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Archive for January, 2014

La causa limeña

Posted on: January 31st, 2014 by Caras

No hay mejor causa que la peruana. Y no, canciller: no estoy atornillando al revés en el tema de La Haya, siendo vendepatria ni nada que lo parezca. Simplemente pondero una de las entradas frías más finas del virreinato hermano.

Una comida que probé por primera vez en Lima en casa del embajador de Chile en Perú, Francisco Pérez Walker. Corría el año 1997, el mismo en que después de 126 días, el 22 de abril, los militares peruanos lograron recuperar la Embajada de Japón que había sido tomada con 700 personas dentro por terroristas del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. Gobernaba Alberto Fujimori, quien luego de pasearse y fotografiarse entre los cadáveres de los terroristas vencidos, gozaba de gran popularidad interna, aunque ya eran cientos de miles los peruanos que buscaban fuera de sus fronteras mejores horizontes.

Fue en la década del ’90 cuando empieza a registrarse en Chile un aumento notorio de la inmigración vecinal. En 1995, el número de visas entregadas a ciudadanos de la Comunidad Andina, especialmente de Perú, crece de manera significativa.

En las casas de Santiago se hace común escuchar frases cantarinas con espléndida pronunciación tomando recados telefónicos: “La señora no está; le pasaré la voz”. Habráse oído: las patronas suenan como fámulas, mientras las sirvientas hablan como locutoras de radio del servicio exterior de la BBC. Se hace evidente este nuevo fenómeno con sólo parar la oreja: las nanas peruanas usan la lengua castellana con mayor fluidez y riqueza que la más empingorotada de las chilenas. Hablan y pronuncian como se debe, manejan un amplio repertorio de adjetivos y sustantivos castizos, que empiezan a permear la huevonería lingüística infantil y juvenil local en una de las consecuencias virtuosas de esta masiva inmigración. Pero volvamos a la causa. Que es un plato bélico, nacido para financiar ‘la causa de la Patria’. Distintas fuentes sostienen que la necesidad de recursos durante la Guerra del Pacífico hizo que las mujeres limeñas se organizaran e idearan un plato simple de conservar y fácil de consumir que pudiera venderse al paso, en la calle. Así fue como “se cocinó la papa, se prensó, se aderezó con ají, limón y aceite. Se logró una masa homogénea que pudo ser rellenada con ingredientes diversos. El resultado se comercializó a través de las vianderas limeñas que lo ofrecían ‘por la causa’”.

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Por la causa contra Chile, aunque a comienzos de los ’90, ese rollo de papa frío y relleno de pollo, atún o camarones, según el poder adquisitivo, empezó a ponerse de nuestra parte. Entonces era una de las tantas colaciones que los nostálgicos inmigrantes peruanos compraban a cocineras sin patente ni papeles en la Plaza de Armas de Santiago, y algunos chilenos audaces se aventuraban a probarla.

¿Cómo estas cocineras que llegaron a ocupar el lugar más bajo de la pirámide social y que empezaron a ser discriminadas incluso por quienes años antes ocupaban ese lugar —las nanas locales mestizas y mapuches— lograron refinar nuestra culinaria y convencer a las patronas de que sus platos criollos le daban pelo a la mesa nacional? ¿Cómo el cebiche, el tiradito y las minicausas se convirtieron en un plus en matrimonios, cócteles y eventos sociales de gran tralalá cuando eran lo mismo que los pobres inmigrantes del norte cocinaban en sus hacinados alojamientos de Santiago abajo?

Simple. Junto con los pobres, con los desplazados, con los sin casa ni oportunidades, la inmigración peruana masiva tuvo su vertiente high y se tradujo en la instalación de restoranes taquilleros, donde la elite se chupaba los dedos con las delicadas preparaciones importadas desde las orillas del Rímac.

El Otro Sitio, un clásico limeño, fundado en 1973 en el barrio Barranco por el rubio caballero de fina estampa Emilio Pescheira, fue el pionero de esa sofisticada importación culinaria.
A fines de los ’80, en Santiago, el filólogo Angel Santisteban, hombre culto y encantador, compró en la calle Antonia López de Bello del barrio Bellavista, la casona que albergaría al buque insignia de la gastronomía limeña en Chile. “Entonces existían en Santiago El Club Peruano en la Avenida Brasil y El Sabor Peruano en calle Lira, que era una huachafería con piso de tierra”, recuerda Angel. Y, ojo, huachafería es allá lo mismo que acá, una rotería. Ninguno de los dos locales daba cuenta de la magia de la sazón peruana o si la daban, nadie nunca se enteró. Por ahí por 1991, él y su socio Emilio Pescheira inauguraron la sucursal santiaguina de El Otro Sitio, que en un tris se convirtió en el epicentro del entonces taquillero barrio gastronómico de Santiago. La gente linda de derecha, que colonizaba en masa Santa María de Manquehue, y los retornados de izquierda que durante su exilio europeo se habían vuelto muy aficionados a la gastronomía, engrosaban la clientela que llenaba la acogedora casona de la antigua Chimba de Santiago. Con cocineros peruanos y garzones chilenos, El Otro Sitio era ‘el’ sitio donde los que tienen y saben comer debían estar.
Muy alto, de bucles rubios y cuidado bigote, Emilio Pescheira era, en el decir de su socio, “la imagen corporal del negocio”. El daba las entrevistas en las revistas y las socialités acudían dateadas a hacer chupete los suspiros limeños, el postre que hasta hoy se impone como el preferido, a la par que exhalaban suspiros santiaguinos por el peruano Pescheira. “Es que cuando los peruanos son finos, sí que son finos”, comentaban.

