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Archive for September, 2017

El heredero del grafiti

Posted on: September 29th, 2017 by Marcelo Simonetti

La mañana del 10 de marzo de este año, Giovanni Zamora (26) dejaba en el suelo dos tarros de pintura, junto a la brocha, el rodillo y un spray, y se enfrentaba, manos en jarra, a uno de los muros del callejón Almirante Muñoz, en el corazón del barrio Puerto, en Valparaíso. Sabía muy bien lo que habría de pintar —porque había hecho borradores en su croquera tomando como modelo a su propio hermano, Maximiliano— y, también, aquello que quería transmitir con su pintura.

“Quise mostrar el cotidiano de muchos chilenos que no están conformes con su trabajo. Y que deben vivir en esa rutina, atrapados por una corbata, para luego jubilar y sobrevivir con una pensión que no les alcanza para nada. Ese mural es una invitación a sacarse la corbata, para que nos demos cuenta de que hay cosas que no estamos haciendo bien, cosas que podemos mejorar”, cuenta Giova.

La corbata es uno de los trabajos más representativos de su obra autoral. Justo en la pared de enfrente hay otro: una chica que huye, con un spray en la mano, la boca cubierta, los pechos desnudos. Se trata de un homenaje-crítica a la igualdad de género. Dos días demoro en cada obra. Es rápido, Giova.

Hijo de un padre que dejó la pintura para concentrarse en la ingeniería —había cinco criaturas que alimentar— y sobrino de un tío pintor, Giovanni dibujó desde muy niño. Con ocho años ya tenía nociones de pintura al óleo. La vida lo llevó por los caminos de la sicología, carrera que estudió y ejerció un par de años, hasta que se dio cuenta de que no era lo suyo, que solo quería pintar y vivir del arte.

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“Arrendamos un taller con un amigo. En esos días, la constructora que restaura el Mercado Puerto necesitaba pintar los paneles que rodean los trabajos. Nos facilitaron los materiales y lo hicimos. Así surgió la idea de pintar en la calle, de hacer grafitis, murales, y vivir de eso”.

Giova traía consigo la tradición del muralismo mexicano, muy surrealista; también la influencia de la brigada Ramona Parra —donde hasta el día de hoy colabora— y de las Aztks crew, una agrupación del barrio de Miraflores, de donde aprendió el uso del spray. De ahí que sus obras sean tan particulares, una suerte de sincretismo de estas tendencias, que se grafica en el uso de la brocha, el rodillo (propios del muralismo) y el spray.

“Quiero que las paredes sean el espejo de la sociedad, que la gente pueda verse reflejada en los muros”, dice Giova. A eso ha volcado su trabajo autoral, pero también es a lo que apunta la ONG en la que participa: Valparaíso en Colores. Dirigida por Horacio Silva —el manager del célebre muralista Inti Castro—, esta agrupación promueve un modelo de intervención a través del arte urbano, en el entendido de que la pintura puede cambiar la noción de un espacio, darle identidad e identificación. Es lo que han hecho en los cerros Lecheros, La Cruz y Cárcel.

En el proyecto de intervención del cerro La Cruz, por ejemplo, participó Gerópolis, organismo dependiente del Departamento de Investigación de la Universidad de Valparaíso. Ellos se entrevistaron cara a cara con los vecinos para saber qué querían que apareciera en los muros. Con esa información los artistas realizaron una propuesta que fue aprobada por los vecinos antes de que los grafiteros comenzaran su trabajo.

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Otro caso es el de la calle Atahualpa, en el cerro Cárcel. “Un barrio donde el carrete era bravo. En mitad de la noche, la gente orinaba en la puerta de las casas, rayaban las paredes. Los vecinos decidieron cambiarle la cara al barrio. Entonces hicimos una minga. Nosotros llevamos los materiales y los pobladores prepararon una paila marina para compartir en la actividad. Le cambiamos la cara al barrio en función de los que los propios vecinos querían reflejar en sus muros”, cuenta Giova.

