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Archive for July, 2018

Lollapalooza 2019: ¿Por qué 50 mil personas compran una entrada sin saber a quiénes verán?

Posted on: July 31st, 2018 by Sebastian Cerda

Su debut, a mediados de 2011 y de cara a la segunda edición de Lollapalooza, no estuvo exenta de polémica. Aunque desde hacía años venía siendo práctica habitual en el extranjero, una “venta en verde” de tickets para un festival de música no dejaba de resultarnos llamativa en Chile, y no pocos eligieron encararla con una mirada suspicaz, ácida y despiadada. Dijeron que sería cuestión de poseros, de arribistas, cuando no de idiotas, derechamente.

Pero el tiempo le dio a la razón a los impulsores de la modalidad, y la prueba de ello no sólo ha estado en su consolidación y réplica —eventos como Fauna Primavera y la Cumbre del Rock chileno ya la han implementado—, sino también en la sostenida mejora de los registros al cabo del primer día de venta: Los boletos Early Bird se agotan en una cantidad de minutos cada año más exigua, y el saldo global timbra una cifra de asistentes siempre superior.

Así llegamos a lo ocurrido esta semana, con 50 mil personas asegurando su presencia en Parque O’Higgins los próximos 29, 30 y 31 de marzo, transcurridas apenas seis horas de venta. Cincuenta mil sobre un universo de 80 mil, lo que equivale a más del 60% de la capacidad del evento. Uno que recién confirmará a sus artistas dentro de… dos meses.

Para los asiduos a Lollapalooza y a los conciertos en general, lo único llamativo que queda al respecto son los records batidos. Quienes observan a más distancia, en tanto, aún se sorprenden con la práctica, y no pocos siguen visualizándola como un descriterio, un sinsentido, un derroche.

Pero seguir insistiendo en aquello ya no puede ser otra cosa que majadería y ceguera: Guste a quien le guste, Lollapalooza ha sabido probar la legitimidad de su venta en verde, y ello en ningún caso ha sido gratis. Amén de la ventaja en el precio —la venta normal más que dobla al early bird—, la demanda del público da cuenta de un trabajo que ha sabido ser merecedor de tal confianza, que hoy es posible poner sin más las fichas en las próximas ediciones.

La explosividad de la venta, entonces, se transforma así en un acto de fe. Aunque no sepamos los nombres, de algún modo ya sabemos para dónde irá la mano, entre qué ejes nos moveremos, y de qué calidades serán los distintos invitados. Mal que mal, éste es el festival al que han venido Arcade Fire, Soundgarden y Metallica, o el que nos permitió descubrir a grupos luego tan exitosos como Foster the People, Alabama Shakes y Portugal. The Man (los que este año le arrebataron el Grammy al “Despacito”), entre muchos otros.

Pero sobre todo, el éxito de la venta anticipada da cuenta de una cabal comprensión en la audiencia de un concepto que costó instalar. Ese concepto, paradójicamente, no es otro que el de festival. Es decir, un tipo de evento al que no necesariamente se acude llamado por un gran nombre, sino por la globalidad de una experiencia.

Allí nos encontramos con figuras conocidas y de respeto, por más o menos cercanía personal que nos despierten; allí se puede ir de un escenario a otro, hasta construir cada uno su propio menú; allí se escucha a artistas que hasta entonces no conocíamos, pero con expectativa cierta de descubrir a un nuevo protagonista de nuestras playlists; allí se alterna entre prados, food trucks y tiendas, para complementar las extensas jornadas de música antes de seguir adelante; allí se aprecian tendencias, propuestas, estilos, se rellena el Instagram y se comparte con amigos y conocidos.

Por eso hubo 50 mil personas que se agolparon en filas reales y virtuales para adquirir sus pases antes de la sexta hora; por eso los primeros 2.500 abonos se agotaron ya no en 20 ni 15 minutos, sino en 9; y por eso es que el próximo año ya no hablaremos ni de 50 mil personas ni de 9 minutos, sino de 55 ó 60 mil asistentes, y de 7 ó 5 minutos. Es parte de lo que ocurre cuando el círculo cierra en modo virtuoso, con promesas que se cumplen y expectativas que se satisfacen, aunque ello siempre deje una tarea nada menor para el futuro: Mantener el estándar e intentar mejorarlo. Por ahora, hay 50 mil sujetos que creen que así será.

Andrés Chadwick: “Hay que ser más humilde porque gobernar es muy difícil”

Posted on: July 31st, 2018 by Lenka Carvallo

Debe ser uno de los días más fríos del año. En el Patio de los naranjos corre un aire que congela hasta los huesos. Pero en los intramuros de La Moneda las cosas están que hierven, con el ministro del Interior Andrés Chadwick moviéndose de un lado a otro, dando los últimos toques para el lanzamiento de la Agenda de Seguridad, uno de los proyectos estrella de Sebastián Piñera y una de las mayores preocupaciones a nivel ciudadano.

Para este abogado, quien en esta pasada se repitió el plato como jefe de gabinete y hombre de confianza del Presidente —con quien son primos hermanos, tema que no ha estado exento de críticas, aspecto que también aborda en esta entrevista— las cosas no pueden andar mejor, ello pese a las acusaciones de “sequía legislativa” que ha liderado una parte de la oposición (especialmente el PS), así como de una serie de errores por parte de algunos de los ministros clave de este gobierno, como los de Educación y Salud. Con todo, la aprobación presidencial según la encuesta Cadem acusa ir lentamente a la baja: del 60% registrado el 15 de junio a un 54% el 15 de julio y un incremento de la desaprobación. Nada de esto perturba el carácter optimista del ministro Chadwick.

