Caras

Archive for February, 2014

Capperi Ristorante: sabores de Italia en un bocado

Posted on: February 28th, 2014 by Flavia Achermann

De nombre ácido y carácter redondo este restaurant tomó lo mejor de la verdadera Italia y lo instaló en el corazón de nuestro barrio europeo. Ingrediente transcendental en la cocina mediterránea, las alcaparras sirvieron de inspiración para bautizar el lugar que fundó una pequeña Roma en la propia y local Avenida Italia.

Existen pocas personas que no disfruten de un plato de pastas o pizzas, pero de seguro, si alguna de ellas visitara Capperi, cambiaría de parecer. En esta tratoría todo se trata de recordar la Italia clásica y verdadera. Comenzando por su estética y terminando en la carta, la experiencia comienza con dos patios con aires de viñedo, uno interior y otro exterior, los cuales logran separar a Capperi de la ciudad, sin tener que salir de ella. Eso, sumado a una decoración acogedora y un gran menú de platos y vinos, entre los que destacan los ravioles de jaiba, tienen como resultado una imitación perfecta de la verdadera vida en la toscana.

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A diferencia de otras tratorías, este restaurant hace honor a su lugar de origen. Usando una carta Magna de entradas – donde destaca el Suplí a la romana, un plato que consiste en bolitas salteadas de risotto con ragú y abundante queso mozarella dentro – y pizzas con carnes y diversas verduras, podría decirse que éste se ha convertido en un pequeño imperio a la piedra, en el cual se incluyen focaccias y novedosas variaciones de pizzas blancas, las cuales están preparadas con provoleta o queso azul entre otros ingredientes.

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Lejos de ser ácido como las alcaparras, el secreto de Capperi está más cerca de lo que pareciera ser una trufa. A simple vista nadie pensaría que tras esa austera apariencia se esconde una preparación delicada y sabor intenso, siempre dispuesto a tentar en una nueva oportunidad.

Dirección: Avenida Italia #1463, casi al llegar a esquina Caupolicán. Precio promedio por persona: $10.000.-

Amparo Noguera“Tengo un lado masculino, y eso a los hombres les atrae”

Posted on: February 27th, 2014 by Paula Palacios

Va a cumplir 50 y tiene facha de 20. Ultraflaca y tonificada, Amparo Noguera da clases de sensualidad mientras posa para la cámara con un sugerente corsé, short de terciopelo y tacones. De mirada penetrante, se proyecta resuelta, como si tuviera el control total de sus decisiones y de su vida, la que ha estado marcada por ir contra la corriente y salirse del molde, por lo que —confiesa— más de alguna vez se ha sentido juzgada y vista como bicho raro.

Lo cierto es que Amparo es la contradicción misma: mientras posa como las diosas, cuenta que de sexy, ¡nada! Hasta incluso piensa que su gran atractivo, con el que ha conquistado a los más guapos de Chile, es precisamente su poca feminidad. De resuelta muy poco, ya que admite que aún arrastra inseguridades y miedos, y aunque por un lado es contraria al sistema y se rebela a todo lo que huela a convencionalismos, por el otro, asegura que jamás tendría una relación lésbica porque precisamente lo convencional, ¡le pesa!

Definitivamente, su única certeza es el teatro; es su columna vertebral y el piso desde donde se para y se arma. En eso siempre quiso ser la mejor, al punto que la dejó sin tiempos para ser madre, pero sí posicionada —según los críticos— como la mejor actriz nacional. Hoy vuelve a robarse la película como Clara Arancibia, la exitosa periodista de la nocturna de TVN Vuelve temprano —inspirada en el caso de Jorge Matute Johns—, cuyo hijo adolescente es asesinado en extrañas circunstancias, y de paso destapa la doble vida de muchos adolescentes ABC1 y su relación con las drogas.

Esta serie además de sacar fuera su lado más dramático, la reencontró con su ex pareja Francisco Melo, tras diez años de una bullada ruptura que el propio actor hizo pública en una sentida entrevista, mientras ella optó por el silencio. “Es una historia antigua, él tiene su vida armada con Daniela (Lhorente), y yo la mía… Hablar de él como mi ex ya no, ¡han pasado diez años! Sólo puedo decir que es un gran actor, me encanta trabajar con él y ojalá podamos seguir trabajando juntos. No hay mucha amistad todavía, hemos estado separados mucho tiempo, no nos habíamos reencontrado… Quizás ahora las cosas pueden cambiar”.