Algunos de estos trabajos colectivos han sido apoyados por empresas privadas, pero también hay encargos de instituciones y particulares que quieren tener un grafiti de Giova en las paredes que los rodean. Como el caso de una mujer del cerro Cordillera que le encargó un retrato de su hijo asesinado. O el director del Liceo Técnico A-24 de Valparaíso, quien lo convocó para restituir un mural que el terremoto de 2010 había arruinado. “Debimos pintar una machi de 13 metros de altura, como una suerte de recuperación de otro mural que había pintado en el mismo lugar Jorge Luis Pajarito, un antiguo muralista. Recuperamos esa esquina, que tradicionalmente ha sido conocida como la esquina de la machi, pero con nuestra estética”.

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Giova sabe que el arte del grafiti es efímero. Que su obra en los muros de la ciudad está condenada a desaparecer por efecto del clima, del paso del tiempo, de las mismas circunstancias de la vida citadina. “Cuando uno pinta en la calle, el muro en el que has trabajado deja de pertenecerte apenas terminas el mural”, sostiene. “Ya no es tuyo, sino de la ciudad. Se pierde el sentido de propiedad de la obra. Lo lindo es que en algunos casos la gente se organiza para cuidarlo, porque ven que esa obra los refleja, porque genera identidad, porque de una extraña manera has conseguido que ellos también estén ahí, en ese muro donde antes no había nada”.

La sombra de Pavarotti

Posted on: September 29th, 2017 by Caras

El 6 de septiembre de 2007 el mundo despedía a una de las voces más famosas de la lírica. Luciano Pavarotti moría a causa de un tumor de páncreas a los 71 años en su casa de Módena, rodeado de su segunda mujer, Nicoletta Mantovani, y de sus cuatro hijas. ‘Big Luciano’, como era conocido en el mundo anglosajón, contribuyó a popularizar la ópera hasta convertirla en un fenómeno de masas.

El peruano Edwin Tinoco, su asistente personal durante 12 años, revela algunos de sus secretos en Pavarotti
y
yo (Editorial Aliberti), donde repasa su vida al lado del tenor italiano. Uno de los recuerdos que permanecen grabados en la memoria del ex asistente es el día en el que conoció al divo. Era 1995 y trabajaba como encargado en un hotel de cinco estrellas de Lima. Pavarotti había acudido a la ciudad para ofrecer un concierto y nada más conocerle le ofreció que se convirtiera en su asistente durante los días que tenía previsto estar en Perú. Un día antes de abandonar el hotel, el tenor le preguntó: ‘¿Cuánto tiempo necesitas para venirte con nosotros?’. “Cinco minutos”, le respondí. “Entonces el ‘maestro’ llamó a otro colaborador y le dijo que preparara mis billetes, que me iba con ellos”, cuenta Edwin. Una semana después de aquella conversación, estaba volando hacia Brasil para reunirse con el cantante del que nunca más se separaría.
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‘Ciccio’ (gordito, en italiano), como le solía llamar Pavarotti, se ocupaba absolutamente de todo. Desde prepararle la agenda hasta hacerle la maleta o responder al teléfono al mismísimo Frank Sinatra. “Ciao, soy Frank. Quiero hablar con Luciano”, me dijo. “¿Pero qué Frank?”, le respondí. “Frank Sinatra”. “Me quedé mudo. No le reconocí. No podía creer que estuviera hablando con él”, cuenta divertido. Eso fue en 1995. Con los años se acostumbró a saludar a otros personajes internacionales como Lady Di, Bill Clinton o Liz Tylor. “Pero quien más me impresionó fue Nelson Mandela. Fue en un concierto de los Tres Tenores en Sudáfrica. Durante el descanso entró en los camerinos y le regaló al ‘maestro’ el libro Un largo camino hacia la libertad, recuerda. “Estrecharle la mano fue increíble. Transmitía una energía que te recorría todo el cuerpo”.

Viajaban alrededor del mundo con decenas de maletas cargadas de aceite, pasta y salsa de tomate. Pavarotti adoraba comer y cocinar. Los hoteles de lujo debían instalar una cocina en la suite para que el tenor se pusiera delante de los fogones. Otra de sus pasiones era jugar a las cartas. Incluso llegó a echar una partida durante la fiesta de su boda con Nicoletta Mantovani. Apasionado por las cosas sencillas, también tenía algunas manías, como dormir en sábanas negras o cubrir las ventanas con papel de aluminio para que no entrara la luz.