“Puntos más, puntos menos, demuestran un apoyo mayoritario, un ánimo positivo, confianza en lo que el Presidente y el gobierno están emprendiendo en estos primeros 100 días”, dice este soldado de Sebastián Piñera quien asegura que el mandatario se ha mantenido fiel a las propuestas que le permitieron el aplastante resultado que lo llevó a La Moneda, y donde destaca el sello de unidad. “Eso se ha reflejado en los grupos de trabajo que hemos formado en cada uno de los cinco proyectos fundamentales para efectos de construir acuerdos”, afirma citando a la Comisión de Seguridad y que contó entre sus figuras con los alcaldes Jorge Sharp (Frente Amplio), Johnny Carrasco (PS), el ex ministro del Interior de Michelle Bachelet Jorge Burgos (DC), y la ex candidata presidencial Carolina Goic (DC), entre otras.

“Esta instalación del gobierno ha contado con un buen ambiente. La gente ha evaluado positivamente que no nos hayamos cruzado de brazos frente a temas que la ciudadanía considera importantes. Por ejemplo, lo que hicimos con Carabineros, una institución en profunda crisis producto del fraude fiscal y las operaciones de inteligencia ilícita, y en vez de seguir esperando o mirando para el lado, se sacó a quince generales. En migraciones, el 2017 tuvimos más de 110 mil ciudadanos haitianos que ingresaron como turistas y el 97% permaneció en el país. Y se empezó a trabajar, además con un proyecto de ley que se está discutiendo ahora. Se aplicó un plan para efectos de regularización de migrantes con más de 160 mil inscritos y la entrega de las 3 mil primeras visas de permanencia y cédulas de identidad para personas que demostraron que no tenían antecedentes penales y cumplían los requisitos. Al mismo tiempo, hemos iniciado un proceso de expulsión de aquellos que tienen sentencia judicial, cerca de 2 mil personas. Estamos actuando en un tema donde durante años se hizo poco y nada”.

“Ahora —dice sobre las críticas que acusan desorganización y errores—, es propio de cualquier actividad humana y también en la instalación de un gobierno. Creo que sería el mayor de los errores pensar que uno va a hacer todo perfecto, eso sería una soberbia… ”.

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—Se ha hablado de un cambio de gabinete…

—No, creo que no… Eso lo decide el Presidente en su momento y en su oportunidad… Sí hemos tenido que hacer algún cambio de subsecretario (de Medioambiente), por efectos de potenciar el trabajo de ciertos ministerios; en dos intendencias (Magallanes y Atacama); de Seremis, en algunos casos, porque han habido requisitos en los nombramientos que se han tenido que cumplir. Frente amplio: un súper partner “Aquí no hay ninguna sequía legislativa, ni de número ni de proyectos ni de nada… Esa acusación es completamente errónea y gratuita”, dice sobre el concepto que instalaron parlamentarios del PS a mediados de marzo y con efectos que repercuten hasta hoy.

La presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández (PS), y su par en el Senado, Carlos Montes (PS), plantearon que la agenda legislativa del Ejecutivo era pobre para los primeros 100 días. Fue el propio presidente Piñera quien contestó y acusó a la oposición de “obstruccionismo”: “Pónganse a trabajar”, ordenó, argumentando que había una serie de proyectos en trámite donde no se han respetado las urgencias enviadas por La Moneda. La frase no cayó bien y llovieron las críticas. Chadwick dice: “La oposición no es sordomuda y busca crear hechos políticos. Pero en términos reales, el número de proyectos y la actividad legislativa es superior a la anterior administración e incluso supera al primer gobierno del Presidente. Los números son los números. Pero lo más importante es que los proyectos que enviemos deben estar bien hechos; no somos mayoría en el Congreso y, por lo tanto, tenemos que hacer una acción política pre legislativa y post, para entendernos con la oposición. No queremos que nos pase como a la presidenta Bachelet, que cuando envió su reforma tributaria tuvo que modificarla varias veces… Queremos un sello de buenos proyectos de ley”.

El ministro cree que detrás de esta polémica comunicacional se pretende debilitar al Secretario General de la Presidencia, Gonzalo Blumel (a cargo de la articulación con el Congreso). “Sin duda. Gonzalo Blumel es un gran ministro, aporta muchísimo al gobierno. No sólo es joven, una figura nueva, sino que tiene una tremenda preparación y capacitación profesional”.

—A lo mejor ese ministerio requería de alguien con más experiencia…

—No. Hoy hay un Congreso distinto, con personas y generaciones más jóvenes y Gonzalo Blumel, con su juventud, con su visión más actual de cómo se están desarrollando y conformando las fuerzas políticas y las expresiones políticas y ciudadanas, tiene más experiencia en eso.

—Aunque usted salió inmediatamente a blindarlo. Se vio que fue con él a Valparaíso a reunirse con la mesa del PPD.

—Él no necesita apoyo. Si voy con él al Congreso no es que lo vaya a respaldar: somos un equipo, al igual que con Cecilia Pérez, que es la ministra vocera y los tres somos parte del Comité Político. Estamos muy afiatados y nos entendemos muy bien.

—Ustedes han tenido buenas relaciones con el PPD, por ejemplo. Sin embargo, no ha sido así con el PS.