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A pesar de su obsesión por el trabajo, Amparo reconoce que nunca le interesaron los protagónicos. “Las cosas se han ido dando… Me encontré con directores como Alfredo Castro, Rodrigo Pérez, mi padre (Héctor Noguera), que creyeron en mí y me han aportado. Y bueno, ¡yo también he puesto harto de mi parte! Mi trabajo es lo más importante, es lo que me arma; y puede que me entregue en exceso, pero no lo concibo de otra manera, ya son 30 años en esto. Hace muy poco me dieron mi primer protagónico; nunca los busqué ni he hecho nada por conseguirlos. Si me preguntas ¿qué personaje quisiera ser?, ¡ninguno!, sólo que mi pega tenga un sentido”.

—¿En qué es ambiciosa, entonces?

—En que me cuesta renunciar a trabajos; en eso tengo una ambición grande, no puedo decir no. Tanto así que nunca me han reemplazado en alguna obra, me costaría mucho. Y si rechazo un papel, me produce curiosidad la actriz que lo hizo… Quizá no tengo metas porque se me presentan las cosas sin buscarlas. Ha sido una mezcla de suerte y de inteligencia para mantenerse…

—Al revisar sus casi 50, ¿conforme con lo que ve?

—Sí, contenta… Aunque también insatisfecha; ¡mira qué contradictoria!, pero eso es la vida. No tengo nada resuelto, he hecho el camino que he podido… Mis decisiones las tomo día a día, aterrada de que si suelto una cosa se me va a derrumbar otra; vivo asustada, como sobreviviendo…

—¿Y sus miedos persisten a estas alturas?

—Estoy empezando a dejarlos, recién a los 50… Me di cuenta de que el tiempo para lo privado tiene un valor enorme, antes no había momentos para eso. Y hay cosas que se me pasaron, que ya no hice, como tener hijos por ejemplo…

—¿No fue una decisión deliberada entonces?
—Nada ha sido una decisión deliberada en mi vida, las cosas me han ido ocurriendo. Mi única determinación ha sido trabajar, así he entendido mi existencia. De las pocas cosas que tengo resueltas es que soy una actriz de calidad y que mi trabajo es valorado. Son las señales que recibo: a la nocturna le va muy bien, he participado en montajes clásicos importantes (Señorita Julia, Casa de muñecas, El jardín de los cerezos) con muy buenas críticas y público. Hay un camino recorrido y me tranquiliza que no haya sido de golpe, porque hoy todos los pasos me parecen lógicos, me lo merezco.

“Mirando para atrás, lo único que cambiaría sería ese temor. Sentía que tenía que resolver, avanzar y avanzar, por esos miedos que aún no sé de qué se tratan. A todas las propuestas laborales decía sí, porque un trabajo llevaba a otro; y así fue, no me equivoqué. Hay miles de cosas que pude no haber hecho, que me costaron mucho. Me metí en obras difíciles, con directores complicados, donde cualquiera hubiese desistido; sin embargo, yo permanecí. Y siempre pensé que iba a tener tiempo para hijos… Estaba tan perdida que incluso hace muy poco dije ‘yo todavía me estoy formando’, ¡y ya era una vieja poh!”.

Amparo insiste en que ahora está aprendiendo a no transar su vida afectiva que conforman su familia más directa (padre, hermanos, sobrinos) y el actor Marcelo Alonso, su pareja de hace diez años. “Creces y la familia cobra un lugar importante; es la parte social más entretenida que tengo, mucho más que mis amigos. Esta te acepta tal cual, no te pregunta ni pide explicaciones de nada”.

—¿Ha tenido que darlas?
—En este país cualquiera que rompe esquemas o se sale del margen tiene que dar explicaciones por esos “errores”. Chile es tremendamente convencional, pequeño, intolerante y enjuiciador… Me ven como un bicho raro, por eso me he movido en un espacio pequeño de artistas y actores ¡donde somos todos raros! Y el resto es mi familia, que me conoce mucho. Los que me miran extraño son lejanos, los que no comparten mi vida, y que sin embargo se sienten con el derecho a opinar y preguntar. Los cuestionamientos más horrorosos e íntimos me los han hecho los que no son mis amigos. Y ahora la pregunta cambió, ya no es ¿los hijos cuándo?, sino ¿por qué no los tuve?Wp-Amparo-450-2

—¿Le hicieron falta?

—Ahora siento que me lo perdí, porque son ricos los niños, me encantan…

—Si pudiera retroceder, ¿se habría dado el tiempo o repetiría su historia?
—Debo ser honesta conmigo; si no hice algo es porque no quise finalmente, de lo contrario los hijos estarían. Y cuando haces o dejas de hacer cosas, claro que te preguntas cómo habría sido, pero ya no es un tema que me inquiete. Habría sido bueno, bonito, pero no hay pesar.


—No es madre, sin embargo con Vuelve temprano puso en el tapete la doble vida de muchos adolescentes y sus carretes extremos, y que sus padres desconocen… ¿Será tan así o hay una exageración del tema?

