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Archive for June, 2018

Máximo Pacheco: “No estoy en ningún concurso”

Posted on: June 21st, 2018 by Lenka Carvallo

El exministro de Bachelet y uno de los mejor evaluados de su gobierno se encuentra recorriendo Chile, dando charlas y partiendo donde lo inviten para hablar de su libro: Revolución Energética.

Un trabajo de más de 600 páginas y que escribió con otros 14 especialistas del área y donde cuenta su experiencia como titular de la cartera y sobre todo las lecciones para generar el salto cualitativo como país desarrollado. Todo mediante una pluma ágil porque, confiesa, le gusta escribir. En el lanzamiento en el Salón de Honor del Congreso Nacional en Santiago, no cabía ni un alfiler; muchos se quedaron fuera, como Ricardo Lagos Weber, Bernardo Matte Larraín, Rodrigo Valdés, Marta Lagos o la periodista Andrea Vial, por mencionar sólo algunos, mientras que adentro, el libro era presentado por Michelle Bachelet, el parlamentario del FA Gabriel Boric, el empresario Juan Antonio Guzmán y el senador PS Carlos Montes.

Con tan amplia y transversal convocatoria, muchos vieron este evento como el despegue de Máximo Pacheco como líder de la hasta ahora desarticulada coalición opositora. Otros, los más agudos, la tienen clara: ese fue el punto de partida de la precandidatura presidencial de este socialista, ex Mapu, ex ejecutivo de la multinacional International Paper —y que lo tuvo 10 años viviendo en el extranjero—, e hijo del jurista y diplomático Máximo Pacheco Gómez; mientras que por el lado de su madre, Adriana Matte Alessandri, lleva genes presidenciales: es bisnieto de Arturo Alessandri y sobrino nieto de Jorge Alessandri.

En el gobierno pasado se convirtió tal vez en el único del gabinete que logró mantenerse firme en su cartera, ajeno a los conflictos políticos, económicos, sociales y, sobre todo, internos; apoyado tanto por los empresarios y líderes de la centro-derecha como por Bachelet, a quien defiende de forma irrestricta tanto a nivel político y, muy especialmente, como amigo. Con todo, Pacheco dice que no está en ningún concurso, tampoco en campaña, aunque no niega los rumores que ven en la actitud “energética” que ha desplegado en el último tiempo exista un objetivo presidencial.

“Me alegra que se vea así —admite—. Reconozco que quiero contribuir al debate y a lo que pueda ser el diseño de nuestras propuestas de políticas públicas, de visión de país, en este nuevo Chile. Y creo haber hecho un esfuerzo claro en esa dirección, porque no sólo impulsamos la revolución energética, sino que tenemos un libro de 600 páginas que se está agotando su primera edición. Estoy comprometido a ser un aporte para el mejoramiento de la política y diseñar las propuestas para el Chile del futuro”.

Generalísimo de la candidatura de Ricardo Lagos —quien fue prácticamente ignorado por el presidente del PS, Alvaro Elizalde, y que en votación secreta optó por respaldar a Alejandro Guillier, lo que habría marcado una clara fisura en la relación—, Pacheco no duda en reconocer que la presidencial “fue una derrota superior a todo lo que imaginamos”.

—¿Con Lagos habría sido menos estrepitosa?

—No sé, sólo puedo decir que Piñera ganó ¡por más de 10 puntos! Una derrota rotunda, categórica, que nos obliga a mirarla y no hacerle el quite.

—¿Cuál es su mea culpa?

—Descuidamos la economía; no me referio al valor de la UF, el tipo de cambio o lo que pasa con la Bolsa, sino de cómo la gente llega a fin de mes con sueldos tan bajos; porque en Chile los sueldos son malos; eso explica las bajas pensiones y los altos niveles de endeudamiento. A mucha gente le cuesta llegar a fin de mes. Eso lo planteé en el Comité Central del PS, porque es el partido de los trabajadores.

—¿Lo dijo cuando estaba en el gobierno? Porque hubo tres ministros de Hacienda, dos de Economía, y se le regaló ese terreno a Piñera.

—Piñera llegó a ser gobierno con dos ideas muy claras: que cuando fuera electo habría mejores sueldos y también más empleos, mientras que con Guillier nos convertiríamos en Venezuela. Dos conceptos muy básicos que le permitieron derrotarnos ampliamente.

