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Archive for April, 2015

“Grace y Frankie”: Jane Fonda se reinventa a los 70

Posted on: April 30th, 2015 by Ana Josefa Silva

¿Se imaginan a Cecilia Bolocco y el Negro Piñera compartiendo techo a causa de una circunstancia inimaginable?

De algo así va “Grace and Frankie” (es nombre de mujer), la nueva serie Netflix que tiene a Jane Fonda como protagonista.

Grace (Jane Fonda) y su vida son como su nombre. Estupenda, perfecta, refinada (como ella misma se describe), esta setentona que parece una modelo de 50 es también un resto neurótica (rango normal) y definitivamente egocéntrica. Su cómoda vida incluye un tranquilo matrimonio de 40 años con Robert (Martin Sheen), un abogado dedicado a los divorcios, cuyo socio Sal (Sam Waterston) está casado con Frankie (Lily Hamlin), una hippie ecológica tan radical que llega a ser divertida; el opuesto exacto de Grace.

La serie comienza con un exquisito almuerzo entre los cuatro. Robert y Sal lo han organizado para comunicarles una noticia a sus esposas. Piensan retirarse, seguro, les dicen.

No. No se trata de eso. Robert comienza por informarle a Grace que la va a dejar. Y Sal le dice a Frankie lo mismo. “¿Quién es ella?”, le pregunta fría y digna Grace a Robert. “No se trata de eso…”. Claro que no: lo que les revelan es una bomba atómica. De ahí en adelante, como un terremoto grado 10, la vida de los cuatro –y por alcance, la de los respectivos hijos de ambos matrimonios– cambia de eje. Tanto así, que la espléndida casa de la playa cuya propiedad es compartida por los dos matrimonios se convierte en el hogar de Grace y Frankie, en una rarísima convivencia circunstancial.

Lo que comienza como una historia que, en su primer capítulo, parece extremar las situaciones y abusar de los rasgos extravagantes de sus protagonistas, va ganando terreno y solidez hasta convertirse en una singular e interesante comedia dramática que va instalando varias reflexiones acerca de las relaciones personales y sociales.

Por de pronto, que a los 70 no sólo no se acaba la vida, sino que a veces recién está por comenzar, lo que sea que ello signifique. Que las relaciones de pareja nunca pueden ponerse en piloto automático y que las reglas y modos de ser que nos acomodan y con que decidimos circular por la vida –imponiéndolas, de paso, a los demás– pueden tener fecha de vencimiento.

Éramos normales. Creía que la vida era así; seguí todas las reglas”, balbucea la aturdida Grace. Y es que adaptarse es un ejercicio que jamás se puede abandonar.

Lo bueno de un remezón así es que obliga a cualquiera a sacarse caretas y postizos (como alegóricamente lo hace Grace con sus pestañas y sus extensiones, en una escena que parece sacada de “Tres novelitas burguesas”, de José Donoso) y también los disfraces con que escondemos nuestros temores y nuestro verdadero yo.

Al fin de cuentas, “Grace y Frankie” es la historia de una muy improbable pero verdadera amistad y cómo es que la vida siempre nos puede deparar sorpresas.

“Grace and Frankie”, con Jane Fonda, Lily Tomlin, Martin Sheen, Sam Waterston.
Comedia dramática.
Primera temporada.
13 capítulos.
Original de Netflix.
Estreno viernes 8 de mayo.

Santo abuso

Posted on: April 30th, 2015 by Franco Fasola

El Bosque de Karadima, bajo la dirección de Matías Lira, actuaciones de Luis Gnecco, Benjamín Vicuña, Pedro Campos y Francisco Melo, funciona como réquiem para una historia truculenta basada en los abusos sicológicos y sexuales cometidos por el sacerdote Fernando Karadima en la parroquia El Bosque.