—En un sector de la juventud sí, mientras otra parte está en la calle intentando cambiar la política de este país. Hay una doble vida que tiene que ver con la droga, que es transversal y también existe en la clase alta. Y accede a ella el cabro que tiene hambre y no tiene ninguna posibilidad en la vida, y también el que se cree dueño del mundo y piensa que no le pasará nada. Lo que debe rescatarse de esta teleserie es que existe la posibilidad de conversar, de contarse la verdad, pero para eso hay que aceptar que los hijos son diferentes.

—¿Cree que se ponen muchas expectativas sobre los hijos?

—En estas familias poderosas, al que se sale de los márgenes, al que quiere ser bailarín y no médico, ¡le queda la escoba!, si al final son ellas las que han escrito las normas morales, religiosas y económicas de este país. Las mismas que tienen las tierras, los terrenos, el mar; nos han dicho cómo vivir, cómo experimentar la maternidad, la sexualidad. ¡Oye, si a Zamudio lo patearon y mataron en la calle por gay!, recién ahora se está abriendo el tema… Y tienen esa doble moral de ser solidarias pero juzgadoras a la vez. Y me sorprende cómo van a misa, ¿te has fijado? Las iglesias de los balnearios caros se repletan sábados y domingos, ¡¿cómo tanto fanatismo en todo?! No digo que no haya que tener plata, ¡me encantan las lucas!, pero esa actitud de redención permanente, de pedir por los otros, no me la creo.

—¿Y qué papel entraría a jugar la droga en esto?

—La vida de la gente convencional y con mucho dinero es bien fome, por muchas casas en el sur o en balnearios caros —que me encantan por lo demás, ¡otra contradicción!—, hay una manera de ser. La señora que va a su mansión en Zapallar con 10 nanas y 20 jardineros lleva su misma vida que en Santiago, no tiene otra posibilidad, y sus hijos para salirse de eso, buscan sensaciones nuevas que no encuentran en sus casas millonarias. Y el problema es que no tienen la sensibilidad para utilizar las drogas, porque éstas pueden usarse para evadirte, retrospecciones, abrir lugares en tu cabeza… Pero estos cabros en su desesperación no le sacan provecho a un pito o a un ácido por ejemplo, sino que le dan hasta borrarse, ¡y es porque se creen dueños del mundo!

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—¿En su época se carreteaba distinto?

—Ahora hay más drogas, plata y acceso. Nunca tuve mayor atracción por la droga, me fumé mis pitos, me pegué mis rayas de cocaína, pero más que nada para entrar en onda, no era mi fuerte. Jamás me vi obligada a ocultarlo, quizá porque mis padres se encargaron de decirme que me querían como era, sólo por existir. Eso te relaja, no sentía que debía actuar de determinada manera para satisfacerlos a ellos o a este país espantoso que es Chile, donde hasta los barrios están segmentados y su gente no se cruza, y no se cruzará nunca mientras se mantenga el sistema económico. Espero que con Michelle Bachelet la cosa cambie, hizo un trabajo social importante, tiene sentido común, de su país, aunque no decide sola. Alguna parte de su programa tendrá que cumplir, un camino deberá comenzar a abrir… Su llegada es un tremendo aporte, se potenciarán las libertades individuales que no ocurre con los gobiernos de derecha.

—¿Por qué dejó de participar en campañas políticas?

—Hay una decepción, y la cosa estaba demasiado álgida como para tomar partido. Además que los que realmente la llevaron, fueron los estudiantes en la calle. Ellos movieron el tema, y no son muy concertacionistas que digamos.

Será Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo; el clásico de Tennessee Williams, y que Alfredo Castro montará a fines de marzo en el GAM. Su personaje será la desequilibrada, prejuiciosa y arribista protagonista de esta obra norteamericana que toca temas como la locura y el deseo, y donde participarán además Marcelo Alonso, Paloma Moreno y Alvaro Morales.
De deseo Amparo sí que sabe; ha sido el objeto de atracción de los más regios de Chile. Y la pregunta se vuelve recurrente, ¿qué tiene la actriz que los vuelve locos? Ni ella lo tiene claro. “No tengo idea, no sé qué será, pero han sido todos guapos… Los hombres con que me he relacionado han tenido que ver con mi trabajo; éste genera cierta intimidad, es seductor…”.