Pavarotti consiguió ser el número uno gracias a una afortunada mezcla de talento, esfuerzo y carisma. En 1965 triunfó en el prestigioso Teatro alla Scala de Milán con ‘La Bohème’ bajo la dirección de Herber von Karajan. Un concierto que le abrió las puertas de los teatros del mundo más importantes, como el Metropolitan de Nueva York. Pero su fama adquirió proporciones desconocidas  para un cantante de ópera gracias a su unión con Plácido Domingo y José Carreras en aquel primer concierto de los Tres Tenores en 1990, que se convirtió en un evento musical y mediático. “Cuando se encontraban los tres era diversión total”, recuerda Edwin. “Luego, cuando el ‘maestro’ enfermó, Plácido me llamaba a mí todos los días para saber cómo se encontraba. No quería molestarlo. José vino muchas veces a Italia para visitarlo”.

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Los Tres Tenores fueron un antes y un después en la vida de Pavarotti. Los aficionados recuerdan todavía sus conciertos bajo la Torre Eiffel en 1993 o ante más de 250.000 personas en el Hyde Park de Londres. En 1992 Pavarotti se embarcó en una nueva aventura musical. En ‘Pavarotti and Friends’ el divo italiano se subió al escenario al lado de estrellas del pop y del rock para unir la música ligera a la lírica en favor de organizaciones humanitarias.

El libro de Tinoco ha estado casi cuatro años en un cajón. En 1993 la viuda del tenor, Nicoletta Mantovani, amenazó con una demanda contra el ex asistente para evitar que fuera publicado. “Yo había firmado un pacto de confidencialidad, algo normal cuando se trabaja para un personaje famoso”, explica. “Pero nunca he pretendido hacer daño a nadie. Solamente he tratado de hacer un homenaje a la persona que me cambió la vida. Me parece justo recordarlo en su décimo aniversario. No volveré a hablar nunca más”, insiste.

El libro es un homenaje plagado de anécdotas de la vida cotidiana del ‘maestro’, como se referirá siempre Tinoco a Pavarotti durante nuestra conversación. No ha querido profundizar en la parte más polémica y privada de la vida del tenor, quizás el gran temor de la viuda. La relación de Pavarotti con su secretaria, 34 años menor, era un secreto a voces. Pero unas fotografías de la pareja besándose publicadas por una revista italiana en 1996, precipitó el divorcio de su primera mujer, Adua Veroni, y madre de sus tres primeras hijas —Lorenza, Cristina y Giuliana—, después de casi cuarenta años juntos.

La traición no fue una sorpresa para Veroni, que descubrió la infidelidad de su marido gracias a la confesión de la propia secretaria un año antes. Tinoco rememora el episodio con detalle. Pavarotti actuaba en el Royal Albert Hall de Londres. Mientras la gente tomaba sus asientos y el tenor se preparaba, Adua y Nicoletta se encontraron en el camerino. “Señora Veroni, usted debe saber que las voces que circulan son ciertas: Luciano y yo nos amamos”, dijo Nicoletta a la todavía esposa de Pavarotti. “Adua ni siquiera respondió”, cuenta Edwin, que prefirió salir del camerino en ese momento. En 2003, después de 11 años juntos, el tenor se casó con Nicoletta. Un año antes había nacido Alice, la única hija de la pareja.

—¿Qué relación tiene en la actualidad con las dos familias?

—Con Adua Veroni y sus tres hijas mayores es maravillosa. Me llaman “hermanito”. Con Nicoleta Mantovani nuestra relación era diferente, de mucho respeto, pero diferente. Y digo era porque desde el día que murió el ‘maestro’ no hemos vuelto a hablar.