Interpretado con sobriedad macabra por Luis Gnecco, el cura, considerado por sus círculos de la clase alta chilena como un “santo en vida” y el responsable de la mayor cantidad de vocaciones sacerdotales entre los años ochenta y dos mil, desata y encarna los mayores pecados atribuidos a la Iglesia Católica durante los  últimos años. La víctima de sus bajezas es Thomas (Campos y Vicuña), un joven algo confundido con su vocación religiosa que cae en desgracia el mismo día que pisa la parroquia donde Karadima hace y deshace con sus seguidores, sosteniendo por años una fachada de santidad que de golpe revienta en pedazos.

En el camino, Lira y el equipo de guionistas integrado por Elisa Eliash, Alvaro Díaz y Alicia Scherson cocinan un relato asfixiante, donde la voluntad de Thomy  no es mayor que la de un gomero. Ahí Pedro Campos despunta con una interpretación contenida. 

El cura Karadima es un titiritero siniestro que tiene instalado un círculo de protección poderoso que lo viste, lo cuida y le entrega “jovencitos” con vocación sacerdotal que terminan en la cama del “santito”, como lo llaman.

Y así pasan los años y el “santito” se pasea impune reclutando con pinzas a sus víctimas. Dominador de voluntades, manipulador y con un largo prontuario de delitos aun impunes, su figura crece con devoción entre sus acomodados parroquianos, que adoran a este sacerdote que mantiene a raya la posibilidad de que aparezcan “curas comunistas” para consagrarse.

Thomas, ya en su adultez atormentada —casado, profesional y con hijos— decide enfrentar a Fernando, su monstruo querido, el que se apropió de toda su existencia y de paso destapar uno de los mayores escándalos al interior de la Iglesia chilena.

Con actuaciones emocionales muy logradas (Gnecco, Vicuña y Campos) y una historia conocida por todo el país, El bosque de Karadima es de esas películas que obligan a ir al cine. La experiencia es provocadora a nivel de los sentidos: el asco domina. Y también las ganas de cerrar los ojos y pensar que esto que estamos viendo no es verdad. Pero la realidad debe ser mucho más asquerosa que la ficción, nos hace pensar El Bosque de Karadima

 

Famosos y dietas, el lado oscuro, gracioso y desconocido

Posted on: April 30th, 2015 by Catalina Ábalos

Con total franqueza, en la introducción cuenta: “No me interesé en las dietas de los famosos porque quisiera alcanzar un cuerpo ‘ideal’, sino porque me fascinan las películas y siempre he disfrutado investigando y experimentando las cosas de primera fuente”. Así se presenta la periodista Rebecca Harrington en su libro I will have what she’s having: My adventures in celebrity dieting (“Pediré lo mismo que ella: Mis aventuras dietéticas como celebridad”), donde relata los hábitos alimenticios y métodos para adelgazar celebridades como Beyoncé, Victoria Beckham, Greta Garbo, Jackie Kennedy y Karl Lagerfeld. 

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Para ello, se autoestableció tres reglas. Primero, alimentarse de la forma en que éstas lo hacen normalmente. Es decir, nada de dietas extremas como la que realizó Matthew McConaughey para el filme Dallas Buyers Club, quien bajó 20 kilos en cuatro meses. Segundo, en caso de que hubiese alguno, leería los libros de cocina publicados por ellos (“Por muy malos que lucieran”). Finalmente, seguiría la misma rutina de ejercicios y celebraría dinner parties en caso de que así lo ameritara el personaje.

Armada de toda esta información, Harrington escribió un vivencial tan ácido como divertido. Tanto así, que dan ganas de invitarla a comer. A continuación, algunas de sus reflexiones. 

ELIZABETH TAYLOR

Huevos revueltos, tocino y una mimosa era el desayuno de quien fuera alguna vez la mujer más hermosa del mundo. Le seguía un almuerzo de pan francés, mantequilla de maní y tocino; y una cena de pollo frito, arvejas, puré, choclo y postre de trufas, además de un buen vaso de whisky Jack Daniel’s.

Como nada es gratis en esta vida, ni la fémina genéticamente más favorecida del globo se salvó de engordar, pasando de los 54 a los 80 kilos. Pero en 1987 la Taylor dijo basta y adelgazó, y en la misma línea de Karl Lagerfeld reveló sus trucos en el libro Elizabeth Takes Off  (“Elizabeth se aliviana”).