—Sin embargo, fueron cuatro años en que Chile creció al 1,7% ¿qué pasó ahí?

—Esta es una economía extraordinariamente abierta, pequeña y dependiente de la actividad internacional.

—¿La teoría de la mala pata de Eyzaguirre, entonces?

—No, no es mala pata. Necesitamos estar menos expuestos a los ciclos del cobre, por eso hay que devolverle competitividad a través de una revolución energética, pensar en una matriz productiva con mayor valor agregado, un estado que dé un nuevo impulso a la investigación y desarrollo para terminar con la dependencia.

—¿Qué más cree que falló?

—Creo que no fuimos capaces de leer bien la profunda transformación que nosotros mismos impulsamos y que convirtió a Chile en un país de clase media. Tenemos un problemón si no nos hacemos cargo.

—Hasta ahora el que ha sabido interpretar mejor el fenómeno es Sebastián Piñera.

—Pero ojo, en los temas valóricos, como el feminismo, la centroizquierda cuenta con una mayor sintonía frente a una derecha conservadora, reaccionaria, patriarcal y oligárquica. Eso es porque permanentemente hemos impulsado avances en igualdad para la sociedad.

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—Aunque tal parece que en las últimas elecciones a la gente le importó más la economía que los temas valóricos.

—Lo discuto. ¿Por qué tenemos hoy gratuidad en la educación superior? Este país casi se incendió, se levantaron fantasmas atroces por parte de la centroderecha, hasta la segunda vuelta presidencial terminaron los dos candidatos (Piñera y no sólo Guillier) apoyando el acceso sin costo. ¿Por qué tenemos la interrupción del embarazo en tres causales? Entre los conservadores de la derecha se llegó a decir que había unos en favor de la vida y otros de la muerte. Y de repente una idea que era nuestra hoy cuenta con apoyo mayoritario de la sociedad. ¿Por qué tenemos revolución energética en Chile, no se nos dijo acaso que las fuentes renovables eran para los países ricos porque ellos contaban con subsidios? Pamplinas: empezamos con 6% de generación eólica solar y tras 4 años quedamos en 20%. No estoy de acuerdo con que nuestras ideas sean fallidas; tenemos mucho que construir todavía y hemos hecho una tremenda contribución en el plano de las ideas y en la lectura del tipo de sociedad.

—Sin embargo, lo que campea hoy en su sector es la falta de propuestas, donde la vigencia está puesta en los reclamos frente al TC para marcar algunos puntos. ¿Ve realmente ideas, liderazgos?

—Ser de oposición significa fiscalizar, hacer contrapeso, debatir, cuestionar. Entonces que esta posición sea fiscalizadora me parece muy sano, deseable y propio de un sistema democrático.

—Usted dice que las ideas del feminismo pertenecen a la centro izquierda, sin embargo, en el Frente Amplio también trataron de arrogarse el derecho y las mismas líderes del movimiento lo rechazaron por considerarlo una actitud patriarcal.

—Hoy, más que apropiarse de esos movimientos hay que ser capaces de crear una concertación de actores, porque tenemos intereses, ideas comunes que compartir. Unico hombre entre seis hermanas, padre de cuatro hijas y con tres nietas mujeres —que lo deja a él y a uno de sus nietos como los únicos hombres del clan—, Máximo Pacheco sigue con interés la evolución del movimiento feminista.

“Me siento muy cómodo en esta sociedad, donde las mujeres están haciendo un esfuerzo serio para terminar con el patriarcado y la idea de que su rol es cuidar de los niños y de los viejos. Hay un nivel de abuso de poder inaceptable… Vi las fotos del directorio de Codelco ¡puros hombres! Qué vergüenza que la empresa número uno de Chile no cuente con mujeres en su directorio, cuando ellas componen la mitad del país”. Asegura que mientras estuvo en el gobierno pudo ver el maltrato que sufrió la Presidenta Michelle Bachelet.

“Siempre me pareció una expresión de esta sociedad, tan clasista, elitista, descalificadora y machista el trato que ella recibió. Me parecía repulsiva la forma en que se la trataba, no sólo en el campo de las ideas sino que en lo personal; los motes que le ponían nunca se han visto en el caso de los presidentes hombres. El Presidente Piñera se destacó por el maltrato permanente hacia ella. Tenemos que cuidar el lenguaje y mientras más alta es la responsabilidad que uno tenga, más cuidadoso hay que ser, porque estamos en proceso de mutación cultural”.