¿Hay una cosa de admiración hacia usted?
—Yo creo, pero ha sido mutua. Todas mis parejas han sido hombres muy inteligentes, y yo no lo soy tanto… A Alonso le gusta mucho mi humor, se ríe harto conmigo y me encuentra poco mina para mis cosas…

—¿Es más bien masculina?
—Sí, en la manera de ver las cosas y en lo poco sexy. Mi sueño erótico sería ponerme un short como el de estas fotos, taco alto, entrar a un lugar, fumar, bailar medio calentona y que todos queden impactados, ¡pero no me resulta! (ríe) No tengo esa feminidad evidente, aunque al parecer es atractivo también para algunos; a Alonso le gusta. Lo mío es el humor, la risa, la intimidad más absoluta cuando estoy con un hombre. Además de la física, genero una conexión interna-emotiva fuerte, de esas que te dan miedo, en que piensas que te vas a caer dentro del otro…

—Ha dicho que entró a depender de Marcelo Alonso, ¿aquí se queda?

—El ha visto quién soy, y con gran esfuerzo de su parte, lo ha aceptado. Y no me ha pedido cosas que no podría hacer, y se ha bancado paquetes y rollos míos sin tratar de cambiarme. Me critica a menudo, pero siempre a nivel de propuestas para facilitar un poco la vida.

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—¿Tan complicada es que se requiere de un esfuerzo para estar con usted?

—Sí, súper complicada, mal genio, con pésimos despertares, neurótica, rabiosa, trabajo mucho, me amargo… Como te decía, sus críticas son para abrir una puerta; ahora, si ya es mucha la pataleta, me dice: “sabes que no, no sigas por esto y esto otro”. El tampoco se ha sentido exigido como muchos hombres de este país de ser el macho proveedor, y eso alivia. Nuestra adultez ha contribuido a ver las cosas de determinada manera, de que la felicidad son momentos, que lo cotidiano es fundamental y que además de la pasión, está el valor de la compañía. Tenemos muchos espacios de libertad que los ocupamos trabajando, ahí debemos darle una vuelta. Sería rico de repente irnos cuatro meses de viaje ponte tú…

—¿Y por qué no lo ha hecho?
—Porque al final uno vive como puede, no como quiere; si no, nadie miraría al otro, ni se sorprendería con una pintura, con una canción o con la revista Caras. Uno vive como puede vivir, con lo que fue capaz de armar. Y en mi caso, es lo que hay.

—María Gracia Subercaseaux dijo a Caras que ella se enamora de la persona, más allá del sexo que tenga. ¿Comparte esa idea? ¿Tendría una relación con otra mujer?

—No me ha tocado hasta el momento, y ya no la tuve…

—¿Lo habría experimentado, entonces?

—No, me habría asustado un poco. Mi parte convencional es súper fuerte, a pesar de todo mi discurso. Te reitero, uno vive como puede, no como quiere ni como piensa. Hay ciertas cosas que puedes manejar. Lo cierto es que nunca estuve en una encrucijada como para pasar al otro lado. Sí creo que puedes amar a alguien más allá del género, y será algo cada vez más común; en eso ha contribuido la ciencia. Ahora ya no dependes de un hombre para embarazarte, puedes armar diversos tipos de familia, entonces la sexualidad —que hasta ahora ha sido muy utilizada para armar grupos y comunidades—, comienza a andar por otro carril, y se puede dejar sólo como un espacio de placer. En lo personal, no me resulta atractiva la cosa lésbica, ni la figura femenina; la conozco demasiado. No me atrae decirle a mi pareja que me duelen los ovarios, y que sepa de lo que hablo. Me entretiene la diferencia, no saber cosas de los hombres, me gusta su temperatura física, la piel que tienen. Definitivamente me mata lo masculino, lo viril.

AleuyUna oveja con piel de lobo

Posted on: February 27th, 2014 by Rocío Montes

Fue en el restorán Valle de Oro de Alameda con Portugal, pocos días antes del Plebiscito del 5 de octubre de 1988. Un hombre y una mujer, los dos militantes de la Izquierda Cristiana, estaban sentados en una de las mesas. Se conocían hace mucho y habían realizado juntos labores clandestinas y de alta peligrosidad contra la dictadura desde comienzos de los ochenta. A él todos lo llamaban Francisco “Pancho” García, su chapa. Ella era Nivia Palma, abogada, y hasta ese entonces no sabía el verdadero nombre de su compañero de partido.

La oposición a Pinochet temía un autogolpe de Estado el día del referéndum y, por si había caídos, era el minuto de dar vuelta las cartas e informar, por primera vez, la identificación de los que iban a cumplir papeles clave.
Pancho García, en medio del restorán, tendió la mano y le pasó un papel a la mujer que decía: “Mahmud Aleuy”.
Ella se echó a reír: “¿Mahmud Aleuy? ¿Ese es tu nombre? ¿Es una broma?”.
—No —contestó él—. Así me llamo: Mahmud Aleuy.
Ella lo memorizó, con bastante dificultad, y luego rompió el mensaje.
Casi veintiséis años después, la mayoría de la gente lo sigue llamando “Pancho”. Creen que es su segundo nombre. Entre ellos Michelle Bachelet, que lo considera parte de su anillo de extrema confianza y lo instaló en el círculo de poder más relevante de su segunda administración, como subsecretario de Interior. Desde ese cargo, a partir del 11 de marzo arropará al ministro Rodrigo Peñailillo en La Moneda y desplegará su talento político que, hasta ahora, ha ejercido con extrema reserva como experto electoral e influyente negociador del PS. Con cautela, como en los tiempos de clandestinidad en que este hombre de origen libanés caminaba por Santiago con el apellido García.