La periodista se sintió atraída por la dieta de Liz: “Una mujer que siempre apreció lo bueno de esta vida —hombres, joyas, pieles— no sería capaz de crear una dieta desagradable”.

Más que un menú, el libro con el régimen de la actriz es una sumatoria de consejos. Entre ellos que no hay que aburrir a las amistades hablando todo el tiempo de que uno está tratando de adelgazar; y que el ejercicio no es algo obligatorio. Este último punto es uno que le gustó a Harrington en particular (¿Quién sabía que tocar un par de veces la punta de los pies califica como ejercitarse?)

Otra arista es que la actriz de ojos violeta era una gran creyente de lo que llamaba “salidas controladas”. Una vez por semana se permitía un antojo, en su caso pizza o helado. En honor a los tiempos de las antiguas comilonas de la Taylor, ella decide comer un sándwich de mantequilla de maní y tocino, terminando enferma del estómago.

Liz era conocida por sus mezclas extravagantes de alimentos, salvo su tradicional desayuno consistente de tostadas y fruta. El resto era insólito, por decir lo menos: queso cottage con crema ácida, filete con mantequilla de maní, pez espada con fruta.

Aunque valiente, muchas veces la autora prefiere pasar hambre antes que comer este tipo de “delicatesen”. ¿El resultado? Bajó de peso, al igual que la Taylor.

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KARL LAGERFELD

Pese a que muchos no se acuerdan, en los noventa la cabeza del imperio Chanel era gordo. Ello hasta que quiso usar los diseños del entonces encargado de Dior Homme, Hedi Slimane, y cayó en cuenta de que si no bajaba 40 kilos nunca iba a poder entrar en las minúsculas prendas. 

Tras un año siguiendo un régimen ideado por el gurú en la pérdida de peso, el doctor Jean-Claude Houdret, alcanzó su meta. Tanta fue su inspiración, que aseguró a distintos medios que no recordaba qué se sentía estar grueso; y junto a su mentor lanzó el libro The Karl Lagerfeld Diet, bestseller en Francia. 

Haciendo gala de su apodo el káiser sostiene: “Cuando quieres adelgazar eres un general y tienes un solo hombre a cargo: tú mismo. Debes cumplir las instrucciones te guste o no”.

Rebecca opina que afortunadamente es estricto, porque de lo contrario no se llevaría bien con los postulados del doctor Houdret. Su programa Spoonlight aboga por la mezcla de carísimos paquetes proteicos y pequeñas porciones de comida. 

En su primer approach, la periodista admite que le preocupa la famosa adicción del káiser a la Coca-Cola Light (bebe 10 latas diarias). Trata de hacerlo, pero ya a la tercera consecutiva se pone tan tiritona que no es capaz de comer su sachet proteico al almuerzo.

Otro aspecto es que el desayuno varía según la estación. En invierno es una tostada, un huevo pasado por agua, jugo, yogurt y una lata de Coca-Cola Light; en verano consiste en fruta y yogur. Ella opta por el de invierno, declarándose incapaz de prescindir de la tostada, un lujo a estas alturas.

Los platos de fondo son muy estilo parisino, como sopa de cebolla (sin mantequilla y sólo una pizca de queso gruyère) y codorniz flambeada. Eso sí, los postres son para llorar a mares: polvo proteico, antítesis de la patisserie.

Si hay algo que la autora rescata de Lagerfeld es su honestidad y capacidad de reírse de sí mismo, rasgo que comparten. Mientras muchos famosos pretenden que no hacen ningún esfuerzo por estar delgados, él admite sin tapujos que se esfuerza por caber en cierto tipo de ropa. O dicho de otra manera: “Karl no soporta la hipocresía y se banca comer algo tan poco consistente como la codorniz para estar flaco. Todo mientras su gata Choupette se da un festín sentada con él a la mesa”.

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BEYONCÉ 

Esta talentosa cantante y empresaria es la responsable de la fiebre de las dietas líquidas desintoxicantes. 

Veterana de los regímenes para perder peso, en entrevista admitió: “Soy una gorda que está esperando salir del clóset, me esfuerzo mucho para estar en forma”.