Y agrega: —Siento un profundo aprecio por la Presidenta Bachelet, en gran parte por su valentía, y no tengo ninguna duda de que vio deteriorada severamente su calidad de vida al aceptar volver a Chile para ser candidata presidencial. Por razones profesionales —y porque una de mis hijas vivía ahí—, debía viajar casi todos los meses a NY; conversaba mucho con líderes de opinión americanos e internacionales y constantemente me pedían que tratara de convencerla de que se quedara en EE.UU. porque ella iba a ser la próxima secretaria general de Naciones Unidas. Me lo dijo gente de primer nivel que sabía que conocía y hablaba con la Presidenta.

—Y a usted, de cara a una posible carrera presidencial, ¿no le juega en contra provenir de una elite? Hoy la gente quiere figuras nuevas, como Camila Vallejo, Gabriel Boric o Giorgio Jackson.

—La gente tiene todo el derecho, yo no estoy en ningún concurso en este momento, simplemente estoy intentando compartir mis experiencias, mis ideas y en eso me he sentido muy bien tratado y escuchado, principalmente por jóvenes en todo Chile. Francamente, no tengo el problema que señalas.

¡Tu semana según Pedro Engel!

Posted on: June 21st, 2018 by Pedro Engel

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Camila Gallardo: El futuro por delante

Posted on: June 20th, 2018 by Sebastian Cerda

Si hay algo que no ha caracterizado a los programas buscatalentos de nuestra televisión, es el lanzamiento de nuevas figuras que verdaderamente vengan a decir algo en el panorama musical local. Si revisamos nombres, quizás María José Quintanilla y Mon Laferte puedan llegar a considerarse una excepción, si no fuera porque el devenir de sus carreras transformó al paso por “Rojo” en un antecedente de muy limitada influencia, y del que incluso era atendible renegar. Denise Rosenthal y Augusto Schuster, en tanto, son harina de otros costales televisivos (“Amango” y teleseries varias) que en su desarrollo no sólo supieron dejar atrás, sino además fuera de contexto.

Pero quizá este 2018 esté trayéndonos finalmente la excepción a esa regla, de la mano de Camila Gallardo. Una figura que logró planear durante al menos dos temporadas gracias al impacto que significó su paso por “The Voice”, aunque sin nuevos antecedentes sustanciales que resaltar durante el mismo período. A punta de redes sociales, campañas publicitarias, y una adecuada comprensión del impacto que hoy tienen los sencillos en desmedro de los discos, la cantante supo equilibrar la rentabilización de su popularidad con la necesidad de que el agua circulara bajo el puente, de modo que olvidáramos lo justo y recordáramos lo preciso.

Pero hoy ya es tiempo de que la artista que será de aquí en más definitivamente salga del cascarón, y es lo que Gallardo logra de forma meritoria en “Rosa”, el álbum que acaba de editar bajo el seudónimo de Cami. En diez canciones, la cantante demuestra definición, norte y tranquilidad para encontrar su lugar, ahuyentando el apuro que antes ha terminado en decenas de producciones ya olvidadas, entre quienes buscaron emerger por la vía de la pantalla chica.

“Rosa”, en cambio, ofrece cierta unidad a partir de aquello que Gallardo ha terminado por elevar como uno de sus mayores atributos, y que no es otro que la naturalidad. Fue su registro más identitario que asombroso, y su estampa fresca antes que artificiosa, los que terminaron por transformarla en verdadera referente millenial, y son precisamente esas cualidades las que ahora son aprovechadas en piezas de inspiración acústica, femenina e íntima.

Por cierto, aquello no se refiere únicamente a canciones lentas, desenchufadas y fogateras (que las hay), sino a un marco referencial, una esencia y un estado de ánimo que impregna incluso al lado más movido de su repertorio. Ahí conviven temas que miran de reojo al rock (“Antorcha”), pop florido y jovial (“Toditas por ti”) e incluso una pieza de costado urbano (“No es real”), aunque libre de los excesos que suelen caracterizar a ese género, además de difícilmente bailable.