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Mientras los restoranes peruanos se multiplican por el territorio nacional, los inmigrantes se concentran en la parroquia Italiana, cerca del parque Bustamante, donde funciona una bolsa de trabajo. Las mujeres ya saben que las dotes gastronómicas son un plus y se afanan en enumerar los manjares que son capaces de preparar ante la potencial patrona. Tener una nana con piel de canela, buen trato y mejor hablar, deja de ser una curiosidad y se convierte en la nueva tendencia en las casas chilenas, y no sólo en el barrio alto de Santiago.
Coincidentemente con la inmigración masiva y sostenida de peruanos a Chile, un joven limeño, hijo de un conocido político de ese país, empieza a ponerse a la cabeza del boom de la cocina de Perú a nivel mundial, y ahora hasta podría estar candidateándose a presidente en las próximas elecciones.

Gastón Acurio se formó como chef en Europa, se casó con la alemana Astrid y, luego de fundar el restorán Astrid y Gastón de cocina francesa, en el barrio Miraflores de Lima, se lanzó a rescatar la culinaria ancestral de su pueblo. En 1994 se instaló en la calle Antonio Bellet de Providencia. La casa pintada color ladrillo se convirtió en el top de Santiago, y fue la primera exportación de la cocina de Gastón Acurio.

Todo esto ha terminado de bendecir y de convencer a los reacios de que la cocina peruana está a la altura de la francesa o la italiana. Han pasado más de 20 años desde la llegada masiva de inmigrantes peruanos y en Santiago hay más de un centenar de restoranes dedicados ciento por ciento a esa especialidad. Desde los más conspicuos y onerosos, como La Mar, de Acurio, hasta los más modestos, pasando por algunos del tipo delivery, como los 16 Ají Seco que existen en Santiago, donde sobre mantel de plástico y junto a Incacolas de litro en las mesas, inmigrantes y chilenos dan cuenta del famoso y auténtico pollo a las brasas peruano. “Ustedes en Chile comen pollo a la grasa; nosotros, en cambio, inventamos el pollo a las brasas”.
La penetración de los manjares del vecino del norte también se hace evidente en la Vega Central, donde están todos los ingredientes que hacen falta para recrear acá lo de allá.
Aunque los que saben reconocen que con algunos preparados no ha habido caso. El anticucho de corazón, por ejemplo, en Chile se reproduce —desdramatizado— con filete. Como dijo Emilio Pescheira a una revista: “Hemos intentado con corazón, pero acá lo rechazan”.

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Hasta los supermercados hoy ofrecen góndolas especializadas donde se puede encontrar todo lo necesario, como la leche evaporada, clave para una dueña de casa peruana que en las despensas chilenas antes sólo existía para hacer bavarois. Como los ajíes variados, como el pisco (digámoslo) auténtico; o sea, peruano.

Este es un tema irritante, más para ellos que para nosotros. Los nacionalistas etílicos podrán sostener que el pisco es chileno, pero en el fondo saben que esa afirmación es una falacia. Pisco existe en Pisco desde antes de la llegada de Colón, y la palabra de origen quechua y que significa pájaro, refuerza la antigüedad y pertenencia del destilado homónimo. Pisco es un pueblo y una provincia del departamento de Ica y está en Perú desde mucho antes que al serenense Gabriel González Videla se le ocurriera fundar en el Valle de Elqui el pueblo Pisco Elqui. Fue una clásica viveza del chileno, que nos permitió contar con la certificación de origen del cotizado destilado.
Después de esta enumeración, y más allá de La Haya, ¿gana o no gana Chile con la
inmigración peruana?

Quedémonos con la sorprendente respuesta que dio el conocido escritor mexicano Héctor Aguilar Camín a una periodista chilena. Cuando ella le preguntó qué era lo que lo hacía volver una y otra vez a Santiago, Aguilar Camín respondió sin vacilar: “Su maravillosa comida peruana”. Y no es broma.

>Más información en: www.gastronomiaperu.com/gast_peruana.php

Gana junto a Havana Club y CARAS.CL

Posted on: January 31st, 2014 by Caras

Por primera vez Havana Club trae a Chile “Cultura Gráfica”, exposición itinerante de nivel mundial, que luego de su paso por París aterriza en nuestro país con el objetivo de dar a conocer toda la cultura y arte relacionada a Cuba.

La muestra tuvo su punto de partida en la Ciudad de Iquique el 16 de enero, luego recorrió Antofagasta y ahora circulará por La Serena y Valparaíso. El trabajo de selección de estas obras estuvo a cargo de la curadora francesa Natalie Seisser y la diseñadora Giselle Monzón, y se centra en conceptos de gran importancia como patriotismo, solidaridad y orgullo, entre otros.

CONCURSO: Queremos que te relajes este verano y disfrutes de un increíble ron Havana Club añejado. Para eso, tenemos tres botellas para regalar y una puede ser tuya.

