Caras

Archive for June, 2017

Orgasmo y gol

Posted on: June 30th, 2017 by Josefina C Blog

Escribo estas líneas aún on fire por la alegría que nos dieron nuestros jóvenes deportistas ante Portugal. Tan emocionada estoy que, aunque mozuelos, reconozco que están en edad de merecer. Y hasta un suspiro me arrancan esas zarpas de Bravo si las imagino tomando mi mano y quizás algo más.

Mi estado febril y poco decoroso se debe –aclaro- al efecto adictivo, dopamínico y embrutecedor del fútbol que, al igual que el sexo, desata en los seres humanos los instintos más bajos.

No se trata de una idea mía, original, sino de un fenómeno que ya describió muy bien el neurocientífico Alex Korb: ambas actividades –fútbol y sexo- son ricas en señales anticipatorias que desatan en los cerebros (en el núcleo accumbes para ser precisos) pequeñas dosis de dopamina, la sustancia del placer, anunciando que algo grande se viene, o sea, un gol o un orgasmo según corresponda.

No es casualidad que muchos hombres prefieran ver un partido de la Roja o de su equipo favorito en lugar de cumplir con los sacrosantos deberes del matrimonio. Tampoco resulta por entero caprichoso que, cuando se anuncia la llegada de un nuevo hijo, varios usen la pintoresca expresión de que Fulano o Zutano ‘le hizo un gol’ a Fulanita.

Fútbol y sexo tienen una conexión misteriosa, casi satánica,  y en mis momentos místico-paranoicos sospecho que fue el mismísimo Coludo quien tomó cartas en el asunto.

Pero vamos a la materia gris del tema que nos ocupa. El doctor Korb explica cómo quienes desde mocosos tienen el cerebro entrenado en alguna actividad juguetona, son capaces de anticipar que un momento glorioso se viene; ya sea en la cancha o en la cama. En el primer caso puede ser un pase, una finta o la llegada de Sánchez o Vidal al área chica. En el segundo, una mirada, un toque casual o una palabra coqueta.

Pero siempre es necesario algún tipo de entrenamiento, de experiencia. Por algo los gringos, que en su mayoría no tienen idea de soccer, se aburren como ostras incluso en una final del Mundial. Frente a sus ojos no pasa nada de nada y sólo ven una pelota que va de allá para acá, sin sentido alguno, nada de scores, o sea, cero emoción. De igual manera el pánfilo -ese espécimen que tarde mal y nunca ha conocido mujer- no es capaz de avisparse y notar que ese huevito quiere sal.

Simplemente no atina, porque sus neuronas no han tenido la ocasión de registrar o memorizar la descarga de dopamina y otras sustancias que vienen a continuación de una mirada picarona. Se queda, por lo tanto, con las ganas de experimentar la emoción aquella, igual que muchos gringos son incapaces de vibrar al toque del balón y gritar un gol como Dios manda. Salvo, claro, que aprendan de este deporte que es pasión de multitudes.

Como vemos, el goce, el placer y cualquier otro asunto que maldiga el Pastor Soto, no es pura chacota. Al revés, cualquier persona necesita de entrenamiento, disciplina y de una mano experta que la guíe rumbo al pecado original. Ahora, si es la mano de Bravo, mejor.

Cine: No estoy loca

Posted on: June 29th, 2017 by Caras

Lugares sagrados

Posted on: June 29th, 2017 by Juan Andres Quezada

Francisco Ortega: ‘Vivo en una biblioteca’