Lo predominante, en tanto, son canciones algo más pausadas y sentimentales, que oscilan entre lo folclórico y lo romántico, lo melancólico y lo esperanzador, con espacio abierto para la reverencia vintage que impera en buena parte de la escena femenina latina (“Pa callar tus penas”). Temas populares pero no clichés, que permiten que reluzca la autenticidad del registro de Gallardo, y ese color que la distingue en un universo con tendencia a la homogeneidad.

Una voz que, en definitiva, navega prácticamente sola, y que por lo mismo no queda más que liberar y aprovechar: Arroparla con los elementos justos y pertinentes para que brille y destaque, descartando rutas innecesarias que arriesguen opacarla. Y así, como insinúa “Rosa”, el futuro puede transformarse en un territorio absolutamente abierto, pero en el que ya comienzan a vislumbrarse los cimientos de una carrera que, seguro, dará mucho que hablar.

Rodrigo Figueroa, siquiatra asesor del Nido de Águilas: “Los niños son objeto de acoso en las redes”

Posted on: June 20th, 2018 by Paula Palacios

“La comunidad escolar está conmovida y de duelo”, asegura Rodrigo Figueroa, jefe de la Unidad de Trauma y Disociación de la Escuela de Medicina UC, hoy a cargo del equipo externo que asesora el manejo de crisis del Nido de Aguilas.

Por ello, asegura, desde el primer momento el colegio se organizó para que el grupo interno de sicólogos fuera apoyado por un equipo externo, en este caso liderado por Figueroa, quien ha puesto el foco en la contención de los alumnos. “Ellos no lo están pasando bien, han perdido a una compañera, a una amiga, de una forma muy violenta y es muy doloroso de enfrentar. Además, a esto se agrega el simplismo con que algunos medios han abordado el tema. El suicidio es una decisión extrema y muy compleja, que no se puede atribuir a una sola causa. Por lo mismo, ante esta interpretación reduccionista, los niños son objeto de acoso en las redes sociales por parte de adultos que los insultan y agreden. Es paradójico que se pretenda criticar el bullying atacando y acosando a través de redes sociales”.

—¿Qué ha detectado sobre el bullying de que habría sido víctima Katy Winter, según acusan sus padres?

—De acuerdo a lo recabado internamente a la fecha, no se ha detectado bullying en contra de Katy, entendido como un hostigamiento sostenido en el tiempo de parte de otros alumnos en situación de mayor poder; eso no lo hemos identificado. Tampoco existen registros de denuncias al respecto. Problemas puntuales de convivencia sí, pero los propios a cualquier adolescente. Entendemos que el fin de semana largo previo a su muerte hubo un hecho puntual de ciberbullying en redes sociales, pero no hemos tenido acceso a ese contenido porque ocurrió en una red social cerrada y que, además, ya no está disponible en la web.

—¿Cuáles han sido las medidas de contención que han adoptado para la comunidad y para los compañeros de Katy?

—Han sido varias las líneas de trabajo que hemos implementado. En primer lugar, efectuamos más de una decena de presentaciones y sesiones de sicoeducación sobre salud mental y suicidio adolescente, dirigidos a apoderados, alumnos, profesores y sicólogos del colegio. Son muchas las interrogantes y miedos que se desencadenan tras una decisión tan dramática. Por eso estamos revisando las estadísticas sobre suicidio adolescente, sus factores de riesgo, señales de alarma, cómo conversar de este problema con los hijos, y cómo ayudar a los pares. La sicoeducación contribuye a sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de hablar de este tema, detectar el riesgo y pedir ayuda a tiempo. Se implementó también un número telefónico 24/7 de orientación y ayuda, contestado por siquiatras y sicólogas infanto-juveniles, a disposición de la comunidad, alumnos, apoderados y personal del colegio. En tercer lugar, y en coordinación con los sicólogos del colegio y profesores, hemos ofrecido una evaluación de screening cara a cara, en las mismas dependencias de la institución, a todos los miembros de la comunidad escolar que lo soliciten o que se hayan considerado más afectados por esta situación, ya sea por su cercanía a Katy u otras razones. Hemos hecho un esfuerzo permanente por mantener informada a la comunidad escolar acerca de la evolución de esta tragedia, de manera de evitar incertidumbres y mitigar la propagación de rumores. Por último, ya se está planificando un grupo de trabajo para obtener lecciones aprendidas y aplicarlas en la revisión y mejora del currículum y procedimientos relativos a seguridad, ciberbullying, educación socio-emocional y participación comunitaria del colegio. Aunque suene un cliché, creemos que es importante aprender de estas experiencias, crecer, y mejorar con ellas.

