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Archive for September, 2014

Abuelo, padre y ahora su hijo en el limbo de la droga El maldito gen Downey

Posted on: September 30th, 2014 by Alfredo Lopez

Los flashes iluminaban sus caras cuando salieron de la corte superior de Los Angeles como si se tratara de una segunda condena. Una vez más la historia se repetía. Indio Downey Jr., de 21 años, era procesado por porte y consumo de cocaína, tal como sucedió tantas veces con su padre, el actor Robert Downey. Mientras las cámaras buscaban el mejor ángulo para atrapar el gesto de arrepentimiento y culpa, el silencio dominaba la situación. No hubo declaraciones ni regaños públicos. Sencillamente, hijo y progenitor bajaron la mirada y se abrazaron con timidez cuando el juez Keith L. Schwartz dictó la orden de que el joven debe someterse a un programa sicológico para tratar sus adicciones y, sobre todo, buscar el apoyo de su padre en caso de ser necesario.

‘¡El apoyo del padre!’, exclamaron los periodistas apostados afuera. ‘¡Pero cómo! Imposible!’. Para nadie es un misterio que de la generación actual de actores de renombre, Robert Downey Jr. tiene el prontuario de drogas más extenso de Hollywood, sin contar eternas jornadas de rehabilitación y millonarias multas. Pudo haber sido un niño mal criado de Manhattan, pero el actor creció bajo el rigor de su padre, el director y productor también del mismo nombre. Mitad judío, mitad católico, hizo que su hijo entrara al set siendo un niño, con precoces roles protagónicos. Para premiarlo, dejaba que con seis años de edad consumiera marihuana que él mismo le entregaba. Era su ejemplo, su modo de crianza.

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La madre, Elsie, parecía no reparar en la actitud de su marido y siempre se mostró más cercana a la hija mayor: Allyson, que creció como una niña acomodada del Greenwich Village. Pasaron los años y el mismo Downey reconoció que ‘creció rodeado de droga’. Aunque era demasiado tarde, su propio padre después le confesó que estaba arrepentido de lo que había hecho… “Sabía que entre él y yo se había creado un vínculo emocional en torno al consumo. Tomábamos medicamentos juntos. Esa era la forma en que me expresaba su cariño, así me premiaba, porque no conocía otro camino”.

Downey se transformó en un adolescente que abusaba del alcohol y que se pasaba noches enteras llamando por teléfono para conseguir crack, heroína, anfetaminas y, por supuesto, cocaína. Un camino que ahora Indio Downey, de 21 años, parece repetir al pie de la letra. Hasta la fecha lleva más de 70 días internado en un programa de rehabilitación y, sólo si cumple con cada uno de los compromisos pactados ante el tribunal, su sentencia podría ser desestimada en 18 meses más. Su arresto fue en junio pasado, mientras la policía hacía un control por las avenidas de West Hollywood. Aunque no estaba manejando, Indio fue el único arrestado. “Estamos agradecidos por la intervención del Departamento de Policía y creemos que mi hijo puede cambiar su historia por una recuperación exitosa. Una moraleja por su mal ejemplo”, dijo Robert tras el arresto.

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Y luego fue directo al grano: “No puedo omitirlo. La drogadicción es algo genético. Mi padre, yo y ahora mi hijo hemos pasado por lo mismo”, dijo con absoluta convicción. Meses de internado en clínicas, cárcel y la pérdida de papeles protagónicos por irresponsabilidades y trasnoches consecutivos, hicieron que poca gente le tuviera fe. Entre lecturas de libretos, extenuantes noches de fiestas y mañanas de resaca, Downey fue lentamente labrando una carrera en el cine. Lenta, pero con grandes aciertos. Ahora, con 49 años, es uno de los diez mejores pagados actores de Hollywood. Su trabajo en la trilogía Iron Man lo consagró. Ahora, como si se tratara de algo profético en estos días de juicios y declaraciones, promociona su nueva entrega El Juez. En la cinta, interpreta a un abogado con mucho poder en Chicago que, cuando llega al funeral de su madre, se encuentra con la mala noticia de que su padre (la leyenda, Robert Duval) está siendo procesado por un asesinato. Debe defenderlo y es ahí donde aparecen los reproches y distancias entre progenitor e hijo. Esos sentimientos ‘enterrados’ son los que hacen recordar la difícil relación que ha tenido el mismo Downey con su padre cineasta.

—¿Apareció la sombra de su padre mientras hizo esta película?

—Vi esto más como una reflexión universal sobre las dinámicas familiares difíciles y cómo pueden llegar a ser las cosas más complicadas… Por supuesto que hay algunos paralelismos de la relación con mi papá y se abrieron un montón de válvulas emocionales en mi cabeza. Pero siempre de un modo positivo, más enfocado en los sentimientos de reconciliación y la forma de encontrar un camino más allá de toda la basura que se acumulas y que a veces nos separa de los padres. 