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La muerte del tenor supuso un tsunami para toda la familia. A pesar de que las hijas del primer matrimonio e incluso su ex mujer estuvieron al lado del divo y de su nueva familia durante su enfermedad, tras su muerte todo precipitó. En una primera versión del testamento Pavarotti dividió a partes iguales su herencia, según marca la ley italiana. El 50% de sus bienes –valorados en unos 200 millones de dólares— los distribuyó entre sus cuatro hijas y el otro 50% fue a parar a su viuda. Sin embargo, la existencia de una segunda versión del testamento, redactada seis semanas antes de morir, y en donde Nicoletta resultaba además heredera universal del patrimonio en Estados Unidos del tenor —tres pisos y diversos bienes por valor de 15 millones de euros— provocó un enfrentamiento con las hijas mayores. Un año más tarde, la primera familia de Pavarotti y su viuda llegaron a un acuerdo que no trascendió. Una década después, las dos familias le han rendido tributo por separado.

En sus últimas voluntades, Pavarotti también tuvo un recuerdo para sus amigos y colaboradores a los que quiso agradecer su lealtad. Tinoco recibió 500 mil dólares y más de 500 corbatas, al igual que su histórica secretaria, Verónica Zeggio. “Nunca me interesé de la herencia, pero las palabras con las que nos reconoció a Verónica y a mí en sus últimas voluntades en el testamento fueron muy bonitas y especiales”, recuerda. El mejor legado que pudo recibir, reconoce Tinoco, es haberle conocido. “Ahora soy agente de cantantes líricos y mi esposa es soprano. El ‘maestro’ me cambió la vida, me enseñó a amar la lírica y una profesión”. Qué más se puede pedir.

CARAS TEMAS: Miss Universo, su lado rebelde

Posted on: September 29th, 2017 by Agustina Martínez

En nuestro país, mujeres como Marcela Bacarezza, Claudia Conserva, Cecilia Bolocco, Tonka Tomicic e Ivette Vergara participaron en Miss Chile, el puntapié inicial para llegar a la competencia del mundo. Pareciera ser una fórmula mágica de una época en las que lindas jóvenes formaban parte de un espacio que las consagraba en lo más alto.

El resto del mundo jugaba esa misma carta. Pero no sólo fue allí sino mucho antes cuando el Miss Universo se posicionó como el concurso de belleza más importante. Desde 1952 en California, los cánones más rigurosos de equilibrio facial y cuerpos 90-60-90 se instalaron en el imaginario colectivo y fue más que eso. Motivo de encuentro, de entretención y de reality, convocaban a familias enteras a mirar lo que pasaba en ese torneo tan maravilloso como inalcanzable.

Con todo, hubo quienes, con el pasar de los años y de las coronas que no fueron tan “leales” a aquello que el concurso indicaba, sino todo lo contrario. Mujeres potentes, con grandes personalidades e irreverentes, decidieron tomar la voz y se convirtieron en casos emblemáticos de coronas en rebeldía con su propio galardón.

La más emblemática fue Alicia Machado, la Miss Venezuela que alcanzó el lugar más alto en 1996. No sólo se polemizó su vida personal, formó parte de realities shows y engordó, sino que se enfrentó a Donald Trump, personaje que en la época en la que ella ganó formaba parte de la organización de este show televisivo y que hoy, veinte años después, es presidente de los Estados Unidos y la llamó “Miss Piggy”.

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Lejos de quedarse callada, la venezolana contraatacó y lo consideró misógino y anticuado. Opinión que comparten muchos y que ella vocifera. Su enfrentamiento fue mucho más político que social porque fue en plena campaña política por alcanzar el sillón de Lincoln, en el que Donald se enfrentó a una mujer (Hillary Clinton) que lo trataba y acusaba, mínimamente, de eso de lo que Alicia declaraba a gritos.

Es la miss símbolo de las rebeldes. De hecho, es la más rebelde de todas. Representa el ícono de la sublevación de las coronadas contra ese sistema de concursos”, comenta Cristián Farías, editor de Glamorama y conocedor del mundo de farándula como pocos.

Con respecto de los dichos del presidente, sostiene: “Me parece absolutamente reprobable lo que dice Donald Tramp. Es un tipo anticuado en todos sus valores y promesas”. Además, Cristián indica que en el enfrentamiento “Lo de Alicia fueron más cosas que se debieron a su personalidad pero que lamentablemente no lo supo encausar políticamente. Quedó como un escándalo y no como una causa”.

