponerse nuevamente bajo sus órdenes en 2006, como la madre muerta que se aparece a sus hijas en Volver.

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“Yo quiero ser una chica Almodóvar / como la Maura, como Victoria Abril, / un poco lista, un poquitín boba, / ir con Madonna en una limousine”, cantaba Joaquín Sabina, en 1992, inmortalizando el fenómeno almodovariano. Por entonces, Marisa Paredes, Cecilia Roth, Rossy de Palma y Chus Lampeavre ya eran “chicas Almodóvar”. Más tarde se sumarían, entre otras, Leonor Watling, Rosario Flores, Antonia San Juan, Lola Dueñas, Blanca Portilla, Emma Suárez, Adriana Ugarte. Y lo habría sido Meryl Streep, si Almodóvar se hubiera decidido a hacer Julieta en inglés.

“Chicos Almodóvar” también hay: además de Banderas, Eusebio Poncela, Imanol Arias, Miguel Bosé —un policía que es travesti de noche en Tacones lejanos—, Javier Bardem, Javier Cámara, Darío Grandinetti y Gael García Bernal.

Según los críticos y el propio director, desde La flor de mi secreto (1995) —película sobre una exitosa escritora de novela rosa (Marisa Paredes) que, en realidad, es infeliz—, Almodóvar se ha vuelto menos chillón en los colores y más oscuro en sus historias. Una “madurez” que, como él ha explicado, tiene que ver con la edad. “Estoy hambriento de futuro y de que sea lo más largo y longevo posible. No miro atrás”, decía hace poco. Pero lo hará… con Dolor y gloria. Al menos, en la pantalla.

TV: [ELLOS LA HICIERON] El sueño del capitalismo popular

Posted on: August 30th, 2018 by Óscar Contardo

Hubo alguna vez un candidato a la presidencia que sugería en sus campañas políticas que toda su fortuna había surgido de su trabajo constante y resuelto. En su versión de los hechos, las empresas que manejaba habían tenido su origen en un negocio infantil que consistía en criar y vender pollitos. Aquel candidato, evitaba referirse a que su pertenencia social lo dispuso desde su nacimiento en la cúspide de la élite chilena, con una prodigiosa carga de herencias sobre sus espaldas y una tupida red de parientes e intereses entre la clase alta. Mencionar ese aristócrata trampolín para la prosperidad no era útil para los efectos que esperaba.

El relato de los pollitos resultaba más provechoso en un país que en los años ’90 se asomaba al auge del capitalismo en su versión neoliberal. Junto a las cifras de crecimiento cundían los discursos que nos decían que el sistema tendía a recompensar el esfuerzo individual y la capacidad de sacarle provecho al mercado. En el papel, hacer dinero no dependía de la familia de origen, ni del aspecto físico, ni de los contactos, sino del trabajo duro. La realidad chilena, sin embargo, tendía a hacerle zancadillas a esos discursos y las leyes no escritas de nuestra convivencia castigaban al nuevo rico con el menosprecio y la sospecha. En un país estamentario como el nuestro, ascender económicamente desde el fondo de la pirámide tenía límites bien definidos: terminar el liceo, llegar a la universidad, comprarse un auto. Ellos la hicieron, el nuevo docurreality de Canal 13, desafía ese límite, su mensaje es optimista, nos dice que es posible nacer pobre y llegar a ser millonario.

En cada capítulo el programa cuenta dos experiencias: la de alguien que logró un éxito económico apabullante y otra de quien recién comienza y está al borde del fracaso. Tras describir ambas biografías reúne a los protagonistas y logra que el magnate aconseje y guíe los pasos del principiante. Francisco Saavedra y Aldo Schiappacasse son los guías de este paseo a ras de suelo por las vías de ascenso social. Muestran casos que desafían el habitual baldón chileno sobre la figura del nuevo rico. El programa, en cambio, lo exhibe del mismo modo en que se hacen los de entretención norteamericano: sin beatería culposa.

En Ellos la hicieron, lo más importante son los personajes. La televisión nos había acostumbrado a la imagen del emprendedor zorrón que fue a Europa a estudiar y vuelve con la idea del food truck con onda. En este caso lo que se nos muestra son ascensos reales, no anécdotas de sobremesa de Vitacura. Los exitosos vienen del pueblo: un hombre que hizo su propio imperio funerario sin haber pasado por la universidad y que disfruta de su dúplex con vista al Manquehue; o una mujer que maneja una empresa que le vende servicios a las mineras y nos habla de sus años de pellejerías infantiles con nostalgia y orgullo.

Frente a la felicidad del éxito en forma de billetes, el programa contrapone la fragilidad de los sueños y la precariedad de muchos, que ven cómo sus historias de esfuerzo no logran dar frutos. La cara y el reverso de una promesa imperfecta.