La película dirigida por David Dobkin es una de las favoritas para los premios Oscar del próximo año. Durante su estreno, en el reciente Festival de Toronto, apareció Downey junto a su mujer, la influyente productora Susan Levin. Fueron aplaudidos por la industria como una pareja de éxito. Un matrimonio que se ha consolidado también como una dupla de trabajo. El proyecto El Juez es, de hecho, otro de sus productos audiovisuales. En esta misión, reclutaron a estrellas como Vera Farmiga, Vincent D’Onofrio, Dax Shepard, y Jeremy Strong. “Este es otro gran año para nosotros”, dijo Downey.

 —Está viviendo procesos emocionales fuertes respecto de la paternidad, ¿la película lo llevó a pensar más cosas?

—Podría llorar ahora mismo si quisiera pensar en todo lo que la grabación me evocó. Mi esposa pensó que hacer El Juez sería una experiencia importante e incluso terapéutica. Y tenía razón. Como actores a menudo confiamos en nuestro subconsciente y todo nuestro arsenal psicológico lo ponemos en los personajes que interpretamos. Pero esta historia me llevó a un proceso más profundo.

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—¿Esa fue la razón por la que, junto a su mujer, eligió esta película como el primer proyecto de su compañía?

—Hubo muchas razones. Era una hermosa historia. Muy americana, un poco al estilo de la vieja escuela, como esas películas con las que crecimos en los años 70 y 80. Relatos que tenían este tipo de impacto.

—Dicen que El Juez podría figurar en la carrera de los Oscar... ¿Qué espera en verdad?

—Que el público responda a nuestra película y que tal vez se envíe una señal a la industria… Que se sepa que las audiencias también quieren historias íntimas. Nuestra cinta es una celebración a las familias y sobre cómo es posible volver a conectarse de nuevo. La familia es la base de gran parte de nuestras vidas.

—¿Cambió su vida de algún modo?

—Después de terminar cada día de rodaje, llegaba a casa lo más rápido posible para pasar tiempo con mi hijo Exton. Lo tomaba en brazos y lo hacía dormir. Ese es el tipo de efecto que tuvo en mí. 

—¿Experimentó alguna sensación de arrepentimiento o culpa por las diferencias del pasado entre usted y su propio padre?

—Yo no quiero entrar en detalles, pero logré entender que siempre puede haber un momento en que la relación entre un padre y un hijo se detiene.  Son verdaderos desgarros, que también pueden suceder entre hermanos. Conectarse nuevamente parece difícil pero con amor y tolerancia es posible.

—¿Qué tan fuerte fue el cambio de ritmo de pasar de Iron Man a El Juez?

—Fue bueno tomar un descanso entre mi trabajo más conocido y comercial. Esta vez, me gustó volver a las bases del drama y tocar temas más reales. Sé que Tony Stark, mi personaje en Iron Man, ocupa un lugar estratégico en mi carrera. Pero todavía quiero hacer otro tipo de historias.

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—Ahora será padre nuevamente…  le faltará tiempo para estar con su familia.

—Muy cierto. Es un momento salvaje y emocionante para los dos. Hemos sido muy bendecidos con la llegada de Exton, que nos ha traído alegría. Ahora empezará un próximo capítulo de nuestra vida familiar. Pensar en todo el tiempo en que estaré con ellos, me llena de felicidad.  Pero el trabajo sigue siendo muy importante para mí. Tengo que mantenerme ocupado y no dejar que mi mente divague demasiado..

—¿El trabajo como una medicina?

—La experiencia así me lo ha enseñado. No hay mejor terapia que el trabajo. Necesito la disciplina, mantenerme ocupado y estar con mi familia. Siempre quise hacer algo extraordinario con mi vida y dejar alguna huella en el mundo. 

Los lobos marinos de Máncora

Posted on: September 30th, 2014 by Claudia Contreras

Algo tienen las focas que logran atraer con tanta vehemencia a sus defensores, como la rutilante Brigitte Bardot, la sensual estrella francesa de cine que en plena gloria se retiró para luchar y defender a los animales, principalmente a las focas.

Que diría la BB, como se la llamaba entonces, luego de décadas defendiéndolas de brutales muertes al saber que acá, muy cerca de nosotros en la vecina Perú, el tema nuevamente sale a relucir y ahora porque son los lobos marinos de Máncora las nuevas víctimas.

Se los está eliminando porque su presencia reduce la variada cantidad de peces y langostinos del lugar, cada vez más visitado por turistas y por lo tanto una industria creciente y cada vez más activa.

La balanza lamentablemente se mueve a favor de los humanos y digo lamentable porque a los lobos marinos se los está eliminando con veneno. Los habitantes de la zona e incluso los turistas han podido verlos morir en las playas y también a las aves que se animan a comer su carne.