En lo público es de carácter fuerte, de aspecto duro —mirada oscura y penetrante— y casi siempre enseña un rictus serio. Era común verle con un cigarrillo en la boca —fumaba varias cajetillas Kent 1 diariamente—, pero con esfuerzo ha tenido que abandonar el tabaco.

Prefiere no estar en la primera fila. En el cónclave que organizó Bachelet en Jahuel junto a sus ministros y subsecretarios a fines de enero, Aleuy se instaló casi donde terminaba la sala, junto a los asesores como Róbinson Pérez. En marzo de 2012 sucedió algo parecido cuando Camilo Escalona, uno de sus principales aliados políticos, asumió la presidencia del Senado. En las galerías estaba Rodrigo Peñailillo representando a Bachelet, que figuraba en Nueva York. En la otra punta se encontraba Alberto Arenas, el futuro ministro de Hacienda. Fuera del hemiciclo, sin nadie a su lado, Aleuy caminaba lento como queriendo que sus pasos no se escucharan. Era uno de los tres asistentes de ese acto que, casi dos años después, conformaron la trenza de acero de la Presidenta.

Es deslenguado y lo sabe bien la subdirectora del Servicio Electoral, Elizabeth Cabrera. En la inscripción de las candidaturas para las municipales de 2012, solicitó a Aleuy agilizar la entrega de la documentación, que estaba atrasada y sobre los plazos. De lo contrario, el PS iba a quedar fuera del proceso. El socialista reaccionó en duros términos frente a un grupo de funcionarios del organismo y a sus propios colaboradores. Parte de la oposición después tuvo que pedir disculpas formales ante el Servel por el tono inadecuado del ingeniero.

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Pero Mahmud Aleuy tiene un lado amable y correcto, sobre todo en la esfera privada: es de los que corre la silla a las mujeres que se sientan en una mesa, de los que jamás acepta que ellas paguen la cuenta y es un señor formal que siempre acude a las reuniones con puntualidad, una especie en extinción en Chile. El acostumbra a decir que no conserva ninguna tradición de su tierra de origen, el Líbano, y que se siente más bien lejos de la colonia local. No piensa lo mismo su esposa de hace casi 18 años, la periodista Alejandra Jorquera, que habitualmente intenta hacerle reconocer que la sangre árabe marca su personalidad, estilo y forma de ver el mundo.
Su abuelo paterno llegó a Chile desde el Líbano y se instaló en Valdivia, como muchos extranjeros a comienzos del siglo XX. Partió como un comerciante pobre y, con mucho esfuerzo, logró un estatus acomodado. Su propio padre, que Mahmud admira profundamente, se dedicó toda su vida a la construcción. El protagonista de esta historia nació en una familia de clase media alta en 1959, vivió buena parte de su infancia y adolescencia en Concepción y estudió en el Seminario de Chillán. Con 13 años, comenzó a militar en la Izquierda Cristiana, básicamente por la relación que este partido establecía entre el socialismo y el cristianismo. Mahmud daba sus primeros pasos en política, influido por su padre de izquierda, cuando se produjo el Golpe.

Luego se trasladó a Santiago y terminó sus estudios en el colegio San Ignacio de El Bosque y, aunque fue educado por los jesuitas, no se considera católico. A fines de los 70 entró a estudiar Ingeniería Civil a la Universidad de Chile, y fue un alumno brillante. Pero dedicaba más tiempo a la militancia que a las clases.  Reconocido como un dirigente de tremenda capacidad política y valiente —controlaba perfectamente el miedo propio de la época— asumió cargos de responsabilidad entre los jóvenes y universitarios de la Izquierda Cristiana. Eran los años de las primeras protestas contra el régimen y el partido, aunque no estaba a favor de la lucha armada, proponía desestabilizar Chile mediante el movimiento social y las paralizaciones generales. En esa época, Francisco García preparaba las manifestaciones, pensaba en los sistemas de seguridad y hacía el control de daños de sus compañeros víctimas de represalias.
Siempre mostró —como hasta ahora— pragmatismo y cabeza fría ante los conflictos. En quinto año de la carrera, cuando se dio cuenta de que tenía problemas de seguridad, se retiró de la Chile. Recién en el siglo XXI, a los cuarenta y tanto, retomó sus estudios en la Uniacc y sacó el título de ingeniero comercial.
Después de aquella comida en el restorán Valle de Oro, pasado el Plebiscito y antes de la llegada de la democracia, Aleuy recorrió el norte y sur de Chile en bus. Como miembro del equipo de organización de la Izquierda Cristiana, conversó con cada uno de los militantes de la colectividad para convencerlos de sumarse al Partido Socialista. La unión se produjo a fines de 1990 y, desde entonces, formó parte de la corriente de la Nueva Izquierda, como Escalona y la propia Bachelet, que en esos años ejercía una militancia discreta. De esos tiempos conserva una admiración profunda hacia el extinto dirigente socialista Clodomiro Almeyda, líder de la fracción izquierdista del PS. Aleuy suele repetir una frase suya: “Para hacer política se necesita una escalera larga y otra cortita”. La larga, los proyectos profundos, las políticas de Estado y el cuidado de la República. La cortita, la operación partidaria.