La primera vez —al menos frente al escrutinio público— fue cuando bajó 10 kilos para su rol en la cinta Dreamgirls (2007). Otra ocasión donde se sometió al látigo de la disciplina fue tras el nacimiento de su hija Blue Ivy (3), y en tres meses adelgazó los 27 kilos que subió en el embarazo.

Rebecca decidió partir por la Master Cleanse (“Desintoxicación Maestra”), una dieta compuesta únicamente por 8 a 10 vasos diarios de una mezcla de jugo de limón, sirope de arce, agua y pimienta de cayena. Sólo para valientes.

Según la autora, el brebaje es como una especie de limonada picante. El primer día sintió que desfallecía de hambre a las tres de la tarde, y en la noche la sola idea de tomar el líquido la puso de mal humor. Ahí se consoló pensando en la pobre Beyoncé, quien ha relatado que mientras en el set de la película todos comían pastelillos Twinkies, ella sorbía furiosa el brebaje.

Al segundo día su apetito disminuyó considerablemente y no tuvo deseos de comida sólida. El cuarto día decidió probar con la dieta para adelgazar de Beyoncé post embarazo. Rica en proteína, parte con claras de huevo, seguidas de pavo y alcaparras al almuerzo, pepinos con limón de snack y cena de sashimi con jalapeños y wasabi. De postre, yogur.

Lo más difícil fueron las dos horas de ejercicio diarias, mezcla de pesas, gimnasia localizada y trote. 

¿El resultado? Cuatro kilos menos en 10 días. “Jamás había bajado tanto de peso en mi vida, incluso comiendo los sachets proteicos de Karl Lagerfeld. Claramente Beyoncé es buena en todo lo que hace”. 

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GWYNETH PALTROW

Esta rubia sufre de mala fama con respecto a su dieta. Muchos la acusan de elitista en su sitio web lifestyle Goop, además de estricta y aburrida en sus hábitos alimenticios. Famosa es su frase: “Prefiero morir antes que darle a mis hijos comida enlatada”.

Harrington comenzó la experiencia comprando su segundo libro de cocina, It’s All Good (“Todo está bien”), que la actriz escribió luego de sufrir un ataque de pánico como anfitriona en una cena con amigos. ¿La razón? Luego de visitar distintos doctores supo que tenía alergia a la lactosa, gluten y huevos. De hecho, el título del texto hace un guiño a que todo está ok sin esos alimentos. 

Al parecer la acusación de elitista es cierta, ya que según la periodista jamás ha invertido tanto dinero como cuando siguió su dieta, triplicando su gasto, con casi 200 dólares de compra semanal para una persona.

El desayuno consiste en un batido de repollo, manzana, limón, menta y jengibre, seguido de almendras crudas remojadas en agua (“curiosamente ricas”) al mediodía.

Para almorzar hay distintas opciones que parecen aburridas de tan saludables, pero que finalmente a la autora le han resultado deliciosas. Algunos ejemplos son pollo a las finas hierbas, pescado rostizado a la sal o ensalada vegana con mostaza dijon y atún. 

La experiencia Gwyneth estaría incompleta sin la rutina de ejercicios ideada por su personal trainer, Tracy Anderson. En palabras de la periodista: “Mientras miro el DVD tengo que agitar tan rápidamente los brazos con pesas livianas que pareciera que estoy sufriendo un ataque”.

Músculos agarrotados aparte, la conclusión de la escritora es que son todos unos mal hablados. Aunque cara, la dieta de Gwyneth es llevadera, la comida deliciosa y las recetas nada de complicadas.

Hillary de película

Posted on: April 30th, 2015 by Lucy Willson

It’s Britney, bitch! No son pocos los que quisieran que Hillary Clinton (67) pusiera su nombre en esta línea de la famosa canción de Spears y la convirtiera en himno de su campaña presidencial. 