El panorama no parece muy atractivo ya que por los mismos sectores donde desembarcan los futuros platillos que deleitarán a los visitantes, muy cerca se pudren las víctimas que perdieron la batalla por el alimento, junto a ellas también las aves que no saben el riesgo al que se enfrentan. Un hecho lamentable al que hay que poner fin, es cosa de mirar la naturaleza, ella tiene sus propios equilibrios.

Periodistas en peligro

Posted on: September 30th, 2014 by María Jesús Larraín Mclean

La decapitación en vivo del periodista norteamericano James Foley, en agosto pasado, con un minucioso trabajo de producción, edición y en HD alcanzó a estar sólo un par de horas al aire, pero llegó a un millón de visitas. A pesar del repudio mundial, pasaron sólo dos semanas para que se viera nuevamente a otro periodista degollado. “Todo parece indicar que el terrorismo encontró otras víctimas, una nueva moneda de cambio para ejercer el terror”, asegura Guillermo Holzmann, analista político internacional. 

“Desde la aparición de ISIS los reporteros de guerra se han transformado en objetivos terroristas; son más alcanzables y no tienen el apoyo con que sí cuentan autoridades o políticos. Tomar a un corresponsal no sólo favorece a estos grupos a generar presión internacional, sino que además asegura la cobertura. Esto se debe a que ISIS tiene una existencia de corta data, y busca generar presiones más efectivas en corto plazo, y ahí los ayuda el uso de los medios de comunicación”, agrega.

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Según Holzmann, estas imágenes pueden aumentar después del nuevo anuncio de Obama de mantener los ataques sobre ISIS. “El objetivo es mandar mensajes donde se toma control y la manera más efectiva de hacerlo, es a través de los medios. Si el ISIS mantiene la coherencia de lo que está pasando, es muy efectivo y probable que volvamos a ver en poco tiempo más videos de periodistas degollados, y también del mundo árabe, ya que ISIS aumentará la presión hacia los países que apoyarán a Estados Unidos”.  

Para el periodista chileno Amaro Gómez Pablos la moneda de cambio es un guión conocido. “Recuerdo que con mi equipo estuvimos ahí, justo el mes y en la misma carretera que secuestraron a Steven Sotloff, el último periodista degollado. Podríamos haber sido nosotros. Dimos media vuelta y nos fuimos. Fue una corazonada, un mal presentimiento. En su momento no supe dar la explicación al equipo. Ahora, un año más tarde entendí la razón. Es extraordinaria la vulnerabilidad que podemos tener todos”, explica. 

Cuenta que el procedimiento es el mismo en cualquiera de esos sectores: los periodistas están obligados a ingresar con dinero en efectivo y equipo de cámara a un lugar desolado. “Es un espacio de poder vacío donde no hay amparo y abundan las bandas criminales y las político-terroristas. Si no te atrapan estas últimas, te agarran los delincuentes de turno que te despojan de plata y equipo”.

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Ahí es cuando se multiplica la ganancia y se vende al periodista a la facción terrorista que esté de turno. “Ellos te compran y si no te canjean, te ponen en YouTube para pedir clemencia ante la comunidad internacional. Lo que vemos con Foley es que existe y que todos tenemos esa tremenda vulnerabilidad. A cualquiera de los que estábamos ahí nos podría haber ocurrido”, reflexiona. 

El peligro para los reporteros no es algo que sólo se experimenta en territorios donde hay guerra como Siria, Gaza e Irak, sino que también en lugares de ‘paz’, donde los periodistas que cubren temas como el narco están obligados a vivir situaciones de terror, peores o más fuertes que las que sufren quienes están en el frente en Medio Oriente. 

México lleva la delantera con más de 80 periodistas asesinados en los últimos años, además de una cifra de desaparecidos y secuestrados indefinida, según el Committee for protection of journalist (CPJ).

“El 41 por ciento de los reporteros que cubren violencia en México sufren depresión o estrés, incluso en mayor proporción que los periodistas de guerra”, aseguró el estudio de Méjico Herido de la UNAM. Además, el texto agrega que los profesionales mexicanos en su mayoría viven en las mismas zonas que reportean, a diferencia de los de guerra que viajan o son enviados a las de conflicto y eso genera un estrés y trauma más alto que estar en el conflicto directamente. 

“Cuando supe lo de Foley, no me sorprendió. Aquí vemos estas situaciones todos los días, el terror es algo con lo que convivimos”, cuenta Alejandro Almazán, periodista de Gatopardo

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Almazán lleva más de veinte años cubriendo el narcotráfico, ha escrito tres libros —todos récord de ventas— y ha ganado más de tres veces el Premio Nacional de Periodismo mexicano. Saltó a la fama con El más buscado, una biografía no autorizada del Chapo Guzmán, uno de los capos más crueles y que hoy está preso. 