Dentro de este espacio de revelación en contra de las reglas tácitas -y no tanto- de esta competencia, se encuentra también Estefanía Fernández, una belleza también venezolana, consagrada en 2009 que supo sacar la voz a favor de la libertad de expresión. Fue así cuando en 2014, Estefania levantó la bandera de la campaña “Sin Mordazas”, en contra del gobierno de Maduro.

A partir de allí, la ex Miss Universo formó parte activa de la militancia de la oposición al sistema fundado por Hugo Chávez. “Lo encuentro espectacular, allí se ve que una mujer puede ser más. Estefanía demostró que era mucho más que sólo esa belleza perfecta. Su mirada política y humanitaria fue súper fuerte”, analiza Farías al respecto.

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Más cerca en el tiempo, en un mundo más abierto y tolerante, aparece la que aún lleva la corona en todos los portales de noticias internacionales, “acusada” de ser lesbiana. Sí, pensando en estos tiempos pareciera ser algo irrisorio aquello de la acusación, pero sigue pasando. Como si fuera la heterosexualidad una condición natural para ganar un concurso de belleza.

Sin embargo, más allá de los comentarios, Iris Mittenaere, la francesa dueña de la corona, vive su vida en total libertad, y se muestra feliz en redes sociales junto a una rubia que podría perfectamente ganar cualquier competencia.

“Sería maravilloso no sólo que fuera lesbiana sino que además el concurso la reconociera como tal. Ella se muestra en redes, eso es un gran avance. Nunca antes había sucedido en estos concursos un caso así. Ojalá la reina vigente pierda el miedo y lo asuma durante su reinado. Sería trascendental”, opina Farías con voces de aplausos.

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“Yo creo que este concurso tuvo su momento de gloria. Pero, lamentablemente se basa únicamente en el cuerpo y en la belleza de las mujeres. En estos tiempos de feminismo, eso está absolutamente obsoleto, fuera de moda. No va con los tiempos. Ahora no importa el cuerpo ni la belleza, sino los derechos, la inteligencia, toda su personalidad, más que lo físico”, finaliza el experto.

Cristián Warnken Lihn: “Chile está en deuda con la ética de Violeta Parra”

Posted on: September 29th, 2017 by Felipe Villagrán

Todo se lo debe a su doble vida, a ello tiene que agradecerle el escritor Cristián Warnken. Y es que en las tardes deja escondido su nombre y se convierte en “El Capitán”. Los azares del destino quisieron que este fuese el factor determinante que estrechara sus lazos con la familia Parra, y de forma más categórica a Violeta.

Apurado y con mochila en mano llega Warnken a la reunión en la plaza Aníbal Pinto, en el puerto. Siempre informal, los primeros botones de su camisa rara vez están abotonados y las zapatillas son sus inseparables aliadas. Desde hace cinco años que trabaja en Valparaíso, pero su “familia nómade”, como él la llama, ya se quedó en Santiago, mientras él sigue corriendo de una ciudad a otra.

Con una caminata calmada se acerca a un café y deja sobre la mesa el libro Poesía de Violeta Parra de la U. de Valparaíso, lanzado en mayo y que incluye epílogos de Pablo de Rokha, José María Arguedas, Gonzalo Rojas, Pablo Neruda y Nicanor Parra. Desde sus hojas se dejan ver páginas marcadas que contienen las cartas que la cantautora le escribió a su hermano Nicanor y otras con sus famosos versos como Gracias a la vida, poema que Cristián comienza a recitar unas líneas a todo pulmón. “La poesía te da energía, revitaliza”, explica.

Para entender la historia de este libro hay que retroceder en el tiempo. Aparte de su ya extinto espacio televisivo La belleza de pensar, Warnken es conocido debido a su faceta de educador. Hace 16 años decidió formar el taller literario Viaje a la palabra. “Yo los llamo así, justamente para separarlos de una clase formal porque tiene algo de clase, de rito y de encuentro. Mi idea es sacar a la literatura del secuestro que la tiene a veces la academia. Espero que el alumno se encuentre con las grandes fuentes, que se maraville, no que tengan susto de leer La Divina Comedia. El eje es la poesía porque es mi pasión, y tengo la convicción de que la poesía es el gran patrimonio del país, es el alma y corazón de la nación”.