Más allá de la provocación, con esas palabras la ‘princesa del pop’ marcó su retorno a la industria musical en medio de una fase de escándalos. Y los tabloides no son ajenos a esta demócrata, que en estos días se pone a merced de ellos y el resto de los focos mediáticos en el inicio de su carrera a la Casa Blanca. Otro capítulo excitante en la vida de esta mujer, cuya vida se sigue en todas las coordenadas del planeta con más fidelidad que varias producciones hollywoodenses.

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Y no es exageración. Desde que llegó a Washington con Bill Clinton en 1993 mostró que no iba a ser una primera dama tradicional, y que su impacto iba a trascender a sus períodos como anfitriona de la residencia en el 1600 de la Avenida Pennsylvania. No por su dulce carisma, sino por todo lo contrario. De adorno, nada. Con la política inserta hasta en la médula, tenía su agenda (programa de salud nuevo) y oficina cercana a su marido. De inmediato se habló que, mientras el ex mandatario seducía a las masas, su mujer era el cerebro silencioso en el salón oval. 

Y en los ’90 ese papel no causó simpatía. Su personalidad, look y protagonismo eran criticados de manera constante. Ni siquiera cuando en 1998 fue expuesta la aventura del Presidente con Monica Lewinsky causó solidaridad. Todo lo contrario, fue recriminada por ‘perdonarlo’ y seguir con él. Pero las generaciones de este siglo en su país la ven con otros ojos.

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Y la cultura pop, a su modo, la alzó con etiqueta de heroína. Desde el área ficción no es secreto que películas y series la tengan como modelo para su protagonista. Las estrellas de The Good Wife, House of Cards, Madam Secretary, Political Animals y State of Affairs, entre las más recientes, han tenido que responder sobre la ex Secretaria de Estado como modelo de sus personajes. Hasta la comedia Parks and Recreation le rendía homenaje con destacadas fotografías en la oficina de Leslie Knope (Amy Poehler).

Pero el límite en este juego lo sintió la cadena NBC, que detuvo la producción sobre la vida de Hillary con Diane Lane (Infidelidad) en el protagónico. La señal CNN también abortó el año pasado el plan de generar su propio retrato.

Aunque la tentación de retomar la marcha a esos proyectos con el anuncio de su candidatura es mayor. Y el público lo agradecería, independientemente si es un votante norteamericano. La audiencia que sigue los pasos de la mujer de Bill Clinton traspasa fronteras.

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Obvio. Llegó como ‘patito feo’ a la Casa Blanca y terminó en la portada de Vogue y de mejor amiga de Oscar de la Renta. Fue humillada por su marido —hoy sombra de ese playboy noventero y con bypass al corazón—, pero luego se levantó como senadora y Secretaria de Estado de Barack Obama. Apuntada por los conservadores como una “lesbiana encubierta”, nunca recogió el guante y es abuela orgullosa y favorita de la comunidad gay de Estados Unidos. Etiquetada de ambiciosa en el pasado, sus fans la describen como una ‘pionera’. Partió con el patrimonio acotado de cualquier profesional clase media y hoy es autora de dos biografías superventas.

Con esa historia, su disputa por el sillón presidencial es casi una película de suspenso de la que no se puede filtrar el final.

 ¿Está sola en este sueño? Para nada. Su panorama es mucho mejor que cuando compitió en su partido contra Obama en 2008. Y sus asesores aman trabajar con esta imagen de heroína moderna. De mano derecha tiene nada menos que a John Podesta, quien lideró la campaña de su marido, consejero del actual mandatario y considerado un “genio” en el campo de las estrategias. También está en su equipo la ex Google Stephanie Hannon a cargo de las plataformas digitales. La pelea por los votos es responsabilidad de otro nombre ganador en estas carreras, Joel Benenson. Y como voz cercana tiene a su confidente Huma Abedin. Un grupo multicultural que representa la diversidad que ella quiere promocionar. 

Eso en el lado luminoso de esta candidatura. Porque los analistas y rivales ya destacan sus puntos más débiles frente al electorado. Antes que oficializara sus aspiraciones para 2016, ya recibía los primeros misiles por usar su cuenta Gmail para temas de Estado.