Para Almazán reportear a los narcos es más peligroso que ir a la guerra, “ya que éste es un espacio donde nadie te proteje. Porque cuando hay poder no hay nada bueno. Ni la policía, ni la autoridad se preocupan de salvar tu vida. Todo el mundo está metido y te quieren ver muerto. El gobierno da una imagen de que ‘acá nada ocurre’, que la violencia se acabó, pero es mentira”. 

Confiesa que durante las últimas semanas él y sus ‘amigos’ como llama a sus colegas que también cubren narco, han estado recibiendo amenazas. “La semana pasada me abrieron las ventanas y las puertas de mi auto. Fui a ver y no me habían robado nada. Estoy seguro de que me están buscando de nuevo”, señala. 

“Los círculos del reporteo en la guerra son tres; el primero es de tus amigos, el segundo, de los conocidos, y el tercero, de los conocidos de los conocidos. Cuando tienes que hacer un trabajo en este último estás perdido y tu vida corre peligro. No te puedes salir del primer círculo”, señala Alejandro Almazán. 

En un viaje a Ciudad de Juárez cuando reporteaba a las mujeres desaparecidas de esa ciudad, Alejandro cruzó ese límite. 

Fue hasta allá para comprobar alguna de las macabras teorías que tenía para dilucidar este caso. La primera, es que a algunas las mataban porque eran entregadas como ofrenda a la Santa Muerte —como le dicen a la muerte en México— cada vez que los narcos cruzaban droga y la segunda, aún peor tenía que ver con el placer. Cuando llegó al hotel, recibió el mensaje de que no podía quedarse en ese lugar. Lo persiguieron hasta que abandonó la zona, y le dijeron que si seguía averiguando lo matarían”, cuenta.

Hoy tiene rabia, confiesa vivir en un país indolente, que no se moviliza con los ataques, desapariciones y asesinatos de periodistas. “México necesita con urgencia la reconstrucción del tejido social, está todo dañado, hay mucha sangre derramada y los periodistas no podemos hacer nuestro trabajo”, cuenta. 

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Ha visto demasiadas cosas, demasiada sangre, historias que suenan a ficción como la de Lino Portillo, un asesino de la masacre más grande que haya tenido Culiacán, donde asesinaron a más de 40 personas con motosierra. “Tengo que conocer al diablo”, pensó y partió a buscarlo a la cárcel, y después de varios encontrones con capos del sector que le advirtieron que no se metiera sintió que debía volver. A la semana siguiente, cuenta que comenzaron a caer los cercanos, los involucrados con la historia. 

Fue entonces cuando un conocido lo llamó, y le explicó que sabía lo ocurrido en ese lugar. Fue hasta donde el viejito, y dos días después se enteró que lo habían matado. 

“Me sentí tan mal luego de eso, ellos querían ir por mí, pero lo mataron a él, y el pobre no tenía nada que ver con eso”, comenta. 

“El muertito sabía a borrego”, decía un titular al día siguiente. 

“La gente me pregunta por qué me dedico a esto, por qué escribo estas historias, por qué llego a hablar con los narcos. Cuando los entrevisto, primero me consigo el dealer, que es la forma más fácil de llegar a ellos, y luego voy por el secundón, y así vas subiendo de categoría. Les pregunto desde sus familias, de lo que piensan de sus hijos, no me interesa saber a cuántos han matado o esas cosas. Lo que me interesa saber es de su vida, qué les da satisfacción. Lo que quiero es entenderlos, no justificarlos, porque la muerte no se justifica con nada”. 

Cree que todo viene de su infancia. Cuando a los seis años vio el primer cadáver. Recuerda que en su barrio había muertos todos los días y que cuando llegaba la policía, lo que hacían era cerrar las puertas. “Fue ese silencio el que me llevó a contar estas historias. La verdad es que yo veo esto como una obligación, como un deber con la patria”. Cuenta que extraña a sus amigos del barrio, que muchos de ellos se perdieron en el tiempo, que quizás algunos son secuestradores o narcos, y a muchos otros los han matado como a su colega Oscar Rivera, asesinado con 200 tiros afuera de la oficina.

“Debemos ser locos para hacer estas cosas, como Foley que quería estar donde se desarrollaba la historia. Los libros te escogen y las historias también y a mí me tentaron las que no tienen un final feliz”.

El color audaz protagonista

Posted on: September 30th, 2014 by Fernanda de la Maza

Pinterest, Instagram, Twitter y Facebook son sólo algunas de las redes sociales más conocidas con las cuales tenemos acceso no únicamente a noticias, sino también a decoración, combinaciones y estilos. Para la industria es difícil competir con este tipo de plataformas que evolucionan a una velocidad casi imposible de alcanzar. Es por esto que CASACOR 2014 quiso innovar, introducir nuevas tendencias y propuestas más jugadas. Debía existir una iniciativa mucho más transgresora y audaz.