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Sólo debes responder la siguiente pregunta, ¿Qué es lo que más te gusta del ron Havana Club? Las respuestas más creativas podrán ganar una botella como la que se ve en la imagen.

*Máximo tres líneas.
**Cierre del concurso, jueves 6 de febrero.

LOS GANADORES SON: 

- Renzo Biagini
- Cecilia Sepúlveda Hilliger
- Sara Valenzuela

¡Felicitaciones! Por favor, envíennos un email a caraschileonline@gmail.com con sus datos principales.

 

Hermanas de Trujillo: el secreto mejor guardado de Barrio Italia

Posted on: January 31st, 2014 by Flavia Achermann

Sábado, 13:00 horas, calor y nada en el refrigerador. La aventura por almorzar recién comienza. Parada en el kilómetro cero del hambre y con el humor casi en rojo, este fue el escenario que me llevó por casualidad a conocer un local de comida peruana con mención honrosa en pastelería y brownies.

Muchos no han querido revelar su dirección, ni otros detalles, pero hoy romperemos el silencio. Discreto y acogedor, Hermanas de Trujillo está lejos de ser el típico restaurant peruano con la típica ambientación de cuadros costumbristas y ladrillos a la vista. Gracias a su agradable ubicación y sorprendente carta de postres, se ha convertido en un hito de almuerzos, cenas y horas del té.

Pareciera no ser un local chileno ni tampoco el interior de una galería. Ubicado casi secretamente en Avenida Italia, esta pequeña cafetería es la responsable de los mejores sabores del sector y de nuestra capital, porque sus dulces son parte de la carta de algunos de los mejores restaurantes de Santiago.

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De atrás hacia delante y de lo dulce a lo salado. En este lugar no le tienen miedo a las combinaciones. No son rápidos ni furiosos, pero sí pausados y atrevidos. No sólo combinan diferentes ingredientes propios de Perú con otros más masivos y comunes, sino también toman el concepto de lo atípico y lo ponen en marcha logrando platos magistrales. Entre ellos se cuentan su extraordinaria lasaña de ají de gallina o el ceviche de la casa elaborado con abundantes colores e intensos aromas cítricos.

Sin embargo, la verdadera atención de los comensales se posa en sus atípicas empanadas dulces y gran oferta de brownies caseros. Entre ellos se cuentan el simple, doble chocolate, naranja al cointreau, tres leches, dulce de leche, chocolate blanco y lúcuma. Todos ellos en porciones para compartir.

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Otro de los must de Hermanas de Trujillo es que no sólo los postres fueron ideados para compartir, sino también su carta. Gracias a su servicio de comida a domicilio, es posible encontrar impecables y sobre todo muy sabrosas preparaciones frescas o congeladas para cantidad de ocho o diez personas.

Dirección: Avenida Italia 1206
Precio promedio por persona: 8.000

María Gracia Subercaseaux Amor sin prejuicios

Posted on: January 30th, 2014 by Lenka Carvallo

A primera vista María Gracia Subercaseaux no difiere mucho de la mujer que hace 15 años remeció a la sociedad de la época con sus autorretratos. El mismo cuerpo, pelo largo y mirada penetrante. Pero esa mujer que recortaba su figura entre luces y sombras y se mostraba desnuda sin ningún pudor —y que la hizo conocida dentro de la fotografía nacional—, sí ha cambiado. El tiempo, las inseguridades y las certezas, los encuentros y las rupturas, determinaron su historia y la convirtieron en una persona diferente, a años luz de la mujer que alguna vez fue.

“Tengo 43 años y a estas alturas confieso que he vivido y aprendido”, reconoce la fotógrafa instalada en el largo sofá de su departamento frente al parque Forestal. Lleva el pelo recogido y, fiel a su estilo, no usa nada de maquillaje, como si a través de ese gesto buscara mantener aquella limpieza visual que ha impreso en su obra.

Claro que a estas alturas la Subercaseaux —como se le conoce públicamente— o la Mary —como la llaman sus amigos— es mucho más que la fotógrafa que se formó en los estudios de Luis Poirot y que ya suma más de una decena de exposiciones y ha recorrido gran parte del mundo con su cámara a cuestas. También se ha convertido en una reconocida comunicadora: el pasado año condujo con éxito la tercera temporada de Mundo Ad Portas (Africa en 2010, Sudeste Asiático el 2011 y Medio Oriente el pasado año); además de Terruá, ambos en Canal 13 cable; y en la radio continúa al frente —junto a Rodrigo Guendelman— de Divertimento, su tribuna a la hora de defender algunos de los que declara como sus principios, entre ellos, la libertad. Libertad en el amplio sentido de la palabra y especialmente aplicada en el amor, un tema que la ha marcado a fuego y del que conversó largamente en esta entrevista con CARAS.
“Vivimos en un mundo muy estructurado, lleno de limitaciones; todo te lo han demarcado y tienes que seguir un cierto camino, ¡por qué! Me rebelo contra eso y en el amor también. Uno puede elegir de quién se enamora. Vengo de un colegio católico (el Villa María Academy), de un grupo bastante de elite y frente a todas esas estructuras en algún momento dije ¿y por qué?, ¿qué pasa si no? Esa ha sido mi bandera de lucha”.