—¿Por qué habla de una interpretación reduccionista por parte de la prensa?

—Sorprende constatar cómo algunos medios de comunicación abordan el suicidio de una adolescente como si se tratara de una noticia cualquiera sin consecuencias, exponiendo a los alumnos del colegio, esperándolos a la salida para entrevistarlos. ¿Qué ética hay detrás de ello? De inmediato se victimizó a una comunidad, en particular los primeros días a causa de conclusiones facilistas sin manejar el contexto. En otros países, como en EE.UU. por ejemplo, la Asociación Americana de Siquiatría tiene recomendaciones claras para la prensa cuando se trata de reportear sobre suicidio adolescente. Lo primero, dicen, es evitar simplificar la causa del suicidio porque entrega un entendimiento vago de un hecho muy complejo. Enfatizan en contextualizar y recordar que más del 90% de los casos de suicidio infanto-juvenil se relaciona con problemas de salud mental, que muchas veces no son fáciles de detectar por el entorno cercano. Una presentación de la noticia con exceso de imágenes o descripciones románticas e idealizadas del suicidio, podría contribuir a fenómenos de contagio o imitación suicida, en particular entre los jóvenes. Por el contrario, la misma información, puesta de una manera sobria, integrada y contextualizada, y si además se acompaña de material sicoeducativo, puede ser de enorme bien para todos y propiciar una discusión profunda y enriquecedora sobre un tema tan transversal y complejo como el suicidio juvenil o el ciberbullying.

Reconstruyendo a la Negra Ester

Posted on: June 20th, 2018 by Caras

La alegría del “No” aún desbordaba las calles de Santiago. Y el director Andrés Pérez –quien había llegado de vacaciones con la intención de montar una obra y provisto de todo lo adquirido en el parisino Teatro del Sol, de Ariane Mnouchkine, reunía al elenco de La Negra Ester. Primero en un galpón del Hogar de Cristo, en la esquina de Maruri y Gamero. Y luego en Morandé 850, actual Sala Agustín Siré de la Universidad de Chile.

Willy Semler le había acercado el texto —las décimas autobiográficas de Roberto Parra sobre el amor frustrado de un cantor popular y una prostituta de San Antonio—, que había pasado a sus manos a través de Mario Rojas, fundador del grupo De Kiruza. El año anterior, el propio Semler había intentado dirigirlo, pero no consiguió fondos.

Rigurosamente, Pérez y don Roberto adaptaron la historia. Y los actores, que provenían de diferentes compañías callejeras —entonces no había sitios para hacer teatro y, además, era riesgoso— dieron vida al montaje, que más tarde se convertiría en el más visto en la historia chilena y el único que se ha presentado permanentemente, a lo largo de 30 años. Entre otros: Rosa Ramírez, Boris Quercia, María Izquierdo, el propio Semler, Ximena Rivas, María José Núñez, Horacio Videla y Aldo Parodi. Como Semler no se entendía con los De Kiruza y había trabajado con Cuti Aste anteriormente, este se convirtió en el director musical de La Regia Orquesta, a la que luego se sumaron Alvaro Henríquez y Jorge Lobos.

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“Aunque hicimos la obra en 45 días, ensayamos harto. Eran intensos y estábamos todos en la flor de la edad y la creatividad”, recuerda Rosa Ramírez —quien entonces tenía 34—, en la casona del Gran Circo Teatro, compañía que, desde hace siete años, funciona en Avenida República y que ella encabeza desde 2002, tras la muerte de Andrés Pérez, su ex marido y compañero teatral.

El 9 de diciembre de 1988 se estrenó La Negra Ester en la Plaza O’Higgins de Puente Alto, donde la gente escaseaba y el dinero, también. El espectáculo se trasladó a la terraza Caupolicán del cerro Santa Lucía, a fines de ese mes, y causó sensación. “Yo no me imaginaba el éxito que iba a tener, después de dos semanas en Puente Alto, donde con cueva juntábamos las lucas para movilizarnos. En el cerro, a los pocos días, las entradas se agotaban”, señala Rosa.