De esta manera, dentro de las bases se exigió a los concursantes elegir un color. La idea era dejar a un lado las cómodas, bonitas y clásicas combinaciones, para así exponer proyectos más atrevidos. El director de CASACOR Chile, Eduardo Hameau, explica que “en una muestra de este tipo uno espera ver ideas que vayan más lejos. Siempre hay decoradores que están empujando hacia adelante, pero esta vez todos estarán obligados a hacerlo”.

El objetivo es que la exhibición sea capaz de dar color a través de distintos recursos y para ello, explorar con muebles, tapices, maderas, alfombras y más. “Hoy en día cuando tú vas a Milán o Sao Paulo, te encuentras con que las propuestas más jugadas y atractivas incorporan mucho colorido”, señala Hameau.

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¿Un lugar monocromático? No se trata de eso. Más bien, la idea es que cada espacio sea recordado por la predominancia de un tono. Para esto, se requiere de mucha creatividad de parte de los profesionales, sobre todo considerando que este año no habrá un tema guía. “Ellos tuvieron que elegir una ubicación entre los más de treinta espacios que hay y debieron postular a tres colores de su preferencia. Después, en función de la cantidad de participantes, se definieron los lugares y tonos”, explica Hameau. Y agrega:  “Queremos que este evento sea más arriesgado y que efectivamente el público note un cambio”.

La importancia del color es el punto de partida, tema transversal para los diseñadores y un factor determinante en el proceso creativo. A través de él se pueden establecer distintos climas y modificar los espacios. Para el decorador Roberto Cancino, éste es fundamental ya que siempre evoca un estado de ánimo, “puedes estimular o calmar a alguien con un color”, dice. Al momento de tomar un proyecto, él está consciente de que el tinte pondrá en juego muchos factores. “Si le colocas a un niño inquieto una gama muy estimulante, vas a exacerbar ese estado y va a terminar siendo un problema”, ejemplifica. ¿Un color? “El azul índigo porque es elegante y profundo”, dice. Para su colega Mariola Arteche es simple, el blanco no es un color y el resto “unifica y ayudan a que los objetos conversen entre sí”. La experta cree que le dan elegancia y carácter a los espacios. A ella le gusta mucho el tono visón. El también decorador Julio Maturana dice que el color es una de las herramientas básicas en el interiorismo y tiene mucho que ver con el efecto final. “Puedes tener forma y volumen adecuado pero si la tonalidad es inadecuada, más vale que no hubieras hecho nada”, señala. Su tono, el rojo laca china.

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En los muros. Para algunos un soporte, para otros, un protagonista. Justamente a Cancino le acomoda más la primera opción, así puede resaltar la tonalidad de otros elementos a los que les da atención. “Si es un espacio de tránsito o uno comercial, uso pigmentos mucho más fuertes, pero para proyectos residenciales me gustan más tranquilos”, cuenta. Para Arteche, depende. A veces el muro es la estrella y lo resalta con tratamientos de tintura, pero otras, es sólo una base. “Muchas veces combino las dos cosas, le doy cierto protagonismo a unos, pero a otros los mantengo como contenedores”, afirma. En un ambiente “a lo Maturana” la muralla perfectamente puede desviar todas las miradas. Le gusta incorporar papeles y telas. “A mí me fascinan los muros entelados, me parecen muy cálidos y eso se ve espectacular, teatral y dramático. Un baño de visita se puede ver encantador tapizado entero en animal print o piel de pitón”, puntualiza.

En el tapiz. “Es el punto principal para colorear un ambiente”, dice Cancino. El prefiere tonos más tranquilos en paredes e intensidad en los tejidos y alfombras. “En general cuando llego a casas de clientes, la alfombra está perdida en medio de tapices y muros, todo compite con todo. Intento devolverle el lugar a la alfombra, no hay nada como un bordado antiguo”, dice. Mariola Arteche cuenta que uno de los puntos en donde más agrega color es en la tapicería, “es uno de los aspectos en donde más suelto la mano”, añade. Maturana se atreve a todo. La mayoría de las veces el sofá principal es de un color neutro y los sillones, puffs y cojines aportan con más tintes, texturas y diseños. “La gente sub 40 es osada y opta por el sofá turquesa con la alfombra negra, eso me encanta porque ver una casa entera de color beige es para suicidarse de lata”, afirma tajante.

En el arte.Los tres coinciden en que es un must al momento de decorar. Cancino usa tonos suaves en los muros para darle color a los proyectos a través de este ingrediente: “si mi cliente tiene la posibilidad de invertir en ello, prefiero darle el protagonismo que se merece. Eso habla mucho de la identidad del usuario”. Mariola dice: “Trato siempre de que los colores más atrevidos se manifiesten a través del arte”. Para Julio Maturana éste es ideal para brindar tono y calidad, “es uno de los elementos que más poder tiene, puede realzar o derribar un espacio”.