María Gracia se casó joven y profundamente enamorada. Tuvo dos hijos (Pedro, de 16, y Augusta de 18 años) e inició un camino que no resultó fácil: “Me sentía muy insegura, probando, experimentando, buscando. Me confundí, no sabía para dónde iba y la inseguridad es muy arruinadora de relaciones…”, reconoce sobre un período en el que, como admite, aún no se descubría como ser humano. “Recién vine a conocerme mejor después de los 28 años, al final de mi matrimonio, una vez que encontré a la fotografía. A través de esta pasión que me arrebataba la vida me di cuenta de que yo también tenía talento y que podía entregar mucho”.

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Antes de que aprendiera a activar el obturador, María Gracia se comparaba siempre con el resto —sobre todo con su marido y sus amigos— y vivía con la permanente sensación de que todos eran mejores que ella. “No me atrevía a opinar; pensaba que podía equivocarme o decir una tontera. Hoy me da lo mismo y encuentro que equivocarse es maravilloso, pero era muy autoexigente; como fui muy aplicada en el colegio no me permitía cometer errores, pero me faltó nutrirme, leer más, y ya casada me encontré con ciertos personajes a los que admiraba y me sentía como un pollito al lado. Sólo después de la fotografía me atreví a decir lo que pensaba, empecé a quererme. Por eso les hago un homenaje tan grande a mis autorretratos. A través de ellos me constituí como ser humano, supe cuáles eran mis virtudes y defectos. La fotografía me dio un potencial tan grande que ahora siento que ya nada puede derribarme”.
El descubrimiento precipitó el fin de su matrimonio. “Me sentía tan disminuida, tan poco querida… Puede que hayan sido fantasías mías, fantasmas, pero en las rupturas matrimoniales siempre hay dos culpables y yo también aporté una gran cantidad de ingredientes. Si a lo mejor nos hubiésemos encontrado más adelante habríamos podido tener una mejor relación (reflexiona), pero yo no me había descubierto como ser humano y tampoco tenía muy claro mis límites, lo que te dificulta amar a otro más sanamente”.

—Luego vino su separación, muy expuesta, difícil, donde usted fue apuntada como la culpable de la ruptura.
—Siempre es necesario castigar a uno a pesar de que nunca se sabe todo lo que hubo detrás. Si yo hubiese tenido las herramientas habría podido salir más airosa, pero me equivoqué… Fui retratada como la mala, pero hay todo un proceso previo donde son dos los responsables. En mi caso, no supe resolver de forma adecuada mi relación de pareja, me confundí. Tengo el mayor respeto por todos los involucrados, pero a veces uno no sabe cómo salir adelante, cómo resolver ciertas situaciones y me arrepiento por el daño que le pude hacer a algunas personas. Uno aprende.

—Han pasado quince años y se nota que el tema aún le duele…

—Me frustra no haber podido manejar bien las cosas. Sientes que otra persona te está dando todo el amor que te hizo falta y eso te genera una ilusión enorme; y este cariño tan profundo, en un corazón que ha estado muy solo y debilitado, a veces te lleva a confundir los escenarios. Por supuesto que hoy resolvería todo de otra forma, pero no supe hacerlo.

A partir de ahí María Gracia inició, tal como en su fotografía, un período de contrastes, de claros pero sobre todo de oscuros. “Estuve muy triste… Después de la separación empecé a procesar todo lo que había vivido y fue doloroso. Por suerte tuve una terapia maravillosa que me sostuvo y me hizo crecer, entender, perdonarme. Pero lo que más me duele —insiste— es haber hecho sufrir a otras personas. No lo hice con intención, es sólo que no lo supe solucionar de otra manera”.
—¿Con los años no tuvo la posibilidad de conversar con esas personas?
—Sí, pero el daño ya estaba hecho y fue tan marcador… No queda otra que hacerte cargo, apechugar. Hay que seguir adelante y que las caídas sirvan de lección.

—¿Cómo la determinó esta historia en sus futuras relaciones de pareja?
—Por supuesto que es mucho más difícil, estás más protegida, porque un dolor tan grande y una caída tan fuerte, te sitúan en un espacio mucho más cauteloso, de más observación. Ya no quieres equivocarte, hacer daño, sino enmendar. Pero eso también te coarta y dejas pasar ciertas oportunidades sólo por temor y la sensación de que tal vez no mereces volver a enamorarte.

—Sin embargo, continuó la búsqueda.
—Es que nunca dejas de creer en el amor, una ilusión inherente al ser humano. Quieres enamorarte porque es una sensación muy rica. Y no me refiero sólo a sentir mariposas en el estómago, que es lo que pasa al principio, sino que entablar una relación de pareja, construir, compartir, tener una comunidad de destino donde toda tu historia, tu experiencia, lo que has hecho, cobra sentido. Pero el común de las personas no tiene esa suerte. Es casi una lotería.
Fueron años potentes, de mucha soledad, una oscuridad que contrastaba con un escenario de éxito, fama y flashes. “Tenía claro que lo único que debía hacer en ese minuto era trabajar; tenía que subsistir, hacerme un camino y fui tomando todas las oportunidades que fueron llegando. Así pude armarme un espacio en el que ya llevo más de 12 años trabajando como comunicadora. Es curioso (reflexiona), porque en lo laboral siempre supe lo que tenía que hacer, pero en el amor seguía dando tumbos”.