—Convocamos a los distintos sectores políticos, y dentro de ellos al Partido Socialista para sumarlos a nuestras comisiones. Pero la directiva decidió no participar en nada; las viejas y antiguas fórmulas de oposición de negar la sal y el agua. A lo mejor se debe a problemas internos, de perfilamiento en relación al Frente Amplio (FA). Si la estrategia para efectos de disminuirlos es parecerse, o ponerse más duros… está la vieja frase: “entre la copia y la fotocopia, …mejor la copia”. El FA, en cambio, ha demostrado más soltura política; son más jóvenes, se hacen menos rollos. El diputado Boric estuvo en la comisión de Infancia, el alcalde Sharp en seguridad Ciudadana, y han colaborado mucho. Han sido un súper partner…

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—Algunos opinan que Sebastián Piñera ya no es el mismo. Se le ve más tranquilo, calmado, menos tallero, hasta fome…

—Esto no es un diseño ni una estrategia ni nada por el estilo, son los naturales procesos de la vida. Yo tampoco soy el mismo que hace ocho años.

—¿Es la vejez entonces?

—Es experiencia. El paso del tiempo que te permite aprender, escuchar, ver tus propios errores, aprender del resto de las personas.

—¿En qué ha cambiado usted?

—A ser más sereno, saber escuchar para aprender, ponerme en el lugar del otro, no creer que uno se las sabe todas.

—En el anterior gobierno se les criticó por soberbios.

—Obviamente uno aprende de efectos del gobierno pasado. Hay que ser más razonables y no generar expectativas que después te pasan la cuenta; hay que ser más humilde porque gobernar es muy difícil.

—Bueno, en esta pasada usted tuvo que pagar un costo personal. Porque a raíz del nombramiento de Pablo Piñera en Buenos Aires como embajador, y toda la discusión que se armó después, uno de los efectos fue la salida de su hijo, Andrés Chadwick Costa, que trabajaba en el gobierno.

—Fue súper doloroso (se emociona); yo veía que él era muy valorado en su capacidad y en su acción profesional, estaba muy motivado. Además que Andrés venía trabajando con el Presidente desde hace mucho tiempo, no era algo de ahora. Pero por ser hijo mío y llamarse igual… Pero mira, a uno los hijos le enseñan mucho, porque un día él entró por esa puerta y me dijo: “Papá, voy a renunciar; no quiero causarle daño al Presidente, a ti o al gobierno, y mi situación está generando mucho ruido…”. Es triste pero te quedas con que tuvo la capacidad para reaccionar, para darse cuenta de su entorno, y la generosidad de saber tomar decisiones que son positivas. Él hizo una buena reflexión.

—A usted también lo han criticado por ser primo del Presidente.

—Sí, lo soy desde hace muchos años (sonríe). Tengo seguridad que no estoy en el cargo por ser primo del Presidente, eso sería no conocerlo. He trabajado con él por un buen tiempo, y ya estoy viejo, así que tengo una trayectoria política, o pública, que espero que despeje esa duda. Y creo que ya no es un tema, no lo fue en el primer gobierno, no tendría por qué serlo en el segundo.

Bienvenidos recibe a CARAS con su última edición

Posted on: July 30th, 2018 by Caras

Hoy presentamos nuestra nueva portada dedicada a la cultura del abuso en Chile en el programa Bienvenidos de Canal 13. Nuestra periodista Lenka Carvallo y nuestra directora general Marisol Camiroaga conversaron con Tonka Tomicic, Polo Ramírez y el resto del panel sobre los sobrevivientes y denunciantes del caso Karadima y las luchas que hoy están librando James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo.

Óscar Jaenada: el brillo de lo agridulce

Posted on: July 30th, 2018 by Caras

El camino hasta llegar a soberbias interpretaciones del cantaor de flamenco más famoso (Camarón) y posteriormente al mimo de México (Cantinflas), ha sido largo y bordeado por curiosas señales. Fue su abuela quien le mostró la primera ruta como espectador del séptimo arte.

“Ella vivía en una esquina donde permitía la instalación de publicidad de un cine muy cercano. A cambio le daban entradas para las funciones que disfrutábamos también con mi hermano”, recuerda el actor nacido en 1975. Si bien soñaba con convertirse en ingeniero aeronáutico, fue el arte dramático lo que terminó por envolver sus intereses por completo. A los 13 años formaría parte de la puesta en escena de una obra de Shakespeare y fue así como descubrió que el barrio podría enseñarle más que una escuela cuyo ambiente terminaba por incomodarle. Y, por otra parte, su inconformidad con las tendencias belicistas en el mundo lo llevó a probar el reto que implica la dramaturgia.

Las intenciones críticas conformaron una fuente de inspiración para continuar en el teatro durante los años noventa. Pero este impulso tomaría una pausa cuando trabajó como mesero en Madrid. Más tarde sería llamado por directores de castings para aprovechar la oportunidad que le ofrecían las breves y esporádicas apariciones en televisión y cine para las que era llamado. Paso a paso, su talento y tenacidad lo llevarían a meterse en la piel de Camarón de la Isla y de Cantinflas, personajes emblemáticos con una marcada identidad nacional, disímbolos y a la vez complementarios.

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A la polémica que desata la vida personal de íconos de la cultura pop –que renacen al ser llevadas a la pantalla–, se suma el rol que proyecta oscuridad en la serie sobre Luis Miguel, al encarnar a Luisito Rey, el padre del cantante. “Un tipo tan alejado de mí”, resume Jaenada, quien se concentra en el estudio metódico como elemento vital para sacar adelante cada uno de los proyectos en los cuales se involucra.

—¿Fue incómodo personificar al padre de Luis Miguel?

—Significó algo bastante complicado por la personalidad y el modo como se relacionó con su hijo. Me parece que es la primera vez que me toca hacer a alguien que resulta completamente antipático a mi manera de ser. Su hostilidad, violencia y obsesión lo vuelve una persona que, desde mi trinchera, es difícil comprender. Sin embargo, este oficio requiere entender eso y más para entrar en esas mentes.

—Como parte del proceso de producción, ¿qué clase de retroalimentación tuviste por parte del propio Luis Miguel?