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La luz. Respecto de este ítem, Cancino le da extrema importancia al horario en que va a ser usado ese ambiente porque “es muy distinto un espacio que se vive sólo de día a otro que gana protagonismo de noche o que no tiene luz natural”. Para él la iluminación juega un rol muy importante porque completa el proyecto. Arteche considera que el alumbrado es muy relevante y siempre es mejor intervenirlo. “Generalmente trato de incorporar luz para resaltar los pigmentos. Me gusta que mis atmósferas sean cálidas”, agrega la diseñadora. Maturana es tajante, “es la estrella, incluso más importante que el color, por la sencilla razón de que la luz da color”. El decorador prefiere el led cálido porque consume poca energía.

¿Y el cliente?“Hay que adaptarse al usuario y los colores deben representarlo”, concluye Cancino. El experto busca generar un ambiente que le permita a la persona poder seguir completando su espacio y que no se sienta invadido. Para Mariola Arteche la combinación de tonos resulta de la conversación con el cliente y cómo pretende vivir sus espacios: “Hay que tener claro cuáles son los lugares más importantes para él y cómo los ocupará”. Julio Maturana cuenta que su rol es saber interpretar a quien lo contrate. “Ese es el papel de un buen decorador, no imponer tu gusto personal, pero claro que conmigo es imposible un resultado desapercibido. ¡Antes muerto!”, dice entre risas. 

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Puertas afuera. Jardines, patios y terrazas se transforman a lo largo del año, rara vez se mantienen estáticos y el color es una de las razones: marca las estaciones. La paisajista Pía Passalacqua cuenta que “usamos el color como potencia, una gama que vaya predominando en el jardín según la época del año”. Y añade “tratamos de que el colorido pase a ser algo natural, que la gente piense que siempre estuvo ahí”. Para distribuir los tonos en el espacio hay que fijarse en todo lo que lo rodea o “puede pasar a ser una confusión en vez de un aporte”, señala. En la coloración también pueden aportar los árboles, troncos, maceteros y muebles de terrazas. En los jardines de Passalacqua, el verde es el más importante porque “es un color que siempre está y junto con el gris, aportan mucho”. ¿Las especies? Entre sus básicos están los agapantos, las verónicas y las astromelias. Las claves en sus intervenciones son tres: que parezca del sector, que se potencie a través de un buen volumen y tener cuidado con el traspaso de un color a otro. 

Cine chileno de terror Sangre fresca

Posted on: September 29th, 2014 by Daniel Olave

Queríamos titular este artículo “los cultores del gore chileno”, aludiendo a ese subgénero cinematográfico caracterizado por la profusión de sangre y escenas explícitas de violencia que tantos adeptos tiene entre los fans del audiovisual. Pero no. “Aunque me encantaría, para eso hay que tener plata para buenos efectos especiales”, explica Patricio Valladares (33), quien en estos días rueda su película Toro loco sangriento, protagonizada por Francisco Melo. “Hay gente que ve un poco de sangre y altiro dice gore. Dejémoslo en violencia gráfica”.

“Aunque suene loco, es una violencia con contenido narrativo, porque no se trata de mostrar sangre y violencia porque sí, sino que tratamos de contar una historia”, agrega Lucio Rojas (35), quien este año estrenará dos películas: Perfidia, protagonizada por Catherine Mazoyer e Iñigo Urrutia; y Sendero, con Tomás Vidiella encabezando una familia de asesinos que hace pasar malos ratos a Andrea García-Huidobro y Diego Casanueva, entre otros.

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Para Valladares, oriundo de la VIII Región, todo comenzó cuando era niño y en sus manos cayó un cómic del personaje de Conan el Bárbaro, ver esas imágenes de violencia, sangre y mujeres voluptuosas le hicieron pensar en convertirse en dibujante. “Traté de publicar un cómic que hice en el liceo, pero era muy costoso. Al final, se me ocurrió convertir esa historia en un cortometraje. Y ahí como que le agarré el gusto. Igual estaba muy pegado con las películas de cine gore alemán, que era muy fácil, era como una cámara VHS y amigos”. Cintas como Robocop, de Paul Verhoeven, y luego el cine de Lucio Fulci, David Cronenberg, Takeshi Miike, Robert Rodríguez y muchas horas viendo cine arriba de buses interprovinciales hicieron su parte.

Mientras Patricio vive y trabaja entre Chillán y Concepción, Lucio Rojas nació en Santiago, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Aysén y Coyhaique. “Yo soy generación videoclub totalmente. Allá donde vivía llegaba una sola radio y TVN. Cómo sería la orfandad audiovisual, que encontraba buenos Los Venegas”. Aunque después estudió en la Escuela de Cine en Santiago, para Rojas fue clave esa formación viendo todo tipo de películas que pillaba en el video club local. “Ahí arrendaba las típicas que llegaban en esa época, que estaban de moda y que uno se impresionaba con las carátulas, como El vengador tóxico y que decían ‘estrictamente prohibida para menores’. Y eso me llamaba la atención”.