—¿En qué estaba su historia afectiva?

—Muy inestable. Después de un gran amor en la vida uno se demora muchos años en volver a mirar a alguien con esos mismos ojos. A mí me costó volver a abrir mi corazón.

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—Pero entretanto también tuvo algunas historias, como su relación de complicidad con Felipe Camiroaga.

—Fue un gran amigo, lo adoro, un precioso ser humano y tuve la suerte de conocerlo bien, de quererlo y de disfrutarlo. Me reí mucho con él. Además que lo encontraba brillante, con un sentido del humor que tiene muy poca gente. Y eso fue todo. Fuimos grandes amigos, pero nada más.

—También se enamoró de un inglés que iba a venir por usted a Chile, aunque la historia no resultó.
—Pero lo comido y lo bailado no me lo quita nadie (ríe). Si no prosperó, bueno, así es la vida.

—¿En algún momento pensó que podía quedarse sola?

—Lo que tampoco habría sido raro… Aunque siempre tuve ganas de ser feliz, y para mí la felicidad se encuentra con alguien que te acompañe, que te sostenga, alguien con quien reírte y pasar momentos ricos.

—Hasta que conoció a una persona muy especial de la cual se enamoró…

—He tenido muchas experiencias en la vida después de mi separación, con personas muy diversas, he creído y soy una ferviente creyente que uno se enamora de los seres humanos, no importa el género.

—¿Fue una mujer?
—No voy a hablar de eso. Sólo puedo decir que me enamoré de una persona maravillosa que nunca pensé que me fuera a enamorar y que me acompañó durante casi cuatro años. Nunca creí que se fuera a establecer una relación tan bonita. Muchas veces uno tiene ciertos prejuicios, de que estás buscando una cosa u otra, pero hay veces en que la vida te sorprende y te hace regalos inesperados que pueden ser fundamentales en tu vida.

—¿Se defendió o fue algo que fluyó naturalmente?
—Cuando uno se enamora no hay nada que pueda detenerlo. Por más que tengas contradicciones o temores, cuando crees en lo que sientes, entonces te aventuras. No todo el mundo se atreve, pero yo he sido valiente de vivir lo que he sentido y no tengo que dar explicaciones a nadie por eso. El amor es algo tan personal, tan privado, que de quien yo me enamore solamente me concierne a mí y lo que la gente quiera decir me da lo mismo. A lo mejor a los 20 me habría importado, pero hoy, a los 43, hace rato que dejó de afectarme.

—¿Tampoco en ese momento?

—Nunca. Mientras no digan que soy una delincuente o una ladrona. Pero si hablan de mí porque me enamoré de una cierta persona, o porque me desnudé o me equivoqué y terminé mi matrimonio de una manera que no fue la mejor, no tengo por qué dar explicaciones, sólo a los que están involucrados y nada más. No le estoy haciendo daño a nadie. La gente no tiene ni un derecho a meterse en la vida de los otros, ningún derecho a opinar sobre quién uno ama. Nunca nadie sabe realmente lo que hay en esos otros corazones, en esas otras historias. Hay que ser muy cuidadoso y tener suficiente respeto antes de aventurarse a comentar la vida de nadie.

—¿Cómo manejó esta relación de pareja a nivel social, familiar?
—Fui así (extiende la palma de su mano), esto es lo que hay y al que le guste bien y al que no, no.Wp-mARIA-450-3

—¿Tiene que ver con aperturas mentales también?
—Y con aprendizajes, con educación, con temores, porque nos han educado de cierta forma y la gente se rige mucho por lo aprendido y escucha poco a su corazón. Me rebelo contra las estructuras, contra las enseñanzas preestablecidas. El amor es libre. Uno puede elegir de quién se enamora. Mi máxima rebelión en la vida tiene que ver con estar en contra de las estructuras, del deber ser, con lo que nos han enseñado e inculcado desde que nacemos, de que la vida es de cierta forma y debes caminar por esta vereda y no por otra, pensar así y no asá. Una vez dije en la radio que si muero mi epitafio sea: confieso que he gozado. Porque no he dejado nada sin vivir. He oído mi sentir. ¿Cuánta gente reprime lo que siente, lo que desea, por temor a lo que vaya a decir el resto? De lo único que me siento orgullosa es de haber sido libre y haber inculcado en mis hijos también esa libertad, y tengo a los dos hijos más maravillosos del planeta.

—A pesar de que ellos han tenido a una madre muy poco convencional.
—Lo que comprueba que uno no tiene que ser la mamá típica para que tus hijos sean grandes personas. Con esto no estoy diciendo que yo sea fantástica, ¡son ellos los increíbles! Sanos, exquisitos, orgullosos de lo que hago. La Augusta (que este año entra a estudiar Medicina) ahora está en Haití, poniendo inyecciones a los enfermos, curando heridas, trabajando con niños con Sida, cuidando huérfanos.