—La mejor, porque es una persona abierta y educada. Se mostró emocionado por el proyecto y el profesionalismo con el que se ejecutó cada detalle en cada capítulo. Me invitó a unos de los shows que conformaron la maratónica serie de conciertos que realizó en el Auditorio Nacional de Ciudad de México. Estaba en primera fila observándolo y dándome cuenta por qué despierta esa clase de furor en el público. Es impresionante la manera cómo se entrega sobre el escenario y la grata reacción que provoca en las personas que lo aclaman.

—¿Era previsible el éxito de la serie?

—De que llamaría la atención desde un inicio, sin duda, por el tamaño de su figura y todo lo que él representa para la cultura musical de las últimas tres décadas. Lo que nos complace fue el recibimiento de la gente una vez que comenzó. Me parece que cada uno de los que nos subimos a este barco fuimos capaces de colocar todo lo mejor de nosotros mismos.

—¿Cómo asumes cada personaje que interpretas?

—En cierta forma es como una moneda al aire, implica un reto pero a la vez un riesgo por el modo como tu trabajo puede o no trascender y convencer. Pero ese mismo riesgo y el atrevimiento en sí es lo que cuenta en realidad, es lo que está ahí como combustible para el propulsor interior. El punto es no perder el control para que el personaje deje de dominarte una vez terminado el trabajo. La vida del actor consiste en una escapada tras otra.

—El cine como espectador fue para ti la puerta de entrada a este mundo…

—Yo creo que como todo y como todos, solo que en mi caso además se conjugó con el componente familiar. No solo me sorprendía aquello que podía ocurrir en la pantalla, sino que además eso significaba otro pretexto para reunir a seres cercanos. Me fascinó el hecho de saber que las historias son capaces de juntarnos más aunque sea por un instante.

—Y así como un asiduo asistente a la sala de proyección, después serías perseverante para estar del otro lado…

—Digamos que fui encontrando en el camino las bases para el desarrollo actoral. Independiente a que no asistí en realidad a una escuela formal, me discipliné con el apoyo de la experiencia callejera y posteriormente en la teatral. Cada vez me emocionaba más encontrar nuevas herramientas para sumergirme en el personaje, moldeando sus características lo mejor posible. Imagino que eso es lo que le ocurre al pintor cuando halla otros trazos y pinceladas para expresar lo que desea, Y además la calle me mostró el valor de la interacción y así percibir de cerca las reacciones del público.

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—Eso también forma parte de la materia prima para explorar y definir con mayor precisión el lado humano…

—Lo es porque permite sondear lo extensamente maravilloso que despliegan las emociones. Si bien el actor trabaja con su cuerpo y todo el mapa sensible, también lo hace con la propia sensibilidad de quien se coloca enfrente. Y ese vínculo lo percibí como alimento puro para sentirme completamente satisfecho.

—¿Y eso no lo habrías encontrado en la academia?

—Me causa cierto conflicto pensar que cualquier expresión artística pueda enseñarse por completo de una manera ortodoxa, creo que hasta cierto punto eso mismo puede limitar la creatividad. En mi caso considero que el teatro de la calle me brindó ciertas cualidades dentro de la infinita gama que representa este oficio. Me gustaría tener más método, pero fue así como me tocó aprender.

—Ser curioso y autodidacta te ha traído hasta este punto…

—Se puede decir que sí, pero sin olvidar el factor de la suerte y el hecho de valorar cada oportunidad. Creo que debe apreciarse el paisaje completo para saber dónde estás ubicado y dónde podrías llegar más adelante.

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—¿Qué sucedería si en realidad estuvieras en esto solo por lo que la visibilidad representa?

—Supongo que sería frustrante, claustrofóbico y exasperante. Estar en algo solo por el dinero o resultados superfluos pienso que marcaría un destino agonizante, sin sentido alguno. Para mí lo que más trasciende de todo esto es sentirme bien conmigo cuando sé que he podido ser parte de un sano entretenimiento que el público es capaz de disfrutar y que además puede servirle para reflexionar sobre sí mismos y quienes les rodean en la vida.

RECORRIDO ACTORAL
Noviembre (2003), un falso documental sobre un grupo de teatro, fue lo que le dio su primer protagónico. Llevar a la pantalla una historia muy cercana a sus experiencias callejeras le valió además su primera nominación a los premios Goya, reconocimiento que ganaría tiempo después. Vendrían comedias en las cuales se foguearía antes de colocarse las venas de Camarón (2005), un gran reto que logró tras aprender a palmear y fumar para así personificar al mítico cantaor gitano. Ser parte de la saga Piratas del Caribe en 2011 lo mantendría en el radar de otras filmaciones en su país hasta cruzar el Atlántico y así dar vida a Cantinflas (2014). Asumir y solucionar de la mejor manera esta clase de desafíos lo colocan en la mira para futuros proyectos cinematográficos relacionados con las vidas de Che Guevara y Salvador Dalí.

 

Tres valientes y sus batallas

Posted on: July 30th, 2018 by Lenka Carvallo

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EL COMIENZO

El 21 de abril de 2010 tres hombres cambiaron la historia de la Iglesia chilena y la del mundo. Tras la revelación de que el Arzobispado de Santiago había iniciado una investigación en contra del ex párroco de El Bosque Fernando Karadima, James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo se convirtieron en los primeros en denunciar públicamente una siniestra trama de abusos y encubrimiento contra el poderoso sacerdote y su círculo de protección.