El autor de Logia (2014) y Andinia, la catedral antártica (2016), cuenta —con orgullo— que de las 10 paredes que conforman su departamento de dos ambientes, en Providencia, ocho son estantes llenos de libros. “Vivo en una biblioteca y escribo en un escritorio que da a un balcón”. Por ello, la lista de autores que están en las paredes de Pancho Ortega (42), como le dicen sus amigos, van desde el estadounidense Herman Melville (Moby-Dick) hasta la colección completa de Stephen King (Misery). La rutina del periodista, fanático de la ciencia ficción, es la siguiente: “Escribo todos los días, desde las nueve de la mañana, sin parar, hasta las tres o cuatro de la tarde. El resto del día leo y hago otras cosas. Jamás escribo en las noches, no puedo, me da sueño y no rindo. Prefiero dormir, ver una película o salir”. Por estos días, Ortega da los últimos toques a una novela infantil titulada Max Urdemales en la recta provincia, que es el segundo libro del mismo personaje infantil que esta vez aborda los mitos chilotes. Paralelamente, escribe Behemot, una novela de ciencia ficción que saldrá a fin de año.

PORTADA6D4A4312-BN

Armando Uribe: ‘Hay un retroceso intelectual en Chile’

Entrar al departamento de Armando Uribe (83) frente al Parque Forestal es retroceder en el tiempo. Su living y biblioteca están a media luz, antigüedades, cientos —o miles— de libros viejos y cuadros que, lo más probable, terminen en un museo. De traje negro, camisa gris y corbata negra, el poeta, ensayista de la llamada generación literaria de 1950, Premio Nacional de Literatura 2004 baja las escaleras y llega a su escritorio con dificultad. Le cuesta respirar, su adicción al cigarrillo le ha pasado la cuenta. Pese a ello, cuenta que no ha dejado de escribir (tiene más de 60 publicaciones), menos de leer y que hoy le interesan más las crónicas escritas en el pasado. “Leo y releo un libro cada día. Varios libros al mismo tiempo”. Incluso libros que ya no circulan como los de Carlos Vicuña Fuentes. “Estamos en un país que culturalmente es muy decadente comparado con lo que era hace 50 años. Hay un retroceso intelectual en Chile y me atrevería a decir que también en Latinoamérica y en el mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial se publicó el libro La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, y eso ha venido pasando. El octogenario escritor explica que uno de sus parámetros de comparación son las cajas con recortes de prensa y revistas que, dos veces al mes, le envía uno de sus hijos, desde Paris. “Para quienes podemos comparar, por la edad, el nivel cultural actual con épocas anteriores, es desagradable darse cuenta del actual nivel tan bajo. Lo más terrible es que es un fenómeno contagioso”, dice.

_30A4292-BN

Carla Guelfebein: ‘Escribo todo el tiempo que puedo’

Su amplio escritorio —de vidrio transparente y patas de madera en forma de compás— está en el dormitorio, junto a su cama. La pared principal es una biblioteca blanca donde, aparte de libros, están sus objetos más preciados, entre ellos, piedras que ha recogido en diferentes países que ha visitado. Aquí pasa la mayor parte del día Carla Guelfenbein (57): “Soy muy disciplinada. Escribo todo el tiempo que puedo. Comienzo de 9:00 a 14:00 y después sigo toda la tarde, sin parar”. Parte de esta mente estructurada se refleja en sus libros ordenados alfabéticamente por el apellido del escritor. La autora de Contigo en la distancia (2015) tiene abierto en su notebook las últimas páginas de su nuevo libro que lanzará en noviembre. “Se llama Llévame al cielo y es una novela crossover. Esto quiere decir que está dirigida a un público que parte de los 18 hasta los 100 años. Se trata de un grupo de cinco chicos que se encuentran en una clínica para problemas sicológicos, cada uno con una historia muy potente, de distintos estratos sociales y con diferentes problemas con el mundo y con la vida, pero cada uno de ellos es una suerte de pequeño genio”, cuenta con entusiasmo.