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En estas clases, donde se vive y respira poesía, ocurre una suerte de rito de iniciación inusual, tanto a estudiantes como al mismo profesor. “Hacemos algo muy entretenido, pero que a la vez tiene un sentido. Realizamos un funeral de nuestras antiguas identidades y adoptamos unas nuevas para el resto del semestre. Yo paso a ser El Capitán”.

Es así como la identidad de sus alumnos pasa al anonimato, por lo que nunca sospechó de una estudiante que se le acercó al finalizar su taller. Se presentó: Soy Isabel, hija de Violeta Parra. “Ahora ella es una amiga, una amiga del alma”.

A tal punto llegó esa amistad que decidieron unir esfuerzos y crear un libro con toda la obra de Violeta. Todos sus versos, composiciones y las décimas autobiográficas fueron las que reunieron con la ayuda de la académica Paula Miranda. “A Violeta vale la pena verla por su valor poético, no solo como canciones que sí tienen valor, pero que a veces se toman con cierta liviandad”.

—Sobre el centenario de Violeta Parra, ¿está satisfecho con lo que se ha realizado?

—Más que homenajes y conciertos, que por supuesto hay que hacer (que ojalá no deriven en “eventos”, porque todo en Chile termina siendo un “evento”), Chile está en deuda con la ética de Violeta Parra. Nada más lejano de su espíritu, de su visión del arte y el ser humano que nuestro Chile consumido por el consumismo, la falta de sencillez, la desmesura. Todo en Violeta tiene raíces en la sabiduría popular de la que nos hemos alejado demasiado. Ella es para mí la expresión máxima de la autenticidad y uno de los males más graves de Chile es su inautenticidad, el querer ser lo que no somos, el desviarnos de nuestro centro, de nuestro ser más profundo. Si escucháramos sus canciones-poemas de verdad, y no como música de fondo o de relleno, este sería un país mejor. Cada uno de sus poemas-canciones son manifiestos, son un pensar que dice más que mil libros de filosofía, son una fuente pura, un manantial donde ojalá vayan a beber todos los que tienen sed de verdad, justicia, belleza.

Se levanta de la silla y recorremos las calles de su Valparaíso, hasta Cumming con Almirante Montt. Se detiene y mira en lo alto al signo patrio flamear. “Es hermosa esta bandera”, dice. Un momento clave en la amistad entre Isabel Parra y Warnken fue hace diez años, luego de la partida de su hijo Clemente, quien murió tras caer a una piscina a los 2 años y nueve meses. “Cuando mi hijo falleció, e íbamos en dirección al cementerio después de la misa, nos detuvimos en la puerta de nuestra casa y ella cantó El rin del Angelito de Violeta Parra. Fue un momento tremendo que nunca voy a olvidar”.

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Momento que se repitió hace poco en el lanzamiento del libro Un hombre extraviado, de editorial Pfeiffer, donde Warnken intentó expresar su duelo junto a las ilustraciones de su esposa Danitza Pavlovic. En sus páginas se pueden leer versos sueltos desgarradores como un simple “¿Estás ahí?” o “Si estás jugando a las escondidas, entonces, no hagas trampas”.

—¿Es uno de sus trabajos más ambiciosos?

—Este libro es sólo una parte de un viaje a través de la “zona muda” del dolor, como la nombra Enrique Lihn. Es un intento de iluminar una oscuridad, un hoyo negro de la materia oscura de la muerte que amenaza con tragarse todo, incluida la esperanza, la fe, la alegría. Al intentar escribir versos en la página en blanco del duelo, hay de alguna manera, creo, una lucha instintiva de poner sentido allí donde el sentido ha quedado devastado. Mucha gente que lo ha leído, y no ha vivido un duelo como éste, me ha dicho que el libro es muy fuerte, que no ha podido leerlo entero… Eso me llama la atención, porque para los que hemos cruzado este desierto de la pérdida de un hijo, ya el puro hecho de respirar, y qué decir de hablar, es un triunfo, hay una voz que lleva palabras allí donde las palabras no llegan, donde la pena y el miedo son como un gran muro donde rebotan todos los falsos consuelos.