Aunque la trama comenzó a desencadenarse mucho antes. Un vía crucis que empezó el 2003, cuando luego de procesar su historia por ocho años, José Andrés Murillo al fin pudo contarle a sus padres un intento de abuso por parte de Karadima mientras él era seminarista. Junto con eso, le escribió al Cardenal Francisco Javier Errázuriz. “Rezaré por ti”, fue todo lo que le mandó a decir el entonces arzobispo. Nada más. Murillo se sintió solo. Luego de un año supo que no era el único, que James Hamilton también había llevado su caso hasta el Arzobispado. Se juntaron por primera vez en el restorán Venezia y hablaron hasta las seis de la mañana. Lloraron juntos. Se hicieron amigos. Murillo se presentó como testigo en el proceso de nulidad eclesiástica que tramitaba Hamilton de su primera mujer, Verónica Miranda, quien a su vez también había llevado el tema de los abusos de Karadima hasta el Arzobispado, sin resultados por supuesto. Luego vinieron los casos del periodista Juan Carlos Cruz y el abogado Fernando Battle —quien finalmente optó por restarse de las acciones judiciales—. Así, el 26 de abril de 2010 los crudos testimonios fueron emitidos por el programa Informe Especial (TVN) y días después también se tomó la portada de The New York Times.
Estos tres hombres, de personalidades tan distintas, emprendieron una cruzada histórica y detonaron el mayor cisma de la Iglesia chilena con repercusiones que aún no paran.

“Les pido perdón a nombre propio y de la Iglesia Universal”, les dijo profundamente acongojado el Papa Francisco al recibirlos en el Vaticano a comienzos de mayo de este año. El pontífice se reunió con cada uno de ellos y, algo nunca visto, los invitó a hospedarse en Santa Marta (el lugar de residencia de los máximos jefes de la Iglesia Católica). Un gesto inédito que no pasó inadvertido por los especialistas internacionales.

En sus conversaciones privadas con el pontífice, Murillo, Cruz y Hamilton hablaron de la corrupción moral que corroe a los obispos chilenos, de los evidentes círculos de protección, de los abusos de conciencia, de poder y sexuales; le contaron del dolor de los fieles, de lo difícil que ha sido hacer justicia mientras las historias de violaciones continúan y las víctimas se multiplican. Todo, mientras la máxima jerarquía eclesiástica permanece impávida y hasta dice sorprenderse ante cada nueva denuncia. Como ocurrió hace algunos días con el caso del ex canciller de la Iglesia, Óscar Muñoz —uno de las más influyentes figuras del Arzobispado—, quien al cierre de esta edición se encontraba en detención preventiva por los 180 días que durará la investigación tras ser formalizado por abuso sexual reiterado y estupro. Como consecuencia, el Fiscal Nacional Jorge Abbott ordenó designar fiscales preferentes en cada región para investigar abusos al interior de la Iglesia, lo que ha sido celebrado como un avance cuando por mucho tiempo imperó sólo la justicia canónica. Y tras un allanamiento al Arzobispado de Santiago se filtró una carta de monseñor Alejandro Goic a Ricardo Ezzati en 2013 donde le critica indolencia en los casos de abuso sexual: “No sólo es un pecado gravísimo, sino también un delito ante la ley civil. Nadie hoy puede mantener en silencio los abusos a menores. Quien lo hace se pone en situación de cómplices”.

Desde ese encuentro con el pontífice a comienzos de mayo, el clero chileno comenzó a temblar. En un hecho inédito, citó a los 31 obispos chilenos al Vaticano y, al cabo de tres días, solicitó su renuncia. Tercera vez en la historia de la Iglesia que un Papa llama al pleno de los obispos de un país a viajar a la capital del mundo católico y les pide dimitir (tras Irlanda y EE.UU).

Al cierre de esta edición ya han sido aceptadas cinco renuncias: Alejandro Goic (Rancagua), Gonzalo Duarte (Valparaíso), Cristián Caro (Puerto Montt), Horacio Valenzuela (Talca) y Juan Barros (Osorno); los dos últimos ligados al círculo personal y —acusan los denunciantes— parte del entorno que protegió y conoció de cerca las perversiones de Karadima.

Pero todavía falta. “Por mí que salgan todos, debiera haber una renovación total, aunque entiendo al Papa y de hecho lo conversamos largamente: él quiere sacar a la mayoría pero no puede hacerlo de un día para otro, porque el daño ha sido tan brutal que es muy difícil encontrar gente buena para reemplazarlos, ¡es tremendo! Por eso está poniendo administradores apostólicos, porque no confía”, reconoce Juan Carlos Cruz.

El mismo año en que Cruz, Murillo y Hamilton hicieron pública su historia, crearon también la Fundación para la Confianza. Como nunca en estos ocho años las denuncias han ido en aumento; a las acusaciones contra sacerdotes —ya de distintas órdenes y diócesis— se han ido sumando casos en colegios y hogares. Hoy se han hecho cargo de defender a los menores internados en los distintos centros del Sename y crearon un observatorio que monitorea de cerca su situación.

En lo económico, sustentan su independencia apoyando a los colegios en la validación de sus sistemas de prevención de abuso sexual infantil. “Hemos ido desarrollando una metodología de análisis y acciones de intervención que resultan muy útiles para las comunidades escolares. Se busca prevenir el abuso, pero también detectar situaciones de vulneración y crear herramientas en el contexto mismo de cada colegio, para intervenir de manera oportuna y adecuada. Es importante porque es la única manera en que podemos continuar entregando asesoría gratuita a los más de 500 casos de abuso sexual infantil que recibimos anualmente en nuestra fundación”, explica José Andrés Murillo, presidente del organismo, donde también se dictan diplomados especializados para entender el fenómeno abusivo y contar con herramientas de intervención. “Todo esto desde el paradigma que como fundación hemos construido, que es el de la confianza lúcida, es decir, no minimizar el abuso, por un lado, pero tampoco volvernos paranoicos. Se trata de una lucha desde la lucidez”, afirma.