6D4A2671-bn

Marcela Serrano: ‘Soy noctámbula y a veces leo hasta las 2 de la mañana’

El departamento de Marcela Serrano (66) es un minimuseo adornado con originales de Miró, Picasso, Matta y Samy Benmayor, entre otros artistas. Su living y amplias terrazas —con muchas plantas— están decorados estilo mexicano, país donde ha vivido en diferentes etapas de su vida. En el piso de arriba vive su tercer marido, el político socialista Luis Maira. La autora de El albergue de las mujeres tristes (1998) cuenta que su biblioteca principal está en su parcela en Mallarauco, pero que varias de sus novelas se han escrito en este escritorio rodeado de libros en el barrio Las Lilas, en Providencia. “Soy noctámbula y a veces leo hasta las 2 de la mañana”, agrega. Serrano cuenta que su última novela La Novena (Alfaguara) publicada el año pasado y donde por primera vez su protagonista es un hombre, la dejó agotada. Por ello, decidió retomar una vieja pasión: los collage. Ella estudió Artes en la Universidad Católica y obtuvo la licenciatura en grabado en 1983. “Me siento un poquito traidora”, señala la escritora, quien el 4 de julio inaugura su exposición de collage en Arte Espacio, en Alonso de Córdova 2600.

6D4A2716-BN
Gonzalo Contreras: ‘Escribo después de las doce de la noche’

Gonzalo Contreras (58), formador de escritores como Pablo Simonetti, Carla Guelfenbein y Alejandro Zambra no tiene un lugar preferido para escribir. “Me traslado con el notebook… desde mi cama, al comedor, al living… Escribo después de las 12 de la noche, hasta muy tarde”, cuenta. A diferencia de la mayoría de sus pares, no guarda ni acumula libros, los regala y también los bota a la basura, sin compasión, cuenta. Por ello, fue fotografiado en un rincón de su departamento en el barrio Las Lilas, donde guarda sus libros más preciados, entre ellos, Marcel Proust, Stendhal, Charles Baudelaire, Fitzgerald…”, dice mirando su biblioteca adornada con una foto de su madre. Contreras prende un cigarrillo y cuenta que su próxima novela surge a partir de un momento de El nadador (1995), uno de sus libros más exitosos. “Es cuando Max Borda (el personaje de El nadador) visita a su hija, Francisca, en San Francisco, quien está casada con su ayudante. Esta nueva novela comienza cinco años después con Francisca en Chile divorciada de su pareja, junto a un hombre joven muy bello y aventurero muy diferente a su ex marido. Ella está esperando a su padre, Max Borda, quien llegará con Virginia, quien es hermana de su madre, tía de ella y ahora pareja de su padre… Son dos parejas nuevas que se estrenan…”.

6D4A2457-BN

Rafael Gumuci: ‘Escribo en mi cama’

Rafael Gumucio (47) cuenta con alegria que tiene un amplio abánico de empleadores (la Universidad Diego Portales, Radio Zero, LUN, Canal 13…). “Soy como un mueble con muchos cajones, trabajo en muchas partes, también hago talleres de lectura, pero no mezclo ninguna”, dice. Pese a ello no deja de escribir libros. Hoy lo hace preferentememte acostado con su mac encima del pecho. “Escribo en mi cama. Cuando me canso, me siento y continúo tecleando”. Si se aburre, se levanta y ocupa la cama como mesa. De ahí viene su productividad (12 libros). Acaba de lanzar El galán imperfecto y en octubre publica La edad media, un libro sobre los años 90 en Chile. “Es una historia personal, mi vida entre los 18 y 30 años, cuando comencé a escribir en revista Apsi, cuando trabajé en el canal Rock&Pop y en La Nación… Pululé por el periodismo, por la televisión y conocí a mucha gente que hoy son amigos y personas conocidas como Pato Fernández, mi primo Marco Enríquez Ominami, Matías Rivas, Alejandra Matus, Roberto Merino, Rafael Otano”, cuenta desde el living de su departamento, obviamente, lleno de libros por todos lados.