Y en el acto reconoce:
—Sí, he sido una mamá muy atípica, pero en la mesa de mi casa se hablan todos los temas, no hay asuntos prohibidos. He sido un libro abierto con ellos y les he explicado qué ha significado cada momento de mi vida y por qué he actuado como lo he hecho, por qué se han ido desarrollando esas historias en mi vida. Creo profundamente en la honestidad y en la libertad de acción, por eso soy una defensora de todos los derechos que tengan que ver con las libertades individuales, porque nos han castrado, estamos inmersos en una sociedad tan estrecha de mente. Mira la UDI o todo lo que está pasando dentro de RN, es como estar viviendo en la Edad Media. O sea, no tener AVP, no tener matrimonio igualitario, que no exista una ley de aborto. Yo amo a los niños, a las guaguas, pero no se puede penalizar el aborto, es tapar el sol con un dedo. Hay tantas cosas que están tan mal concebidas, partiendo con de quien uno se enamora. ¡por qué!, ¡hasta cuándo! Porqué los padres tienen que inculcarles a sus hijos de chicos que tienen que enamorarse de una niñita, ¿y si se enamora de un niño? Imagínate el conflicto para ese pobre. Uno tiene que enamorarse de quién siente, y así he educado a mis hijos, que son libres de expresar su amor y que nadie puede decidir por ellos. Cuando uno se siente enamorados de una persona, ¿por qué lo van a reprimir? Si el amor es algo bueno.

—Aunque muchas veces la sociedad censura, castiga.
—Entonces que cambie la sociedad. Uno no tiene por qué esconderse.

—Hay mujeres que pueden perder a sus hijos por tener una opción sexual diferente. Arriesgan un costo muy alto.

—Pero eso va a acabar y las mujeres y los hombres homosexuales van a tener libertades plenas, tal como hoy las tienen los heterosexuales: ambos debieran acceder a los mismos derechos y deberes. Pero tengo confianza en que este país está cambiando a pasos agigantados y que el solo hecho de que el pueblo se manifieste está generando movimientos más profundos. Mira lo que está pasando con la educación. En todos los aspectos la gente se está manifestando, exigiendo. Debemos aunar fuerzas para que cada uno sea feliz como lo siente. Mientras no le hagas daño a nadie, tienes derecho a hacer lo que quieras. ¿Cuántos errores se han cometido por temor, por falta de libertad, por miedo a ser condenado socialmente? ¿Y qué pasa si te condenan, no te van a invitar a esa comida? ¡Yo no quiero ir a esa comida!, no quiero ver a esa gente, no me interesa. La gente que yo frecuento se preocupa de otras cosas; tienen pasiones, ideales, viven la vida según lo que sienten y no según lo que hacen los demás.

Hoy María Gracia lleva nueve meses con el arquitecto Marcial Cortés -Monroy, con quien eran amigos de hace tiempo. “Después de un rato sola, estoy feliz. Viviendo una relación exquisita, tranquila, plácida, construyendo. Uno siempre quiere vivir en pareja y yo nunca perdí la ilusión”.

—Con Marcial se conocían hace tiempo.

—Sí, montones de años. Pero en el amor tiene que existir sincronía y justo coincidió con que los dos estábamos solteros.

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—¿Antes se había fijado en él?

—Siempre me pareció muy atractivo pero no me pescaba; cada uno estaba haciendo su vida, con otras parejas. Hasta que nos encontramos los dos solteros y nos miramos de una manera distinta. Ahora estoy feliz, entregada al momento.

—¿Cómo es el amor hoy, después de todo lo que ha vivido?

—Mucho más templado, calmo; ya no hay grandes euforias ni inseguridades; sabes perfectamente quién eres, cuáles son tus limitaciones y virtudes. Esto es lo que hay y por lo mismo es mucho más rico, vas disfrutando del camino. No hay ansiedad. Ya fuiste mamá, formaste un matrimonio, y ahora los dos están para acompañarse, pasarlo bien, darse amor, disfrutar la vida y es exquisito.

—Aunque también hay miedo a sufrir, a dejarse acompañar porque se es más autónomo…

—Estás más protegida, pero cuando la otra persona es honesta y abre su corazón, tú también lo haces. Tienes más claros tus límites, las cosas se dicen, no hay pasadas de cuenta. El amor es lejos mejor a esta edad. Puedes construir desde un espacio muy rico; no dependes de nadie para vivir y hay más libertad. Se ven cuando realmente quieren encontrarse y no por obligación. Pueden pasar muchos días juntos, salir de viaje, pero es rico tener un espacio donde puedas optar por tu soledad, donde puedas leer, cruzarte en tu cama si quieres. Y eso no se contradice con el amor, al contrario, lo engrandece.

—Debe haber sido un regalo encontrarse un hombre que no le tiene miedo.

—No soy una mujer fácil de querer; he sido tan libre, he hecho lo que se me ha dado la gana, he amado a las personas que he querido, con todo lo que eso conlleva: que a veces hablen de mí o que me teman. Por eso me parece tan valiente y bonito que haya alguien a quien yo le guste y que haya querido seducirme, quererme. Me genera una emoción profunda. Hubo momentos en que pensé que iba a ser difícil que alguien se atreviera a estar conmigo.

—¿Se terminaron los miedos?