En estos días la entidad firmó un convenio con el ministerio de Educación para actualizar la Política Nacional de Convivencia escolar. El convenio, de tres años, busca poner énfasis en buenas prácticas entre los distintos integrantes de la comunidad educativa.

Este 2018, además han asesorado a las mujeres que aseguran haber sido acosadas laboral y sexualmente por Nicolás López y Herval Abreu. Así, el número de personas que recurren a ellos suma y sigue: de 500 en el 2017, proyectan terminar este año con 700 casos. Y aunque han enfrentado episodios duros, como el robo de computadores en los días en que CARAS realizaba este reportaje, no descansan. Entre sus logros: la “Ley no me preguntes más” (que termina con la revictimización de los menores al tener que detallar una y otra vez sus abusos en los procesos judiciales) y la “Ley de imprescriptibilidad”.

En este reportaje, dan cuenta de sus nuevas luchas, las personales, marcadas por sus propias historias. El objetivo es uno: que Chile ponga fin a una larga y prolongada cultura del abuso.

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JAMES HAMILTON: ‘El abuso infantil tiene que ser un asunto de salud pública’

“Lo que pase con los obispos, cuánto se demoren en salir, es algo que me tiene sin cuidado; las cosas tomarán su tiempo. Para mí lo verdaderamente urgente es que el Estado se preocupe de los niños que han sido abusados, de las personas que han vivido eventos traumáticos en su infancia. Es fundamental que en Chile comience a operar la Ley de imprescriptibilidad con retroactividad”, dice el médico cirujano de la Clínica MEDS de La Dehesa, en lo que hoy es una batalla personal. Junto a otros reconocidos profesionales —como la sicóloga Vinka Jackson, los abogados Juan Pablo Hermosilla, Pablo Becerra y Nicolás Espejo—, James Hamilton ha ido al Congreso Nacional en Valparaíso para exponer sobre un asunto crucial y que, como lo describe en esta entrevista, ha estado lejos de ser considerado como un asunto de Estado, a pesar de sus repercusiones en la salud pública.

“Poco se habla de esto en Chile, pero la expectativa de vida de una persona que ha sido abusada en su infancia es 20 años menor que el promedio, y no necesariamente por la alta probabilidad de suicidio (que es 200% mayor), sino porque el abuso infantil desencadena a lo largo de la vida una serie de enfermedades orgánicas”. El especialista indica que esto se inicia por la atrofia de áreas cerebrales, donde además el efecto orgánico del trauma se puede transmitir de manera epigenética, al igual que otra serie de patologías, “por lo que tus nietos pueden vivir las consecuencias del abuso que sufriste cuando niña, desencadenando diabetes, infartos o depresión… El abuso es el mayor problema de salud pública que existe hoy en Chile y el mundo”. Y así lo manifestó en su presentación ante el Senado que dejó perplejos a los parlamentarios.

Hamilton lo ha estudiado por años, y se respalda en datos científicos recientemente publicados, como el que hace poco llevó en portada la revista Science, y que destacaba la importante investigación de un experto mundial en genética quien, utilizando una muestra de 13 millones de individuos, y tomando a cinco generaciones, determinó que los padres (la herencia genética) sólo influye en el 30% al momento de proyectar la expectativa de vida; el resto (“nada menos que el 70%”) la da el ambiente en que una persona se cría a lo largo de su historia, “donde influye el maltrato y el bullying como eventos fundamentales”.

Gran parte de los efectos que se producen tras experimentar situaciones traumáticas durante la niñez ocurren principalmente en el cerebro. “Hasta los 5 años las neuronas se multiplican y desarrollan, pero luego viene la preadolescencia y estas bajan de forma natural y la comunicación entre ellas aumenta. En una persona que ha sufrido abuso infantil la cantidad de neuronas es menor, y eso es por el cortisol y la adrenalina que produce el trauma. A su vez, también se deteriora la corteza prefrontal, que es donde se desarrolla la comunicación, la empatía y la inhibición de conductas de riesgo. Es lo que sucede, por ejemplo, con los niños que ingresan al Sename y después van a la cárcel: caen en violencia, situaciones de peligro, en hipersexualidad, drogas”.

Este médico compara dos imágenes tomadas mediante Spec (resonancia magnética con estímulo visual dirigido a la corteza occipital): “Aquí tienes a una persona que ha sufrido estrés traumático durante su infancia: todo desordenado; se parece al Spec de un consumidor de cocaína, donde el volumen del hipocampo (que controla la memoria, las emociones, la percepción témporo-espacial) está reducido de manera significativa. Esto es por el estupor que genera una sensación vital de que te vas a morir, que te cae un edificio encima, es lo que siente un niño al que están abusando, cuando un padre de 90 kilos le cae encima y lo viola. Eso es estupor, que daña el cerebro y la memoria pierde capacidad de registro, de ahí el bloqueo de los recuerdos. Y cuando la amenaza además es constante, de todos los días que un niño sufre abuso sexual, golpes o peleas en su casa producto de drogas, alcoholismo o violencia, es tan fuerte el impacto que el niño queda en situación de permanente alarma, y por efecto de la liberación de adrenalina y cortisol, el cerebro se daña. Imagínate a lo largo de los años…”.

Para Hamilton se trata de una lucha personal, y apoyándose nuevamente en su visión científica, observa: “¿Qué otras situaciones de permanente amenaza existen a lo largo de la historia? La esclavitud y la tortura. Ambas corresponden a violaciones a los DDHH, de ahí que el delito debiera ser inextinguible, una causa de lesa humanidad, aquí se funda nuestra pelea por la imprescriptibilidad. Mi alegato entonces es que los eventos traumáticos de la infancia son nada menos que un asunto de salud pública y un derecho que debiera estar consignado a nivel constitucional. Saber que puedes denunciar es muy reparador para la salud mental y física, y eso está estudiado”.