6D4A2530bn

Galería Patricia Ready: desembarco peruano

Posted on: June 29th, 2017 by Caras

Ruta por el barrio Lastarria: estiloso & bohemio

Posted on: June 29th, 2017 by Lenka Carvallo

Este antiguo barrio debe estar en su mejor momento. Tanto que el New York Times ya le ha dedicado dos menciones en lo que va de este año. Primero, en enero, cuando lo incluyó en su sección 36 hours, en un recorrido por distintos puntos de la capital mencionándolo como uno de los spots destacados. Luego, el pasado 2 de junio, el periodista Nicholas Gill publicó una crónica donde comenzó nada menos que con un mea culpa: “En mis anuales visitas a Santiago nunca fui a Lastarria. Este barrio triangular, parcialmente cerrado al tráfico por el cerro Santa Lucía al oeste y el Parque Forestal al norte, estaba totalmente fuera de mi radar; pero con una media docena de hoteles que han abierto en los últimos dos años, por no hablar de docenas de nuevas tiendas y restoranes, se ha convertido en el lugar donde todo el mundo quiere estar”, dijo, destacando los sectores que han hecho de este perímetro uno de los lugares más cool de nuestra capital.

Debe ser por la onda de este oasis urbano que el Plano Regulador de Santiago describe como Barrio Santa Lucía-Mulato Gil de Castro-Parque Forestal, y cuyo desarrollo urbano se remonta a mediados del siglo XIX, lo que ha hecho de este sector un lugar memorable. Un polo que a fines del siglo XIX atrajo a intelectuales, artistas y políticos, como Victoria Subercaseaux, casada con el que fuera intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna; el presidente Pedro Aguirre Cerda y el escritor y pensador liberal a quien el barrio debe su nombre, José Victorino Lastarria. Con el tiempo se fueron sumando nuevas figuras que dejaron su sello, como el arquitecto Luciano Kulczewski, quien plasmó su obra en varias edificaciones que hoy identifican al barrio, entre ellos la misma casa donde vivió junto a su familia y que también utilizó como taller (Estados Unidos 210), hoy declarada Inmueble de Conservación Histórica.

Eso junto con la realización de uno de los primeros edificios de departamentos de Santiago que contó con ascensor y que hoy alberga al hotel Luciano K (Merced 84), entre otras reconocidas obras.

Declarado Zona Típica en 1997 por la cantidad de monumentos históricos que alberga, como el cerro Santa Lucía, el Parque Forestal, el Palacio Nacional de Bellas Artes, el Palacio Bruna (Merced 230) y la parroquia de la Vera Cruz (José Victorino Lastarria 124) levantada en 1857, de las más antiguas de la capital y declarada monumento histórico.

Uno de los aciertos que potenciaron a este barrio es el paseo peatonal en calle Lastarria, desde Rosal hasta Merced, con la instalación de puestos de anticuarios, vendedores de libros usados y de objetos de arte que abren de jueves a domingo.

Eso sumado a un interesante panorama cultural, con el Teatro Ictus, pionero en el barrio; el cine El Biógrafo, uno de los pocos lugares donde es posible ver películas de cine arte; el Museo de Artes Visuales (José Victorino Lastarria 307) en la plaza Mulato Gil; y el Centro Gabriela Mistral, GAM (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227), que difunde creaciones artísticas en teatro, danza, música clásica y popular, artes visuales y arte popular; así como la galería Plop, especializada en ilustraciones y libros infantiles.

Eso además de una amplia oferta de boutiques, tiendas de antigüedades y decoración. Uno de los lugares imperdibles es Las siete vidas del mueble (Merced 346), que hace siete años abrió sus puertas en el segundo piso de un antiguo edificio frente al Ictus. Los socios, Jaime Navarrete y Jorge Arón, apostaron a que el barrio continuaría desarrollándose como uno de los más importantes de Santiago. No nos queremos mover; muchos clientes son de este sector o vienen de otros lugares a vernos porque los accesos son excelentes y hay estacionamientos”, cuenta Navarrete.