Espacio sibarita

Posted on: September 29th, 2017 by Sandra Rojas

Luego de ingresar por una entrada clandestina, cruzar las cocinas  y recitar un santo y seña frente a unas imponentes puertas de color negro, los miembros de Millesime Estudio en Alonso de Córdova –en intersección con calle El Litre en Vitacura– podrán sumergirse en un espacio secreto en donde la buena mesa destaca por su exclusividad. Se trata de un club privado gastronómico que nació en Madrid y que planea extenderse a 15 ciudades en los próximos cinco años.

Después de México, Chile es el segundo país que se une a esta iniciativa culinaria que pretende transfomarse en una verdadera tendencia para los sibaritas, con mil metros cuadrados, más quinientos de terraza. “Se inaugurará en noviembre, entregando la oportunidad de que nuestros socios puedan disfrutar de la mejor comida y acceder a un increíble restorán. También podrán asistir a actividades, catas y degustaciones”, explica la española Sandra Reig, gerenta general de la empresa, mientras recorre las instalaciones en plena construcción. “La entrada privada para los miembros le da un aire de exclusividad. Es lo que llamamos speakeasy”, agrega, haciendo alusión a los bares a puertas cerradas que nacieron en Estados Unidos durante la primera década del siglo XX.

Mientras habla, aprovecha de hacer un recorrido por las instalaciones que pronto se transformarán en el club. Las paredes de ladrillo y los primeros signos de decoración se asoman entre el cemento y el ruido de los trabajadores. “Combinaremos un estilo elegante, cosmopolita y ecléctico. Cálido, pero no asfixiante”, dice Manuel Quintanero, presidente y fundador del club a nivel mundial. “En francés, la palabra millesime hace alusión a la añada de los vinos. Hay veces que una añada es tán excepcional, que no quieren mezlcarla con ninguna más… Eso es un millesime”, agrega el experto que, durante años, fue el editor de Restauradores, una de las revista gastronómicas más destacadas de España.

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Cada uno de los socios contará con una serie de beneficios, como la posesión de una llave con la que podrán abrir una de las 120 cavas climatizadas con una capacidad para 18 botellas de vino. Numeradas y personalizadas, están reservadas para los socios fundadores que podrán guardar sus vinos y consumirlos. Pero no cualquier persona podrá formar parte de este círculo, pues es importante cumplir con ciertos requisitos. Primero, es necesario pagar una cuota de inscripción y luego un monto anual con varios ceros que prefieren mantener en reserva, pero aclaran que: “La exclusividad no es sinónimo de caro, sino de limitado y único”. Además, es necesario contar con la aprobación de un comité de admisión. “Son muy poquitas plazas enfocadas a un perfil con cierto estilo de vida y gusto por la gastronomía. En total son 400 membresías normales, 100 socios fundadores y 80 empresas”, comenta Quintanero, y adelanta que ya son varios los empresarios chilenos conocidos que han pagado la membresía, pero  que por protección de datos aún no pueden develar sus nombres.

Una vez en el interior, diversos espacios y actividades recibirán a sus comensale, todo bajo un estricto código de reserva. Dentro de los ambientes más esperados, destaca El Templo, que es el escenario que contará con la más alta gastronomía del club. Posee una propuesta a la carta que cambia semanalmente y platos elaborados en una cocina a la vista que se convierte en el centro del espectáculo. “Este también será el lugar de encuentro con grandes cocineros del mundo que, a lo largo del año, serán invitados para cocinar de forma exclusiva para nuestros socios”, comenta Manuel.

Chefs como Mitsuharu Tsumura, Stéphane Balluet y Luigi Taglienti, son algunos de los que han pisado Millesime México y posiblemente hagan lo mismo en tierra chilena. Por lo mismo, la especialidad de la casa será variada y mutable. Dentro de los ambientes, el lobby es el único abierto al público. Se trata de un restorán, bar y terraza que ofrecerá una detallada carta de platos y coctelería. “De aquí, nos vamos a Miami, Lima, Bogota, Londres, Tokio… Es un proyecto a nivel global”, concluye Quintanero, de pie en mitad de la faena, mientras brindan con una copa de vino.