Hoy James Hamilton, apoyado en el equipo de Fundación para la Confianza, ya ganó su primera batalla: el pasado 3 de julio el Senado aprobó por unanimidad la imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores. Al cierre de esta edición, vencía el plazo para que los senadores realizaran las indicaciones al proyecto, para luego ser analizadas por las Comisiones de Constitución y la Especial encargada de tramitar proyectos de ley relacionados con los niños, niñas y adolescentes. Uno de los puntos clave sería la retroactividad de la norma. Hamilton afirma: “Debiera ser retroactiva, lo que no tiene que ver con la pena sino con el derecho de la víctima, de manera que cualquier persona que fue abusada pueda, cuando se sienta capacitada física y mentalmente, denunciar”.

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JUAN CARLOS CRUZ: ‘El encubrimiento no prescribe’

“No siento odio, ni rabia… Nosotros abrimos un camino que hoy también pueden tomar otras personas, y eso ha hecho que valgan la pena todas las molestias, los dolores y los malos ratos. Lo haría mil veces más si puedo ayudar a otras personas. Si muero mañana, por lo menos dejé una marquita, un mundo mejor para mis sobrinos, para la gente que quiero”, asegura visiblemente emocionado el periodista Juan Carlos Cruz. Hoy levanta su bandera para que los sacerdotes abusadores y los encubridores paguen con penas efectivas.

“El encubrimiento no prescribe”, afirma sobre un tema que por estos días abre una luz de esperanza para las víctimas de abuso eclesial cuyas causas hoy están extinguidas para la Justicia.

Uno de los primeros en instalar este tema fue el abogado Juan Pablo Hermosilla, parte del directorio de Fundación para la Confianza y representante de Cruz, Murillo y Hamilton, entre otros, quien ha insistido en la tesis de una política sistemática de encubrimiento por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica frente a los delitos de abuso sexual.

En estos días, el propio fiscal regional de O’Higgins, Emiliano Arias (quien investiga una red de abuso y encubrimiento en Rancagua, así como el caso del ex canciller de la Iglesia, Óscar Muñoz), asegura que incluirá el encubrimiento como un delito a perseguir y penalizar. Con penas efectivas que van desde los 3 hasta los 10 años de cárcel. Cruz enfatiza al respecto: “En vista de todo lo que hoy estamos presenciando, con esta cultura del abuso y del encubrimiento instalada en Chile, debieran aumentar las penas. Aquí imperó durante mucho tiempo una justicia paralela (se refiere a la ley canónica), que llamaba ‘faltas o pecados contra el sexto mandamiento’ lo que en realidad son delitos y crímenes; los castigaba con una vida de penitencia y oración, es decir, un castigo dorado”, sostiene este periodista, quien ha liderado la ofensiva comunicacional en contra de la curia chilena desde Estados Unidos, donde reside actualmente.

En los días en que se desarrolló este reportaje, Cruz —quien se encontraba visitando a sus familiares en Chile— se reunió con el fiscal Arias. “Me alegra que existan fiscales que quieran actuar no sólo contra abusadores sino contra esta mafia corrupta de los obispos chilenos. Sería una maravilla ver desde Errázuriz a Ezzati y a varios obispos tras las rejas”, afirma sin temor.

—¿Hay pruebas que demuestren que ha habido una cultura de encubrimiento?

—El propio Papa habló en la carta que le envió a los 31 obispos —y que se filtró a los medios tras su visita al Vaticano— de destrucción de pruebas. Por cierto que los obispos no querían que esa carta se hiciera pública porque era muy favorable a las víctimas (desde el punto de vista legal), pero el Papa dijo: o se conoce entera o nada, y como no quisieron, entonces misteriosamente se filtró. Agradezco a quien lo haya hecho.

Cruz explica que no se trataría sólo de destrucción de pruebas, también de mecanismos sistemáticos de silenciamiento, como trasladar a los responsables de parroquia, de diócesis o hasta de país; y acallar a las víctimas mediante amenazas o pagos. Asegura que serían estrategias que también estarían presentes en el caso del ex canciller de la Iglesia, Óscar Muñoz.

“Evidentemente que Errázuriz, Ezzati y los obispos auxiliares tenían conocimiento de que este señor era un abusador y, sin embargo, ahí estaba de canciller en el Arzobispado. Es espantoso, tomaba las denuncias de gente como nosotros y después abusaba de niños; hay antecedentes de que esto venía al menos desde 2002. No sé si exista palabra que pueda definir el asco y la rabia que me produce este hombre al igual que los obispos de Chile. ¡Cuánto daño y dolor han provocado! Esto no tiene perdón de Dios”.

A los allanamientos efectuados en la sede del Tribunal Eclesiástico de Santiago y del Obispado de Rancagua a mediados de junio, liderados por el fiscal Emiliano Arias, se suma la solicitud por parte del fiscal Guillermo Adasme (quien investiga el Caso Maristas) de que el Vaticano aporte los informes que realizaron los enviados papales Charles Scicluna y Jordi Bertomeu. Aunque estarían bajo protección del llamado secreto pontificio.

Juan Carlos Cruz suma el trabajo realizado por la jueza Jessica González, quien en 2011 acreditó los abusos de Karadima (sobreseyó la causa porque los delitos estaban prescritos). En su sentencia, redactó en detalle cómo los cardenales y obispos auxiliares bloquearon las denuncias. “Fue muy sabia al documentarlo; ahora ese trabajo se pueden utilizar en futuros juicios”. Cruz agrega: “Con que Errázuriz y Ezzati pasen un solo día en la cárcel para mí sería un triunfo enorme”.