IMG_7314

Así, era cuestión de tiempo para que hoteles y restoranes se instalaran entre sus calles y que se sumaron a la oferta ya existente, como el histórico bistrot Les Assassins (Merced 279) o el Squadritto (Rosal 332), cada uno con 20 y 10 años de existencia, respectivamente. Eso mientras han ido abriendo sus puertas una serie de lugares que hoy se reconocen por su estilo y propuesta gastronómica. El propio New York Times mencionó al Bocanariz y al ChiPe Libre (ubicados en José Victorino Lastarria 276 y 282, uno junto al otro), ambos de los socios Catherine Hidalgo, Valérie y Jérôme Reynes, pero con enfoques muy distintos.

Mientras el primero se orienta a los vinos con una amplia cava y una de las mejores cocinas de Santiago, su vecino tiene como línea temática la defensa del pisco chileno y peruano, de ahí el nombre ChiPe. Ambos se instalan en una antigua propiedad de la familia Flaño, donde los actuales dueños tuvieron el cuidado de mantener su nobleza y estructura, como los tablones y baldosas del piso, y dejando las vigas a la vista. La decoración la hicieron los mismos socios.

Otro lugar que ha aportado identidad al barrio es el Paseo Lastarria. Aquí destaca por su diseño el restorán Quitral y donde el aire rústico del sur de Chile se realza con toques modernos. O Casa Lastarria, remodelado hace solo seis meses por sus dueños, el arquitecto Sebastián Fabri y Matthew Lamoliatte. Su comida está enfocada a los platos chilenos y mediterráneos y su chef, Eduardo Cornejo, se instruyó en Francia para desarrollar la carta.
El restorán Castillo Forestal, frente al Museo de Bellas Artes, también ha aportado con su impronta inconfundible a la identidad del barrio y una carta inspirada en la comida francesa.

DESEMBARCO DE ESTRELLAS

Pero ha sido el desembarco de prestigiosas firmas hoteleras lo que consolidó definitivamente a Lastarria como uno de los barrios más interesantes de la capital.

El primero en abrir sus puertas fue Lastarria Hotel Boutique (Coronel Santiago Bueras 188), en 2011. La casa, construida en 1927 y con 850 metros cuadrados, es un clásico ejemplo de la arquitectura europea de principios del siglo XX, de líneas sobrias y clásicas.

El interiorismo estuvo a cargo de la firma Condiseño, que trabajó desde un comienzo con los dueños, los ingenieros Rodrigo Giadalah y los hermanos Benjamín y Charles Naylor, y que les permitió conocer de cerca el proyecto de arquitectura. La idea, según la diseñadora Carola Selman, era rescatar el estilo de la casa y agregar algunos matices más modernos para lograr un ambiente acogedor. En algunos sectores se conservó el piso de roble, la escalera de mármol, las molduras y los marcos antiguos de las ventanas a los que se le insertaron termopaneles. La fachada se mantuvo y sólo se pintó de un color aprobado por el Consejo de Monumentos, dado que está regulado como un sector de Zona Típica.

El hotel cuenta con 14 habitaciones, cuatro construidas en una ampliación en un tercer nivel y dos cuentan con terraza y vistas hacia el Parque Forestal y el Palacio Bruna.