Después recorrieron Chile y otros países de América y Europa. “Siempre tuvimos lleno total. Para alguien recién salido de la escuela de teatro, estar viviendo del oficio, viajar, experimentar era un sueño hecho realidad”, comenta Boris Quercia, en la terraza que les brindó tantos aplausos. “Nos creíamos la muerte. Yo decía que éramos la Selección Nacional de Teatro, porque éramos casi los únicos que salíamos a representar teatralmente a Chile, aparte de La Troppa y de Jaime Celedón, con el Teatro del Silencio”, completa Cuti Aste, sentado en la cafetería de la Corporación Cultural de Las Condes, donde, junto con José Martínez, ensaya, en estos días, la obra Asesinato para dos. El verano pasado participó de Pérez de memoria, un homenaje a Andrés Pérez, que se estrenó en el Festival Teatro a Mil.

Durante cuatro años y antes de transformarse en director de cintas como Sexo con amor (2003) y ¿Cómo andamos por casa? —que se estrena en agosto—, y de la serie Los 80 (2008-14) y en escritor de policiales como Perro muerto
(2016), Quercia hizo de Roberto Parra en La Negra Ester. Le impresiona que su papel —que también han representado Sebastián Vila, Iván Alvarez de Araya y Tito Cancino, en la actualidad— esté grabado en la gente. “Creo que es porque se emocionaban profundamente con el montaje. Para mí es muy importante; aprendí muchas cosas que sigo utilizando en mis trabajos”. Igualmente lo marcó Roberto Parra, al punto de que acaba de postular a un fondo del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) para realizar una miniserie sobre su vida, con Daniel Muñoz como protagonista.

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Quercia conoció a don Roberto en la casa de Nicanor Parra, en La Reina. Entonces hizo bocetos que, según cuenta, fueron la base para el maquillaje. “En el estreno, Roberto estaba en primera fila, junto con Nicanor. María José Núñez hacía a Doña Clarisa Sandoval, la madre de los Parra. En un momento, yo digo algo como ‘Ahí viene la vieja’ y Roberto me corrige: ‘¡La mamita!’. Desde entonces, siempre me referí a ella de esa forma”, relata.

Además de un músico y poeta excepcional, para Quercia Roberto Parra fue un gran narrador de los bajos fondos, “capaz de encontrar los más puros y nobles sentimientos en los sitios más estigmatizados por la sociedad”. Precisamente, La Negra Ester rescata eso, con personajes entrañables como La Japonesita (María Izquierdo) y Esperanza (el travesti que hacía Semler), aparte de los protagónicos. “Tiene una identidad poderosa, con figuras que nunca caen en la caricatura de la puta, del borracho o del maricón, y eso lo agradece la gente, hasta hoy”, afirma Rosa.
Influido por el Teatro del Sol —que se nutría, entre otros, del teatro oriental y el Método Stanislavski, en que la verdad se alcanza a través de la profunda emoción del actor—, Andrés Pérez renovó el teatro chileno. “Todos hacíamos todos los personajes: los hombres podían probar escenas de mujeres y las mujeres, personajes masculinos”, detalla Rosa. “Para él, los personajes estaban en el aire, querían contar su historia y uno comenzaba a bucear y, de pronto, se producía el amor mutuo”, agrega. “En los ensayos, uno entraba al escenario en el peak de la emoción, que, de verdad, fluía de tu espíritu. Por eso, por ejemplo, en la obra Roberto aparece bailando, como una forma de mostrar una enorme alegría”, indica Quercia.

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Aste dice que los músicos lloraban en los ensayos. “Eramos espectadores de lo que estábamos haciendo. Tocábamos el tema de amor de Roberto y Ester, que yo mismo compuse, y yo lloraba. Andrés trabajaba la emoción de cerca y les decía a los actores: ‘No, ahora de nuevo, pero de verdad; desde el comienzo, pero de verdad’. Así apareció la Esperanza, cuando Willy (Semler) estaba probando el papel de la Negra. Todo eso era muy bonito, pero la verdad es que siempre hubo controversias”, ironiza. Una de ellas ocurrió la primera vez que el director dijo que Rosa personificaría a la Negra Ester. “Hubo oposición de la compañía. Yo tenía cero ambición por el trabajo, y creo que eso ayudó. De pronto, Andrés insistió: La Rosa va a ser la Negra Ester”, rememora Ramírez.