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JOSÉ ANDRÉS MURILLO: ‘Necesitamos una ley de protección integral para los niños’

Después de casi 20 años de lucha por imponer su verdad frente al ex párroco de El Bosque, Fernando Karadima, hoy el filósofo José Andrés Murillo está jugado por que los niños cuenten con una ley de protección integral que cautele sus derechos.

“En Chile existe una cultura abusiva que ha ido quedando al descubierto con los años. Hoy recién estamos atreviéndonos a llamar abuso a las violaciones a los derechos de las personas, encubrimiento para referirnos a las operaciones de silenciamiento. Durante mucho tiempo aquí las cosas no se decían por su nombre, ‘jurel tipo salmón’. Por ejemplo, todos sabemos que en el Sename existen violaciones a los DDHH, sin embargo, hemos vivido una suerte de anestesiamiento ante el abuso sexual, una cierta indolencia frente a este tipo de situaciones que son humanamente inaceptables”, asegura el filósofo y presidente de la Fundación para la Confianza, José Andrés Murillo.

Su principal pelea es que Chile cuente de una vez por todas con una Ley de Protección Integral Infantil, que haga efectiva la Convención Internacional de los Derechos del Niño: “Primero con mecanismos que garanticen estos derechos, con llegada territorial, fortaleciendo a las actuales OPDs (Oficinas de Protección de Derechos), dándoles autonomía respecto de las Municipalidades, y que existan en cada rincón de nuestro país, tal como ocurre con las del SII o la Dirección del Trabajo, donde los sindicatos levantaron la voz y consiguieron que el Estado protegiera sus derechos ante un posible abuso económico o laboral. Pero los niños no tienen sindicatos, no salen a la calle a marchar, y no obstante el respeto a su integridad debiera estar por sobre todo. Ese es nuestro rol, ser voz de los que no tienen voz, de los que han sido sistemáticamente silenciados, invisibilizados y que sin embargo tienen que seguir viviendo”.

Murillo, visiblemente molesto, agrega: “Hace un tiempo hablamos con los encargados de la oficina de fiscalizaciones del Sename respecto de cómo evalúan el cumplimiento de los derechos del niño, ¿y qué nos dijeron?: ‘Ah, eso nunca lo hemos pensado’, que lo que ellos evalúan es el cumplimiento de las bases de licitación y las platas. Punto”.

En 2016 la Unicef publicó un duro informe respecto de la situación de los niños en el Sename, dando cuenta de un total de 185 muertos bajo la protección del Estado, contradiciendo las cifras dadas por el gobierno, bastante menores. El organismo recomendó la aplicación de una serie de medidas urgentes. “Nosotros en su momento también quisimos averiguar con exactitud cuántos niños han muerto bajo el supuesto cuidado de esta institución ¡y no sabían! Se hablaba de ‘stock’, una total falta de humanidad. Sé que hay gente muy comprometida en el Sename, pero sigue siendo una tierra indómita, atravesada por poderes ocultos que se resisten a un cambio verdadero y que apunte a los derechos de los niños en primer lugar. Cuando ocurre un caso terrible se buscan chivos expiatorios: sacar a la ministra o al director. Claro que existen responsabilidades políticas y alguien tiene que responder, pero quedarnos nada más que con eso no lleva a un cambio de estructura. Es un cambio que sólo es posible si se lleva una estrategia en todos los planos: leyes, medios de comunicación, redes sociales, justicia. Educar en la empatía y no únicamente en matemáticas. Formar para cuidar y no solo para rendir. Terminar con la indolencia que nos corroe como sociedad”.

“Yo de chico iba a hogares de niños, trabajaba con ellos, me dolía; por eso quería ser cura; y lo que me hace trabajar en la fundación hoy es lo mismo que me motivó a querer ser sacerdote. Pero me di cuenta de que en la Iglesia se fueron aceptando situaciones de vulneración y eso sigue la misma lógica de las ideologías sectarias, políticas, totalitarias”.

Murillo realizó un magíster en Sociología del Poder en la Universidad de París, “para aprender sobre este fenómeno, desarticularlo y comprender por qué consideramos que es abusivo con los más débiles, a veces de forma sutil, y otras socavando tu libertad. El sometimiento sicológico, el abuso de conciencia. Y como somos un país súper legalista, si no es un delito entonces está permitido. Hay que entender que en toda situación asimétrica hay tres partes: el que tiene el poder y ejerce la fuerza, la víctima y los terceros que son los que observan, callan y amparan. En toda lógica de la violencia hay un tercero, no sólo dos partes. Nosotros hemos desarrollado un mapa teórico del abuso sexual infantil. Como dice un autor especializado, un mapa de precondiciones del abuso: una persona, para que abuse sexualmente, tiene que tener un objeto de deseo sexual hacia un niño; luego, estar dispuesto a pasar al acto; también hay que encontrar la ocasión, superar las barreras internas, sociales, del contexto (familia, colegio, parroquia). Son precisamente estas últimas las que debieran impedir el abuso, mediante imposiciones éticas y también formales, a través de protocolos, sistemas, etc. Es fundamental un marco ético además del legal o administrativo”.

“Por eso acá en la fundación siento que estamos cambiando el mundo. Hace diez años había muy pocos profesionales especializados en abuso (abogados, filósofos, sicólogos). Ahora, por suerte, somos más. Nosotros mismos nos dedicamos a formar de manera especializada en estos temas. Con emoción te digo que estoy tan orgulloso de lo que hacemos aquí. Nos faltan recursos porque las víctimas son miles y los servicios que apoyan son poquísimos, pero ya lo lograremos”.