Saliendo hacia calle Merced, en la primera cuadra se encuentra el hotel Luciano K (Merced 84), un potente rescate patrimonial también de propiedad de Rodrigo Giadalah y socios. El lugar es una invitación a una época glamorosa donde resalta su imponente escalera art déco de mármol de Carrara y una terraza de 300 metros cuadrados con espectacular vista al Parque Forestal y la Alameda, con un piso de coloridos baldosines, descubiertos al restaurar el techo del viejo edificio “de las gárgolas”, como se conoce a esta obra del icónico arquitecto, Luciano Kulczewski. A ello sumaron zonas de piso transparente desde las que cuelgan gigantescas lámparas de tela que llegan hasta la planta baja y que fueron diseñadas por la oficina de arquitectos Max A – Arquitectura + Arquitectura del Paisaje. El interiorismo estuvo a cargo del Estudio Paula Gutiérrez. Esta destacada arquitecta y decoradora estuvo tras el tratamiento de todas las habitaciones, el layout de algunos baños, como los muebles en Carrara blanco con metal negro en vanitorios; eso más la totalidad del mobiliario del hotel, inspirado en la época de la Secesión vienesa del 1900, para lo cual incluso trajeron láminas del Neue Museum de Nueva York, como piezas de Klimt y Schiele. Con todo, el concepto fue rescatar la época del edificio original con sus detalles particulares y llevarlo a un lenguaje actual, como ocurre con el diseño de los bares y las baldosas del restaurante y del primer piso, donde prima un estilo más moderno y de gran estilo. En suma, un resultado armónico donde se unen lenguajes y culturas.

IMG_9999_22

Siguiendo por Merced hacia el poniente está The Singular Santiago (Merced 294), recientemente incorporado a The Leading Hotels of the World, organización que reúne una colección de 400 hoteles de lujo en 75 países del mundo. El diseñador Enrique Concha seleccionó personalmente el mobiliario para rendir tributo a los palacios de inicios del siglo pasado. El primero de los hoteles cinco estrellas del barrio integra aspectos de la arquitectura francesa neoclásica, estilo característico de inicios del siglo XX, lo que permite admirarlo como parte del paisaje, aportando elegancia al valor patrimonial del sector.

Continuando la ruta hacia Lastarria, en plena esquina se encuentra el antiguo edificio del Instituto Chileno Francés de Cultura, donde hoy se trabaja a toda máquina para terminar con las obras que darán vida al nuevo restorán Liguria y cuyo interiorismo está en manos del Bazar de la Fortuna.

Continuando por el paseo peatonal de los anticuarios destaca la fachada del hotel Cumbres (José Victorino Lastarria 299). El interior estuvo a cargo del reconocido decorador Enrique Concha y de Andrés Martínez, de Árbol Color, quienes buscaron reflejar la historia de Santiago a través de una cuidada selección de muebles y elementos decorativos. Entre los detalles más celebrados están las fotografías a diez obras de pintores chilenos de la colección del Museo de Bellas Artes (Pedro Lira, Alberto Valenzuela Llanos y Enrique Lynch, entre otros) y que constituyen los respaldos de las camas de cada habitación.

El hotel Altiplánico (Santo Domingo 526), de la cadena del mismo nombre, propiedad de la familia D’Etigny, está en una antigua casona patrimonial de 1913 donde se ha conservado la fachada y se recuperaron los espacios originales interiores. Conocida como la ex Casa Naranja, hoy destaca en un tono neutro tras la operación de rescate emprendida por la oficina Ruiz Tagle–Vicuña Arquitectos, que se abocó a la tarea de descubrir la esencia de la casona para mantener el espíritu de la construcción.

Continuando hacia el centro, en calle Huérfanos 539, se encuentra el hotel Magnolia, un edificio neogótico construido en 1929 por la familia Zegers. Cuenta con 42 habitaciones, biblioteca, restorán y bar, además de una terraza en el séptimo piso con vista al cerro Santa Lucía. Luego de años de destinarse a oficinas, los nuevos propietarios encargaron su recuperación y reconversión a la arquitecta Cazú Zegers, descendiente de los primeros dueños.

El edificio de tres pisos conserva su fachada original, la escalera de mármol, las macizas puertas, las ventanas con vitrales, el piso original de madera, que fue reutilizado para cubrir las paredes en las zonas comunes, y la antigua chimenea del primer piso. A la estructura se sumaron cuatro pisos adicionales. Se aportó modernidad a las habitaciones, con mobiliario minimalista y detalles geométricos, como también a la decoración del restorán, con una atractiva iluminación vanguardista y vigas de acero a la vista que contrastan con el estilo señorial del acceso principal.