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Aunque puede que pocos hayan visto alguna vez una película de estos directores, ellas existen. Mientras estaba estudiando en la Escuela de Cine de Chile, Lucio filmó una historia de acción y zombies junto a su compañero Cristián Toledo. Muerte ciega, su primer largometraje, fue filmada entre septiembre y octubre de 2001 en los alrededores de la capital. Con un presupuesto ínfimo y muchos amigos, crearon una historia de un grupo de militares enfrentados a una crisis de muertos vivientes. Tras algunas negociaciones, su ejercicio de poco más de un millón de pesos fue retitulado como Zombie Dawn y estrenado comercialmente en veintidós salas de Estados Unidos, logrando una muy buena acogida en sitios especializados, y comenzando un recorrido por distintos mercados como México y Japón.

“Cuando la hicimos, nuestra máxima aspiración era subirla a internet o a darla en algún festival comunal. Pero la empezamos a mandar a festivales y, por esas cosas del destino, la compró un distribuidor gringo especializado en películas clase B. Películas que pueden ser súper defectuosas, pero que igual encuentran un mercado. Así, terminó saliendo en DVD en varios lados. Eso me sirvió para darme cuenta de que este tipo de películas se mueven afuera. Uno es súper consciente de que hay que vivir de esto, y eso es lo difícil. Esa película me dio el espaldarazo para hacer cine de género”.

Por su parte, los trabajos de Patricio Valladares tampoco llegaron a los multicines chilenos ni mucho menos, pese a que lleva años dedicado al cine de guerrilla.

Para hacer cine de bajo presupuesto, es clave contar con buenos amigos, colaboradores fieles, y ser capaz de entusiasmar a otros para que se sumen a proyectos que pueden parecer descabellados con zombies, asesinos seriales y violencia. “Al principio comencé con amigos”, cuenta Valladares, “el problema es que todos eran muy iguales, el mismo estereotipo de amigos. Al final me dediqué a ir a cantinas a buscar borrachos y ahí empezaba a meter gente que tuviera rasgos faciales bien marcados. Se me hacía mucho más fácil que no fueran actores porque no tienes que mamarte eso de ‘cuál es mi personaje, mi motivación’ o cuestiones así. Te saltabas todo eso. Tú le decías: ‘tírate al suelo, grita, y listo”.

En el año 2009 con su película Dirty Love, Pato Valladares estuvo presente en el festival especializado de cine fantástico de Sitges, en España. Luego vino Toro loco, donde además de su grupo habitual de colaboradores, participó Felipe Avello. La siguiente película fue En las afueras de la ciudad, la que contó con mayor presupuesto y que tuvo un remake en Estados Unidos, a cargo del propio realizador.

Para materializar ese proyecto, por primera y única vez, el cineasta consiguió fondos del gobierno regional. “Fue gracias al gobierno que logré financiarla, pero fue una tremenda mentira. En el proyecto decíamos que era un drama contemplativo, que hablaba sobre el campo chileno. Pero era una historia sórdida de violencia gráfica, aunque claro, ocurría en el campo, eso sí. Y bueno, matar a alguien brutalmente… eso es dramático poh”.

Para la película que durante el 2012 participó en una docena de festivales especializados en todo el mundo, contó con algunos actores profesionales, como Daniel Antivilo y Siboney Lo.  Así logró concretar la primera cinta que quedó como él quería. El filme, no estrenado en Chile, consiguió distribución en Estados Unidos, Alemania, Australia y Japón, y gracias a su paso por el Fantasia Film Festival de Montreal, obtuvo la posibilidad de una versión filmada en territorio norteamericano.

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—¿Cómo surgió la posibilidad del remake?

—En el jurado estaba Michael Biehn, y no me acordaba quién era. Yo preguntaba: ‘¿y quién es Michael Biehn?’, y me dijeron: ‘El de Terminator’. Me junté con él, y como buen actor, me habló como media hora, del personaje, que le gustaba la película y bla, bla, bla. Ahí me ofreció la idea del remake. Yo al principio no quería mucho, pero al final igual me ayudaba, las lucas eran buenas y servía para generar ruido. Pero no fue una experiencia tan linda. Era duro transar con los sindicatos y los actores, y había mucha presión, sobre todo para mí que venía trabajando de manera más relajada. Allá hasta el extra tiene agente y tienes que respetarlo y tonteras así. 

Cuando vivía en el sur, Lucio Rojas leía mucho. Y antes de decidirse a estudiar cine, pasó por la carrera de Derecho y luego estudió Administración Pública. Todas esas experiencias le han servido a la hora de hacer cine. Pero la que más le ayudó, sin duda, fue su experiencia como dueño de una tienda de videos en el centro de Santiago entre los años 2003 y 2012. En Gala, ubicado en una galería de calle Huérfanos, vendía y aprovechaba de ver todo tipo de cine. “Traíamos toda clase de películas, cosas más raras, y coincidió con mi ingreso a la Escuela de Cine. Siento que fue una preparación, una profundización por mi gusto por el cine fantástico y de terror, entre otros”.