Mahmud es un experto: pocos dirigentes de la actual Nueva Mayoría realizan maniobras políticas con la destreza Aleuy. Pocos operadores, reconocen incluso sus detractores, tienen tanto instinto político como el libanés.

En el gobierno de Aylwin fue asesor del Ministerio de Obras Públicas y luego, en la administración de Frei, trabajó en Mideplan con Luis Maira, gran amigo desde la época de la Izquierda Cristiana. Paralelamente, con su formación de ingeniero, fue ganando terreno en su partido como experto electoral. Conoce con precisión esa realidad, también la política, de cada una de las 346 comunas de Chile. Lo probó entre 2008 y 2009, cuando Bachelet lo puso a cargo de la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere), un organismo estratégico encargado de repartir recursos a las distintas localidades del país en plena crisis.

Lo niega en las pocas entrevistas que ofrece —es esquivo con la prensa y crítico de los dos principales grupos—, pero Aleuy está en cada una de las operaciones de riesgo de la centroizquierda. En las municipales de octubre de 2012, estuvo en medio del incendio de la fallida elección de Maya Fernández por Ñuñoa, que tuvo que reconocer el triunfo de Pedro Sabat por un número mínimo de votos. Era parte del comité de crisis y, según los presentes en la casona de Guardia Vieja, de la senadora Isabel Allende, actuó como siempre con frialdad total: “El PS perderá una alcaldesa, pero ganará una candidata a diputada”.
Un año después, en octubre de 2013, la historia le dio la razón.

Es un tipo divertido, de un humor fenomenal, y tiene una cautivadora vida privada. Fue uno de los pocos invitados al matrimonio entre Escalona y Ximena Tricallota en agosto de 2009 —junto a Máximo Pacheco y Alberto Arenas—, pero su verdadero círculo cercano no son los dirigentes de primera línea de los partidos. Cuida su vida íntima, cuya protagonista es su esposa Alejandra. La venera y no lo oculta. En una entrevista concedida a La Segunda en agosto de 2012 reconoció: “Mi pasión es mi señora”. Periodista de profesión, tiene participación en una farmacia mapuche del centro de Santiago. Atractiva y con mucha opinión política, escribía una columna en el extinto medio electrónico El post y usaba mucho Twitter. En esa red social alguna vez colgó una fotografía de las manos de su marido y las catalogaba como las más lindas del mundo.

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Ella se maneja bien con las tecnologías. El no. Jorquera le escribe por Whatsapp y él le contesta por SMS.
Es el segundo matrimonio de Aleuy, que estuvo casado apenas seis meses y es padre de un joven de 24 años. Con su actual mujer no tienen hijos, pero cuidan como a una niña a su perra Jo, una Yorkshire que es parte fundamental de la familia Aleuy Jorquera. El matrimonio vive en un departamento de Providencia y es adicto a la pintura chilena, a las rancheras y los boleros. Comparten el gusto por la lectura, que el socialista heredó de sus padres: adora las novelas de McCarthy, Conrad, Coetzee, Kawabata y Kertesz. Es fanático empedernido de la Fórmula 1 y, además de ser un experto asador, uno de sus hobbys favoritos es cocinar platos exóticos para su mujer y sus amigos. Lo catalogan como un hombre tremendamente dulce y moderno en lo privado, un gozador de la vida.