—¿Qué saco con tener temor si me puedo morir mañana? La vida es así. Hoy me siento feliz, todos los costos, sufrimientos y dificultades de la vida han dado muchos frutos, y estoy en paz con mi pasado, con mis errores, he pedido perdón y estoy dispuesta a lo que venga, con los brazos abiertos. Me siento bien parada en la tierra

Max Colodro: “Bachelet es como una emperatriz prisionera de su popularidad”

Posted on: January 30th, 2014 by Rocío Montes

El 24 de enero, el analista Max Colodro (Santiago, 1967) escuchó por la radio a la Presidenta electa, Michelle Bachelet, anunciando el gabinete que la acompañará en su segunda administración. Sociólogo de la Universidad de Chile, Doctor en Filosofía de la Católica, académico de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez y una de las principales voces de la nueva camada de columnistas políticos, mientras manejaba su automóvil pensó que la Presidenta electa estaba siendo consecuente con lo que han sido convicciones desde que volvió a Chile: “Sabe que el gran capital político de la oposición es su liderazgo personal y carismático y que es ella, más que el conjunto de partidos que la apoyan, la que tiene el peso y la impronta”.

Colodro conoce las entrañas de la centroizquierda. Militó en el Partido Comunista desde los 16 años, pero a comienzos de los 90 dejó la colectividad. El mismo camino había tomado su padre Marco, empresario y uno de los amigos y asesores más cercanos del ex Presidente Ricardo Lagos.

—¿Usted trataba de tío a Lagos?
—A Lagos le carga y hasta su señora lo trata de usted. Es muy difícil no decirle usted.

Max Colodro analiza la nominación de Bachelet y concluye que es un gabinete alter ego. “La Presidenta electa parece pensar: ‘El eje articulador del poder soy yo. Este no es un gobierno de la Nueva Mayoría, sino un gobierno de Michelle Bachelet. Por lo tanto, este gabinete tiene que representarme a mí más que a quienes me acompañan. Más que a las colectividades y a la heterogeneidad del mundo político que está a mi lado en esta segunda aventura presidencial. El factor que hace la diferencia es mi propio liderazgo personal y, por lo tanto, es eso lo que se va a expresar en este primer diseño de gobierno’”.

—Los personalismos, y lo ha demostrado la historia, casi siempre resultan peligrosos.
—Es uno de los dramas de la historia política de América Latina, sobre todo el siglo XX: el fenómeno de los caudillismos. Perón en Argentina, Alvarado en Perú, Allende y Pinochet en Chile, Castro en Cuba.

—¿Fue arriesgada la apuesta de Bachelet con su gabinete?
—El diseño tiene riesgos políticos importantes. El más evidente de todos, poner de ministro del Interior a una persona de su exclusiva confianza, Rodrigo Peñailillo, que si bien es el dirigente más cercano a Bachelet en el escenario actual, tiene un déficit importante: su poca experiencia política. Es muy joven –tiene 39 años-, pocas redes y escasa interlocución con el mundo parlamentario. Alguien bromeaba en Twitter: el día de los nombramientos fue la primera vez que le pudimos escuchar la voz. Es decir, no ha sido protagonista de la escena política en Chile y ha tenido más bien un papel de segunda línea, de asesor en las sombras, de una persona que acompaña desde atrás. Y eso es un riesgo: el cargo de ministro del Interior supone una impronta de fuerza.

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—Rodrigo Hinzpeter lo demostró como jefe de gabinete: tener la confianza incondicional del Presidente no garantiza una buena coordinación ni un buen gobierno.
—Piñera puso a una persona muy cercana a él en lo personal, de mucha complicidad, pero que no tenía tampoco las capacidades de conducción política que se requerían para ser el articulador del gobierno. Y la gran duda es si Rodrigo Peñailillo tiene efectivamente las cualidades para ser el gran conductor del Ejecutivo en un momento en el que los principales desafíos van a ser políticos. Una reforma tributaria, un cambio de Constitución y del sistema electoral, una reforma al sistema educacional completo y, eventualmente, algunas transformaciones en el tema previsional. Es decir, todas reformas estructurales de envergadura que van a requerir conducción política y articulación.

—¿Era necesario una especie de pánzer, como lo fue José Miguel Insulza durante la administración de Lagos?
—Yo creo que para las circunstancias que vienen en Chile, Bachelet habría necesitado uno. Era mucho mejor tener a un pánzer que a un secretario privado, que es lo que ella eligió para el Ministerio del Interior.

—Las nominaciones de los ministros anticipan la dirección de un gobierno, pero también revelan características políticas y personales del Presidente que lo lleva a cabo. ¿En qué ha cambiado Bachelet?
—Bachelet ha acentuado su distancia y su desconfianza con el mundo político partidario. En su anterior gobierno, tuvo que hacer ciertas concesiones políticas a la Concertación porque estaba en otras circunstancias. En 2006 había más equilibrio entre las fuerzas políticas del bloque, que llevaba gobernando tres períodos, y su liderazgo personal. Pero las cosas han cambiado: se trata de una coalición que habría tenido posibilidades muy bajas de volver al poder si es que la candidata no hubiese sido ella. Por lo tanto, todo el desequilibrio está puesto a su favor. Bachelet se siente con mayor libertad y autonomía para poder armar un gabinete en función de lo que deben ser las transformaciones que el país requiere a partir de marzo.