Tras la experiencia de Muerte Ciega/Zombie Dawn, Lucio Rojas está full abocado a sus nuevas películas. Su cinta de suspenso Perfidia, debería estrenarse en enero de 2015. Tendrá un estreno reducido con seis u ocho copias. “La idea es arriesgar lo menos posible porque uno sabe que va a ir poca gente. Sendero por el contrario sí tiene aspiración de estrenarse acá. Lo bueno es que nosotros, con mis productores ejecutivos, formamos una empresa que se llama Border Motion Cinema para hacer cine de género. En un principio solo películas nuestras, pero la idea es poder producir trabajos de otros e ir sumando inversionistas privados como lo hemos estado haciendo hasta ahora”. 

Trabaja afanado en las oficinas de la productora en el sector de El Golf, terminando la postproducción de Sendero, una historia del subgénero survival (donde un grupo de jóvenes perdidos en algún lugar alejado y que debe sobrevivir al ataque de despiadados asesinos), ya prepara al menos dos nuevos proyectos. Aunque de distinto tono y temática, son diversas expresiones del género fantástico y de terror.

“Lo que estamos haciendo gente como Pato o yo, son cosas que no se habían hecho antes, en general el cine local es súper tradicional, y las cosas de género correspondían a una estructura súper clásica”, explica Lucio. “En cambio ahora se están haciendo películas que, influidas por lo más reciente del cine de terror francés, belga o canadiense. Estamos experimentando. Para los actores que trabajaron en Sendero, hacer algo como esto igual es nuevo’”.

Para Sendero, Rojas contó con un elenco que incluye a destacados actores jóvenes como Andrea García-Huidobro, Diego Casanueva, Sofía García, Felipe Contreras y Javiera Hernández, además de Tomás Vidiella, quien aceptó con entusiasmo sumarse a un proyecto de estas características, con impactantes escenas de violencia, mucha sangre, violación, tortura y miembros cercenados. “Pidió ver el guión, aunque tuvo algunos reparos, claro, porque le toca unas escenas bien fuertes, pero todo bien”.

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—¿Por qué creen que actores como Pancho Melo y Tomás Vidiella aceptan hacer este tipo de películas?

Lucio: —Porque a todos los actores les gusta hacer cine. Y tener protagónicos.

Patricio: —Y saben que es fome hacer teleseries. 

—¿No tienen prejuicio con las cintas de género?

Lucio: – A mí el terror que más me gusta es el terror de humanos. El terror sobrenatural me gusta igual pero me gusta con personajes malos. Y claro, en la película Vidiella está con hacha, pistolas, cortándole ciertas partes a algunas personas, y yo creo que le atrae eso, porque igual la película está bien escrita, porque si el guión es un mamarracho sin ni pies ni cabeza, no se van a interesar. Especialmente cuando son gente que tienen experiencia en dirección, como Vidiella o Andrea García Huidobro. Lo bueno de tener actores así, es que es gente de mucho carácter, de hecho a ratos fue intensa y tensa. El rodaje fue mi propio Apocalipsis Now, pero más allá de eso, toda esa intensidad, el carácter que tienen, aportó mucho a la película y eso transcendió en pantalla.

Patricio: -Tienes que respetarlos igual. Por ejemplo, en la película que hice en Estados Unidos, fue bien difícil a nivel de actores. Todos estaban bien, no queríamos hacer muchos cambios, pero al momento de grabar algunos eran bien apasionados y a la vez complejos para trabajar. Pero cuando ves el trabajo en cámara te das cuenta de que ellos saben hacer su pega. Uno tiene que transar y saber cuándo tienen razón. Y agradecerles por la confianza.

En estos días, Patricio Valladares está en Santiago, filmando su primera producción capitalina. Acá consiguió apoyo y financiamiento para Toro loco sangriento que, explica, es una suerte de reboot o secuela o “una cosa así”, de su anterior filme Toro loco. “Es como lo mismo, pero igual tiene continuidad con la anterior. Pero como esa es tan underground y tan mala, da lo mismo. Se puede ver como una película totalmente nueva”.

El protagonista es Francisco Melo, y junto a él, forman parte de esta historia de venganza, crímenes y bajos fondos, Mauricio Pesutic y su hijo Simón, en su primera película para el cine juntos. Además, estará la joven actriz Constanza Piccoli (Mamá mechona), Matías López y una galería de personajes curiosos como Felipe Avello, que se repite el plato, el ex chico reality Junior Playboy, el físico culturista Christian Lobarede y los Millenium Show, además de algunos de sus colaboradores habituales.