Pero en la arena pública el libanés actúa como un pragmático entre los pragmáticos. En mayo pasado, la comisión política del PS definía la repostulación de Escalona, que se negaba a realizar primarias internas en Los Lagos. El ingeniero, pese a la cercanía con el senador, siguió las directrices públicas de Bachelet y apoyó la realización del mecanismo. Siempre señala que a la Presidenta se le obedece: “Soy un militante disciplinado de un partido. Si ella dice que se debe hacer algo, hay que hacerlo”, explicó en 2009 a La Nación, donde ejerció como presidente del directorio entre 1998 y 2008.
La relación con Escalona, sin embargo, no está quebrada: comparten una forma de hacer política que poco y nada tiene que ver con los afectos y las sensibilidades. Los dos coinciden en que los partidos y sus estructuras son básicos para el funcionamiento de un gobierno, sobre todo en tiempos de crisis, y no creen en la genuflexión ante los movimientos sociales.

Mahmud Aleuy Peña y Lillo trabaja con disciplina, discreción y lealtad y esas características —según quienes lo conocen— lo han instalado en el círculo de confianza de Bachelet desde la época de la primera campaña electoral en 2005. Tampoco tiene agenda propia ni nunca ha aspirado a cargos de demasiada visibilidad, lo que es funcional a la médico socialista.

En los últimos meses ha estado junto a la Presidenta electa en momentos decisivos. El domingo 17 de noviembre lideró desde la sede del PS un centro de cómputos alternativos a los del gobierno. Manejaba información directa de cada una de las mesas y, a partir de esos datos, logró hacer un promedio de las estimaciones. Fue como se enteró rápidamente de que Bachelet no iba a ganar en primera vuelta. Caminó desde calle París hasta el hotel Plaza San Francisco y le comunicó en persona la mala noticia.

De mayor tonelaje que Peñailillo y que el resto del equipo político de La Moneda, desde este 11 de marzo será un subsecretario con rango de ministro, señalan en la Nueva Mayoría. Porque Aleuy —repiten quienes lo conocen— no es solamente un buen operador. Es el lobo que velará por controlar los conflictos y que tendrá la misión de desactivar las crisis de La Moneda de Bachelet.

2 casas para el sur

Posted on: February 27th, 2014 by Sandra Rojas

Edmundo toma lentamente el lápiz y baja la cabeza con concentración. Sus ojos azules observan el papel en donde se dispone a dibujar. El reloj marca las 2.00 AM, está cansado, pero debe seguir trabajando. Con cuidado, traza líneas y las impregna de color, dándole vida al universo de memorias que, a como dé lugar, desea publicar. Durante 3 años, el arquitecto e ilustrador siguió la misma rutina. Cada noche se encerraba en su oficina y, ansioso, volcaba todos sus recuerdos y experiencias tras el segundo terremoto más fuerte de la historia de Chile. Así, boceto tras boceto, fue naciendo Dibujos por madera, la novela gráfica que narra cómo él y un grupo de amigos sacaron adelante el emprendimiento que les permitió construir, en tiempo récord, dos casas en los sectores más afectados por el cataclismo del 27 de febrero: Cauquenes y Quirihue.

Se trata de un didáctico libro para niños­­ —y no tanto— que reúne todas las anécdotas que atravesaron en el camino. A través de su pluma y pincel, el arquitecto de la Universidad Católica Edmundo Browne supo cómo mostrar en su grado justo la desesperación y la triteza, sin olvidar los detalles graciosos que provocan más de una sonrisa en los lectores. Acompañado de ingeniosos diálogos, el dibujante narra el proyecto desde sus orígenes en una conjunción de acuarela, tinta y lápiz. “Sentía tan cerca el dolor, la incertidumbre, la rabia y la resignación. Además, estaba identificado con todas las personas que había visto: el que había perdido algún familiar, el que había quedado en la calle, el que saqueaba supermercados… Algo tenía que hacer para ayudar”, recuerda Browne en su libro.

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Como a muchos chilenos, el terremoto lo pilló durmiendo. Disfrutaba de sus vacaciones. Había vivido en Barcelona y al fin volvía a Chile a reencontrarse con amigos y familia. Pero, lo que debía ser un período de descanso y placer, se transformó en un remezón que cambió todos sus planes.

—¿Cómo se te ocurrió la idea?

—Quería ayudar, pero no sabía cómo. Hasta que al final pensé, ¿por qué no construyo las casas yo mismo con ayuda de mis amigos? Siendo arquitecto, era lo que mejor podía hacer. Al principio, no quería diseñar los planos, pero luego de una insatisfactoria búsqueda, decidí que yo tendría que hacerlo. Es que quería construir viviendas fáciles de armar, rápidas, pero permanentes. Algo más que una mediagua. Así es que hice el prototipo, que ahora sirve como modelo para otras personas que quieran construir una casa firme de manera rápida, con martillos y madera. De hecho, los planos pueden descargarse gratuitamente de mi página web: www.edmundobrowne.cl

—¿Cómo conseguieron los fondos para sacar adelante el proyecto?