DISTANCIAS

Con montajes como Epoca 70: Allende, Ricardo II y Madame de Sade, El Gran Circo Teatro se transformó en un referente, pero se fue desgranando con el tiempo, con talentos que entraban y salían. Según Quercia, cuando él se retiró de La Negra Ester, “la intensidad del trabajo y las giras hicieron mella en la convivencia”.

—¿Del tiempo en que Rosa y Boris trabajaron juntos hay alguna anécdota?

—La anécdota es que nunca fuimos amigos. Es curioso, porque trabajamos intensamente. Somos compañeros de oficio—, es la respuesta de Ramírez, quien reconoce que ella “no era el alma de la fiesta de la compañía. Yo iba a trabajar y chao. No tengo cercanía con muchos de ellos”.

Hoy, se notan las distancias. De hecho, la idea de este reportaje era juntarla a ella con Quercia y Aste, pero coincidieron en que se trataba de algo forzado, y cada cual optó por hablar por su cuenta. “En el espacio escénico se armaba una familia, pero en lo extraescénico, yo andaba con mi hija Micaela (Sandoval), que era una niña, y me iba a acostar temprano”, remarca Rosa. Desde 2012, cuando a ella la operaron de una hernia a la columna, Micaela la reemplaza en La Negra Ester. Antes, solo Claudia Pérez hizo una incursión, que terminó por “incompatibilidad de caracteres”, según dijo ella.

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EL BLUES DEL TÍO ROBERTO

Así como el elenco original de La Negra Ester es recordado por su corporalidad y excelencia, otro tanto podría decirse de la banda sonora. Aste —quien tocó 21 años en la obra— dice que se pensó en tres partes: la música incidental, que compusieron él, Henríquez y Lobos; la del tío Roberto, que acompañaba al personaje de Quercia, y las canciones populares.

Al principio, los músicos de La Regia Orquesta tenían dudas, porque ellos eran “vanguardistas” y no querían hacer la cueca “de patrón de fundo, de los Quincheros. Pensábamos que estábamos haciendo una obra costumbrista de folclore, pero cuando vimos cómo el tío Roberto tocaba el jazz huachaca y las cuecas choras, fue otra cosa: blues, rock and roll. Después, en el Unplugged de MTV de Los Tres, Alvarito decidió incluir un par de cuecas y un fox-trot del tío Roberto y dedicarle el disco. Metimos acordeón en el rock, algo rupturista”, declara Aste.

Don Roberto era, según Cuti, un Chaplin mezclado con Cantinflas. “En una gira, en Puerto Montt, se puso a chupar y desapareció como un mes. Vino Angel Parra, desde Francia, a buscarlo. Lo encontró en Chillán. Se había gastado seis millones de pesos de derechos de autor en remodelarle la zapatería a un amigo y la botillería a otro. No le importaba la plata, pero era mañoso con los derechos de autor. Siempre sospechó que lo estaban cagando”.

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En Londres, una periodista le preguntó cómo él, un cantor popular, se había transformado en dramaturgo, de la noche a la mañana, y respondió: “‘Lo que pasa es que yo soy más grande que Shakespeare’. Hubo un silencio generalizado. Andrés Pérez esbozó una sonrisa como diciendo: ‘es una broma’. Y todo el mundo se rió, pero el viejo estaba hablando en serio”, dice Aste.
Al final, después de otro extravío, lo subieron a un avión con destino a Chile. “¡Pero se bajó en Brasil!”.

Hay quienes dicen que el Gran Circo Teatro murió con Andrés Pérez, en la fatídica cama 8 del Hospital San José, donde falleció debido a complicaciones de un VIH. Para Rosa, los 30 montajes que hoy suma la compañía desmienten eso. “Y aún hay mucho público que quiere seguir viendo a La Negra Ester. Es una obra hecha con cariño, por más que nos bombardeen nuestros propios colegas, muchas veces”.

En 200 años más, dice, la gente va a seguir hablando de la obra, de Andrés Pérez y de Roberto Parra. Seguramente, tenga razón.