Los comediantes ya partieron con rutinas en que la imitan y tocan la relación con su marido. Mientras que los republicanos no demoraron con la arremetida de desprestigios: el canal FoxNews habló de los malos tratos que describió un ex agente de seguridad de la demócrata, apuntando que aquello se extendía a todo el personal bajo sus órdenes. En mayo se lanza el libro Clinton Cash: The Untold Story of How and Why Foreign Governments and Businesses Helped Make Bill and Hillary Rich, a cargo del conservador Peter Schweizer. El autor afirma que dinero donado a la Fundación Clinton supuestamente terminó en arcas personales, además de que las fuentes de esos recursos eran gobiernos y firmas extranjeras que buscaban favores en Estados Unidos.

La ex Secretaria de Estado ya ha probado que tiene armadura para los ataques. Pero nunca se sabe. Cada reporte será panorama ideal para quienes extrañan House of Cards. En directo, la realidad peleará por superar a la ficción en temas de intrigas. 

A su favor está que en la búsqueda de poder, como mujer ya no tiene que pedir perdón ni disfrazar su intención de desear el puesto más importante del planeta. Es su momento para hacer historia más allá de la ficción del cine y TV. Una gran mayoría de su ‘público’ en el mundo quiere verla en 2016 ‘reventando el rating’ y, si se puede, celebrando con una polera que diga It’s Hillary, bitch! 

Pablo Simonetti y la reedición de Madre que estás en los cielos Mamá está aquí

Posted on: April 30th, 2015 by Rodrigo Munizaga

Cuando Pablo Simonetti (53) hizo su primera firma de libros, en un centro comercial, la única persona que llegó fue su madre, Eliana Borgheresi. Lo cuenta riendo, en el departamento donde vive en el barrio El Golf, y se levanta a buscar una foto donde aparecen ambos, precisamente de 1999, cuando lanzaba la colección de cuentos Vidas vulnerables. Ese día también le escribió una carta donde le decía: “Finalmente tenías razón en perseguir esta vocación”, luego de la inicial resistencia a que su hijo ingeniero civil le contara que dejaría su trabajo para convertirse en escritor. Dos años después de su primer lanzamiento, ella falleció a los 77 años tras un fulminante cáncer de páncreas, y no alcanzó a ver el éxito que ha tenido en la literatura. A cambio, fue la inspiración para su primera novela, Madre que estás en los cielos, que cumplió diez años y que ha vendido 100 mil ejemplares. Traducida a cinco idiomas, el libro tiene ahora una reedición, con un prólogo añadido, donde el autor de libros como La razón de los amantes o Jardín cuenta cómo surgieron las ganas de escribirlo, mezclando ficción y realidad en la vida de Julia Bartolini, una descendiente de inmigrantes italianos que narra su vida de tensiones familiares —tanto de sus padres como de su marido y cuatro hijos— luego de saber que tiene cáncer. Parte de la historia de la madre de Simonetti (y la suya) está ahí, pero otra parte es invención. “La novela es una autoficción”, define él. De todos modos, esa mezcla le trajo problemas.

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—En el prólogo cuentas que cuando lanzaste el libro, una de tus hermanas se molestó al verse reflejada, y luego lo aceptó.

—Mi hermana (la artista visual Eliana Simonetti) se sintió expuesta, en algunas partes del relato traicionada, y me decía: “Esto no fue así”. Y efectivamente no había pasado así, porque era ficción, aunque María Teresa está inspirada en su vida. Y mi otra hermana me llamó a los tres días llorando, muy emocionada, y me dijo: “Mi madre está viva en esta novela”. Y eso es lo maravilloso de la literatura: es mi madre, es nuestra vida, pero al mismo tiempo no es mi madre y no es nuestra vida. A pesar de que inventé todo, sigue siendo mi madre.

—¿Cuán intenso viviste el momento en que a tu madre le diagnostican cáncer de páncreas y luego muere?

—Fuimos a almorzar un martes a la casa de ella con mis dos hermanas y nos había preparado unos ñoquis y su típica ensalada de apio, palta y nueces, pero no comió. Me dijo que no se había sentido bien y que esa tarde iría al doctor, y al otro día una hermana me llama y me dice que la mamá está internada en una clínica, porque el doctor cree que tiene un cáncer al páncreas. Luego fue todo cuesta abajo: a ella le encontraron el cáncer el 3 de octubre de 2001 y murió el 29 de ese mismo mes. Estaba ramificado y le produjo una septicemia.