—Hasta ese momento, la única manera en que la mayoría de los chilenos podía ayudar era entregando dinero a la campaña de don Francisco, Chile ayuda a Chile. Y, la verdad, no es una cooperación muy reconfortante. No es que crea que el dinero se malgaste, sólo que a uno le gusta saber específicamente en qué ocuparon la ayuda. Por ello, se me ocurrió ponerle valor a las tablas con las que construiríamos las casas. Cada una tenía un valor de mil quinientos pesos, y en total necesitábamos mil setecientas. Una vez comprada la tabla, escribíamos en ella el nombre del donante, le tomábamos una foto y la subíamos a un blog.

—Eso le entregaba, además, un mayor valor simbólico…

–Así es. Cada una de las viviendas tiene tablas con el nombre de la persona que las donó. Obviamente las pusimos hacia el piso, para que no se vean, pero las dueñas saben que los nombres están ahí, como una marca constante de que más de 180 personas cooperaron con la construcción de su hogar.

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—¿También recibieron ayuda extranjera?

–Sí. Yo puse a la venta algunas de mis ilustraciones y las compraron amigos de todos lados; de Estados Unidos, Holanda, España, y de otros países. Es lindo ver cómo una catástrofe de este tipo une a diversas personas por un fin común, desde mi amiga española hasta el ejecutivo que tiene una oficina en Las Condes. Al final, todos se olvidan de las diferencias y trabajan juntos. Eso es lo único bueno que dejó el terremoto.

—¿Cuáles fueron los principales problemas que tuvieron que enfrentar?

—Durante el proceso de construcción, surgió una infinidad de obstáculos: la distancia, el clima, la poca motivación de algunos… Pero lo que jamás nos imaginamos es que, una vez listas las casas, las propietarias no quisieran usarlas ¡Y justamente eso fue lo que nos ocurrió! Ya sea porque las casas de madera eran muy distintas a las de adobe que ellas tenían antes del terremoto, o simplemente por desconfianza. Al principio, las dos señoras se negaron a vivir en ellas. Finalmente, fueron los certificados de propiedad los que solucionaron el problema. Una vez que se sintieron dueñas de las viviendas, las comenzaron a utilizar felices y agradecidas.
En la lucha por sacar adelante el emprendimiento, las anécdotas suman y siguen. Y Browne las detalla a cabalidad en su novela; volumen que, además, trae anexado un libro más pequeño. La casa de la oveja María es el nombre de la fábula que narra la misma trama pero desde una perspectiva mucho más ingenua. A través de sus coloridos dibujos, Edmundo cuenta la historia de un perro, un cerdo, un conejo y una gallina que, tras unir fuerzas, hacen todo lo posible para reconstruir la casa de una oveja. Pero, al igual que Edmundo y sus compañeros, los animales de la granja pasaron por alto algo importante. “Al momento de ayudar, no basta sólo con entregar, sino que también es importante la comunicación, para saber cuáles son los verdaderos intereses del otro”, es la moraleja entregada por Edmundo.

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—¿Cómo ha sido el recibimiento de los libros por parte de los niños?
—Los pequeños son muy inteligentes. Muchas veces entienden la historia mejor que los adultos, así que a la mayoría les gusta y se entusiasman bastante. La idea es esa, que aprendan de su historia, se diviertan y se nutran con una experiencia de vida.

—¿Qué fue lo que más te marcó en todo el proceso de reconstrucción?
—Ver cómo tanta gente perdía sus cosas y muchos se quedaban sin nada. La mamá de un amigo –una de las señoras a las que ayudamos— perdió su casa y estuvo semanas durmiendo bajo un espino. Fue una imagen que no pude sacarme de la cabeza. El árbol era la única protección que los mantenía a salvo de las réplicas. Las mediaguas aún no llegaban y las lluvias del invierno se acercaban a pasos agigantados. Cuando supe eso pasé la noche en vela ideando un plan que me permitiera ayudar.

—A cuatro años del terremoto, podría considerarse un poco tarde publicar un libro de este tipo…

—Para nada. Quiero que los niños —y también los adultos— estén conscientes de lo que pasó, que no lo olviden con los años. Además, la novela no trata sólo del terremoto, sino que es una historia sobre dificultades que se superan, para que aprendan a salir adelante, para que no se rindan.

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—¿Tienes nuevos emprendimientos sociales por delante?
—Quiero que el libro llegue a las zonas rurales del Maule y el Biobío. Al final, la historia cuenta lo que les ocurrió a ellos y existen pocos registros de este tipo, en especial para los niños. Ahora me encuentro realizando charlas y talleres de cuento y dibujo. Quiero seguir trabajando en esto. Me gusta, creo que al fin encontré mi rumbo.

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Posted on: February 27th, 2014 by Aurora Aro