—¿Qué le parece el triunvirato que conforman Bachelet, Peñailillo y Arenas?
—Efectivamente, se ha conformado un triunvirato entre Michelle Bachelet y sus dos asesores más cercanos. El eje que se constituye entre ella, Rodrigo Peñailillo y Alberto Arenas va a ser impenetrable. Todo el resto de los actores y de los ministros que pasarán a ser parte de este gabinete no van a tener mucho más que hacer salvo que responder políticamente a las decisiones que se tomen con una lógica muy hermética, como ha sido tradicional en Bachelet durante las campañas y su primer gobierno. Eso es algo que también se ha exacerbado: el secretismo en la manera en cómo se procesan y se toman las decisiones.

—¿Cree que se ha acrecentado el hermetismo?
—Es un fenómeno que ha ido fortaleciéndose, profundizándose. La toma de decisiones se realiza en un círculo muy hermético que transparenta muy poco y que solamente informa de las resoluciones que están tomadas. Es un sector que habla a nombre de Bachelet y que efectivamente tiene autoridad para actuar en su nombre. Es la gran virtud de Rodrigo Peñailillo: todo el mundo sabe que la representa y que no tiene agenda personal. Pero lo que expresa este nivel de secretismo es una profunda desconfianza hacia la institucionalidad política –los representantes, los cargos, las atribuciones- y por lo tanto su toma de decisiones opera por un camino puramente fáctico.

—Bachelet nunca perteneció al establishment de la Concertación.
—Nunca fue parte de ese círculo ni querida por ese mundo que, recordemos, puso mucha resistencia a su primera candidatura. Las desconfianzas se mantienen, entre otras cosas porque los actores siguen siendo los mismos. La gran diferencia es que el establishment está tremendamente debilitado frente al poder que ella encarna.

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—Llama la atención que tampoco haya incluido en su gabinete a dirigentes como Camilo Escalona, que desde el inicio de su carrera política y hasta hace poco fue su principal escudero.
—Bachelet fue la ahijada de una Concertación masculina y ella, con este gabinete, terminó de romper efectivamente el cordón umbilical con ese mundo del cual fue una criatura, pero una criatura que siempre trató de tomar distancia y demostrar independencia política. Durante la campaña, y sobre todo con la nominación de sus ministros, la Presidenta electa corta los nexos con el mundo masculino que fue dominante en la Concertación durante los últimos veinte años. Y sucedió con Escalona, pero también con Lagos.

—¿Con Lagos?
—Ella fue ministra de Lagos y, por lo tanto, fue una hija de Lagos. Pero Bachelet ha ido tomando una distancia política muy fuerte respecto del ex Presidente, que no jugó ni un papel durante toda la campaña. Eso no es una cuestión casual. Hay efectivamente una decisión de parte de Bachelet de romper vínculos con ese mundo masculino, patriarcal y autoritario que está representado por estos liderazgos tan fuertes como el de Lagos y el del propio José Miguel Insulza, por ejemplo.

—La mala relación de Bachelet con los partidos de la Concertación marcó su primer gobierno y eso no terminó de buena forma: el sector perdió el poder en manos de la derecha después de 20 años. ¿Se repite el modelo?
—La pregunta es cómo Bachelet va a apostar a la continuidad de su gobierno. Pero las decisiones que puedan empezar a garantizar la posibilidad de la continuidad todavía no se ven. Lo que se observa más bien es una concentración de todo el poder y de toda la fuerza en su liderazgo personal y este hoy día tiene fecha de término: 11 de marzo de 2018.

—Cuesta pensar que la relación entre Bachelet y las colectividades de la Nueva Mayoría se mantenga como hasta ahora: sin críticas ni grandes disidencias.
—La incondicionalidad que los partidos han manifestado al liderazgo de Bachelet y a la manera en que ella toma decisiones está basada única y exclusivamente en el respaldo y la aprobación ciudadana que tiene la Presidenta electa. En la medida en que ese apoyo se debilite, la relación con su coalición comenzará a tensionarse. Bachelet es como una emperatriz prisionera de su popularidad: todo su poder se basa en los números de aprobación que ella muestra en las encuestas. Ella no representa un poder institucional, orgánico e histórico, sino carisma con niveles altísimos de respaldo y de aprobación ciudadana.

—¿Dice que estará presa de las encuestas?
—Para ella una variable central en la toma de decisiones va a ser el efecto que esas decisiones tengan sobre su popularidad. En la medida en que esa popularidad empiece a perderse, lo que Bachelet representa, desaparece.

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—¿No existe el bacheletismo?
—El bacheletismo es única y exclusivamente la confianza que un sector importante de la ciudadanía deposita en las transformaciones que la Presidenta ha ofrecido al país.

—No es poco.
—Sin duda, de hecho es todo lo que existe hoy día. Todo lo que hay es la confianza de un sector de la población en que la Presidenta va a poder cumplir su programa.

—El laguismo, que usted conoce bien, era otra cosa.
—El bacheletismo tiene menos sofisticación intelectual que el laguismo. Bachelet representa una aproximación más intuitiva, más emocional, más horizontal con la ciudadanía. Y el liderazgo de Lagos estaba basado mucho más en el peso de las instituciones y en el valor de las ideas.