—¿Cómo se lo tomó ella?

—Con mucha valentía. Recuerdo que al tercer o cuarto día internada llamó una tía suya para preguntar cómo estaba y yo le dije que tenía una inflamación en el páncreas y mi madre me dijo muy seria: “Dígale que tengo cáncer, no uses eufemismos”. Y me sorprendió. Ella al principio estuvo muy enojada, pero nunca la sentí desesperada, sino desconcertada. Pero después se entregó a la situación. Y visto en el tiempo, ella tuvo un privilegio, al enfrentar una enfermedad así y que se desencadenara tan rápido. De las tres semanas que pasaron, la última la pasó inconsciente. Pensado desde el sufrimiento, para mí fue una tranquilidad cuando murió. 

—¿Recuerdas algún momento especial de la despedida?

—En el último momento que estuvo lúcida yo entré a la habitación, ella estaba hablando con la enfermera, y cuando me ve le dice: “Ahí viene el amor de mi vida, me ha tenido loquita la vida entera”, algo así, esas cosas que sólo las madres pueden decir y que uno se derrite sencillamente (se emociona).

—¿Cómo te recuperaste tras la pérdida?

—Estuve inhabilitado de escribir, quedé muy dolido y deprimido. Yo lidiaba con la idea de escribir una novela y no me salía. Entonces se suma la ausencia de esta persona a la que había amado y me hacía tan bien amar. Madre que estás en los cielos me permitió traer a mi madre de nuevo a la vida, me hizo sentirme acompañado por ella en todo ese tiempo, y me dio las fuerzas para sacar una novela adelante. La muerte de mi madre me hizo perder la conciencia de mí mismo y tomar riesgos personales, familiares, pero que frente a la muerte se vuelven insignificantes.

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Uno de los momentos que más recuerda Simonetti de su madre es cuando le confesó su orientación sexual. Ella le pidió que no se lo contara a su padre —que estaba en una fase avanzada de Parkinson— y, contrario a lo que ocurre en la novela, murió sin saberlo. Para su mamá, esa revelación fue compleja.  

—Cuando le contaste, ¿cuánto tiempo duró ese quiebre con ella?

—Nunca tuve un quiebre definitivo con ella. A ella la vi sufrir, contrariada, pero nunca dejó de ofrecerme su amor. Siempre he agradecido que ella me abrazara y llorara conmigo cuando le conté. Por mucho que en su mente se estuvieran alzando todos sus prejuicios, su reacción física fue la de una madre plena. Sin ninguna distancia, estuvo conmigo, y hasta el día de hoy siento ese abrazo y pienso que nada me puede vulnerar.

—¿Era pudorosa? ¿Cómo se habría tomado tu exposición pública?

—No, era recatada. A mi madre no le gustaba que apareciéramos en el diario, ni en una foto. “Nunca dejen que les saquen fotos en vida social”, nos decía (risas)… que la vida era privada. Yo, que hablo tanto de ella, se pudo haber horrorizado, porque era una mujer muy privada, aunque antes de morir yo ya salía en algunos medios de prensa. Mantenía ciertas fronteras: no era una mujer que estuviera contando sus problemas, ni a sus amistades ni a sus hijos.

—Madre que estás en los cielos es una de las novelas chilenas más leídas de la última década. ¿Te sorprendió esa respuesta?

—No lo esperaba: estaba escribiendo un libro de una mujer de 77 años, que narraba una historia pretérita, que se estaba muriendo y que en sí misma no tiene una característica que la haga estereotipo. Entonces no pensaba que fuera a ser leída. Pero esta idea del secreto y la negación en las familias es algo que se repite y había una manera de vivir la vida que se estaba viniendo abajo y la idea de las identidades diversas, dentro de las familias, estaba borbotando bajo nuestros pies. Eso hizo que muchos se sintieran reflejados.